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Módulo 04 · Adolescentes, conducta y autonomía

Consumo de drogas y alcohol

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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Consumo de drogas y alcohol

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Consumo de drogas y alcohol

Módulo 04 · Conducta adolescente y autonomía · Artículo 21 · Wave 3 · 13+


Se lo oliste en la sudadera cuando lavabas la ropa. No te lo esperabas. O notaste algo raro en sus ojos cuando llegó el sábado pasado y quiso irse directo a su cuarto. O el papá de alguien te escribió para contarte lo que pasó en la fiesta. O encontraste algo en su mochila que no tenía por qué traer.

Este artículo retoma donde quedó el artículo 10 de este módulo. El artículo 10 trataba de las horas sin supervisión y del marco general de la adolescencia. Este trata específicamente del consumo de sustancias. Alcohol, cannabis y el panorama más amplio de las drogas recreativas. Desde la primera vez que pasa, hasta el patrón que se ha ido formando durante meses, hasta la situación que ya se volvió seria.

En una familia que vive en dos casas, el consumo de sustancias pide atención especial. Ambas casas tienen que estar al tanto. Las dos casas tienen que manejarlo igual. El adolescente que en este terreno puede poner a una casa contra la otra es el que corre más riesgo.

El espectro

El consumo de sustancias en la adolescencia no es una sola cosa. Es un espectro. Algunos adolescentes nunca prueban nada. Muchos prueban algo una o dos veces. Algunos desarrollan un consumo regular. Un grupo más pequeño desarrolla un consumo problemático que afecta su vida diaria. Unos cuantos desarrollan patrones más serios que necesitan intervención clínica.

La respuesta de quien cría depende, en parte, de dónde está tu adolescente dentro de ese espectro. La respuesta a un experimento de una sola vez en una fiesta es distinta de la respuesta a un consumo semanal que ya se volvió rutina. La respuesta al consumo semanal es distinta de la respuesta al consumo diario que está afectando la escuela, el ánimo y a la familia. La respuesta al consumo diario es distinta de la respuesta a una adicción clara o a patrones peligrosos de mezcla.

Parte del trabajo para ti es averiguar, con calma, dónde está realmente tu adolescente dentro del espectro. Esto no siempre es obvio. Los adolescentes esconden el consumo. Quienes crían lo sobrestiman o lo subestiman. En la otra casa pueden estar viendo algo distinto de lo que ves tú.

Qué están consumiendo de verdad los adolescentes

Una nota corta, a grandes rasgos.

Lo específico cambia según el país, la comunidad, el grupo de amigos, el año. El panorama general, en la mayoría de los lugares, incluye:

Alcohol, en distintas formas, a menudo la sustancia más común con la que se topan.

Cannabis, en distintas formas y cada vez más fácil de conseguir en algunos lugares. Los patrones de consumo varían mucho.

Vapeo (nicotina y, cada vez más, otras sustancias), hoy muy común en muchos ambientes adolescentes.

Una gama más amplia de drogas recreativas que aparecen en ciertos entornos (fiestas, eventos de música, grupos de amigos específicos). Algunas se consiguen con facilidad; otras no. Algunas son mucho más peligrosas que otras.

Medicamentos de receta usados de forma recreativa, incluidos los que se toman de algún familiar.

Este artículo no nombra sustancias específicas en detalle. Nombrarlas no ayuda a la respuesta de quien cría, y en cualquier artículo existe el riesgo de que enlistar lo específico funcione como una guía en lugar de como contexto. Lo que importa más es cómo aborda la familia el terreno en general.

La primera vez que sabes que algo pasó

La primera vez que te enteras de que tu adolescente consumió algo, tu respuesta marca lo que viene después. Algunos patrones.

No armes el pleito a las 2 de la mañana. Si llega a casa afectado, llévalo a la cama a salvo. Asegúrate de que esté bien físicamente. Agua junto a la cama. De lado. Échale un ojo en silencio. La conversación es en la mañana.

No lo conviertas en una tragedia en el momento de descubrirlo. Un primer experimento es, estadísticamente, lo que hacen casi todos los adolescentes en algún momento. Tratarlo como una catástrofe le enseña que en el futuro no te puede contar nada.

No lo ignores. El error contrario. Hacer como si no hubiera pasado, esperar que haya sido cosa de una vez, no tener ninguna conversación. El adolescente lee el silencio como permiso. Tiene que haber una conversación, con calma y clara.

Ten una sola conversación tranquila, no una serie de pequeñas. Siéntense. Dile lo que sabes. Escucha. Pregúntale qué pasó. Escucha más. Habla de lo que te preocupa y por qué. Habla de los límites de la familia sobre el consumo. Sé claro con lo que no se negocia (no manejar habiendo bebido, no estar con desconocidos estando afectado, no mezclar sustancias). Termina diciéndole que lo quieres.

Pon al tanto a la otra casa. Pronto. A las pocas horas de la conversación con tu adolescente. En la otra casa necesitan saberlo. Las dos casas tienen que manejarlo igual.

No lo castigues seis meses. Respuesta proporcionada. Si pasó algo que rompió la confianza (mentir sobre dónde estaba, romper una regla clara de la familia), una consecuencia pequeña es lo apropiado. Las consecuencias desproporcionadas crean conductas escondidas, no conductas que cambian.

Las señales que sugieren algo más

El primer experimento es una cosa. El patrón que se repite es otra. Algunas señales de que el panorama cambió.

Las señales que ves cada vez más seguido. El olor. Los ojos. La hora tan tarde. La fama que el grupo de amigos va acumulando. Que tu adolescente llegue afectado una y otra vez.

Su vida del día a día cambió de maneras que se notan. Menos enganche con la escuela. Cambios en el sueño. Un ánimo apagado o más duro. Dinero o cosas que desaparecen. Distancia de las actividades familiares de las que antes era parte.

Tu adolescente se puso a la defensiva de una forma nueva. Antes era honesto; ahora es evasivo. Antes era abierto sobre el grupo de amigos; ahora se cierra. Antes no le importaba que supieras dónde estaba; ahora lo esconde.

El patrón general del grupo de amigos cambió. Todo el grupo está en otro lugar respecto a las sustancias. Tu adolescente va por ahí, junto con ellos.

Estás encontrando cosas, más de una vez. Objetos en el cuarto. Olores que no olías hace un año. Versiones que no cuadran.

Tu adolescente empieza a tomar decisiones que no habrías esperado de él. Dejar cosas que antes valoraba. Manejar cuando no debería. Meterse en situaciones que no son seguras.

Cuando varias de estas están presentes, la situación pasó de primer experimento a patrón. La respuesta es más grande.

La conversación cuando el patrón es real

Cuando te toca tener la conversación más grande, algunos patrones ayudan.

Escoge el momento. No cuando esté afectado. No cuando estés furioso. Un domingo tranquilo en la mañana. Un rato en el carro. Una caminata. Una noche calmada cuando no esté pasando nada más.

Sé claro sobre lo que viste. Concreto. De hechos. Tres veces en los últimos dos meses llegaste a casa con X. Dos veces encontramos Y en tu cuarto. Tus calificaciones bajaron en dos materias. Tu sueño es distinto. No generalices. No moralices.

No empieces por el castigo. Empieza por la preocupación. Estoy preocupado. Háblame. ¿Qué está pasando? El castigo, si lo hay, viene después de entender.

Escucha, más de lo que te resulte cómodo. Tu adolescente puede no decir nada. Puede dar una respuesta cortita. Puede que, tarde o temprano, diga algo más honesto. No te apures a pasar por encima de los silencios.

Averigua para qué le sirve el consumo. Casi todo el consumo adolescente, más allá del social y casual, está sirviendo para algo. Ansiedad. Sueño. Un grupo de amigos. Una forma de sentir algo, o de sentir menos algo. Un duelo. Una relación. La presión de la escuela. Sea lo que sea, el consumo va a seguir hasta que se atienda eso de fondo. Averigua, con suavidad, para qué es.

Habla de las cosas concretas que más te preocupan. No todo el consumo es igual de riesgoso. Mezclar alcohol con otras sustancias. Consumir a solas. Consumir seguido cuando el ánimo está bajo. Manejar. Lugares donde queda vulnerable. Sé claro con los límites y con por qué importan.

Habla de lo que no se negocia. No manejar. No estar a solas estando afectado. Llámanos si algo salió mal, sin preguntas. El teléfono siempre se contesta. Siempre hay dinero para volver a casa. Esto no cambia porque esté consumiendo algo.

No intentes resolverlo en una sola conversación. Esto es el principio de un proceso más largo. Deja espacio para las siguientes conversaciones. No esperes que todo se resuelva esta noche.

Pon al tanto a la otra casa enseguida después. Las dos casas tienen que estar coordinadas. El adolescente que sabe que en ambas casas están en sintonía tiene menos margen para maniobrar.

Cuándo buscar ayuda profesional

Algunas señales de que la situación ya rebasó a la familia.

La vida diaria de tu adolescente está afectada de forma importante. La escuela se cae. Los amigos se caen. Las relaciones familiares se caen. La sustancia se está volviendo el centro.

Tu adolescente intentó parar y no puede. Esta es una señal específica. Es parte de lo que define a una adicción. Si tu adolescente ha querido bajarle y, durante semanas, no ha podido, esto ya es terreno profesional.

Hay señales de deterioro físico o de salud mental ligadas al consumo. Sueño. Apetito. Ánimo. Memoria. Concentración. Síntomas físicos.

Se está mezclando con otros patrones preocupantes. Problemas de salud mental. Autolesiones. Problemas con la comida. Pensamientos suicidas. El consumo combinado con cualquiera de estos vuelve el panorama más serio.

Hubo un incidente grave. Una hospitalización. La intervención de la policía. Un momento peligroso. Una sobredosis, aunque haya sido pequeña.

El patrón general del grupo de amigos es preocupante. Varios compañeros en problemas. Una comunidad específica donde el consumo peligroso se ve como normal.

Cuando cualquiera de estas está presente, busca apoyo profesional. El médico, la persona de orientación en la escuela, un servicio especializado en consumo de sustancias en adolescentes. En México hay rutas como los Centros de Integración Juvenil y la Línea de la Vida (800 911 2000), de CONADIC, para orientación sobre consumo de sustancias. Entre más temprano sea la intervención, mejor.

La dimensión de la otra casa, en concreto

Algunos patrones.

Las dos casas tienen que manejarlo igual. Las mismas reglas. Las mismas conversaciones. Las mismas respuestas a incidentes concretos. El adolescente que pone a una casa contra la otra es el que corre más riesgo.

Mantengan la plática a lo largo del periodo. No solo cuando hay una crisis. El reporte de cada semana. El mensaje después de un fin de semana difícil. El acuerdo sobre qué sigue.

No culpes a la otra casa. Aunque sospeches que algo de allá contribuyó (la pareja que bebe, el hermano más grande, el grupo de amigos de ese rumbo), no abras con eso. La conversación no llega a ningún lado como acusación. Tal vez más adelante haya momento de ver juntos qué está aportando el entorno más amplio.

Si en la otra casa están consumiendo sustancias de una forma preocupante. Esa es su propia situación. El Módulo 17 (Cuando el papá o la mamá de tu peque no está bien) de esta biblioteca lo trata. La seguridad de tu adolescente tiene que estar en el centro.

Coordinen juntos la parte profesional. Las dos personas en las reuniones, cuando se pueda. Las dos al tanto de lo que el equipo recomienda. Las dos casas aplicando el mismo enfoque.

Si tú y la otra casa no están de acuerdo sobre qué tan serio es. Esto es común. Una casa piensa que es una etapa. La otra piensa que es serio. Busquen una tercera opinión. El médico. Una persona especializada. No dejen que el desacuerdo se vuelva, en sí mismo, otra fuente de estrés para tu adolescente.

Si en la otra casa no quieren involucrarse, o de plano no ayudan. Esto pasa. La casa que sí sostiene tiene que hacer más. Busca apoyo profesional para ti y para tu adolescente. La participación del equipo importa más, no menos, en estos casos.

Reducción de daños, en breve

Este es un terreno en disputa. Una nota corta.

Algunos adolescentes, a pesar de los límites de la familia, van a seguir consumiendo. El enfoque de reducción de daños reconoce esto y busca mantener al adolescente más seguro dentro de esa realidad. No es lo mismo que aprobar el consumo; es reconocer que, a veces, la alternativa a reducir el daño es el daño.

Cosas prácticas que aparecen en las conversaciones de reducción de daños:

  • Saber qué estás tomando (no tomar cosas que no conoces).
  • No mezclar sustancias.
  • No consumir a solas, sobre todo la primera vez.
  • Saber reconocer las primeras señales de que alguien necesita ayuda.
  • Poder pedir ayuda sin miedo.
  • Tener siempre cómo volver a casa desde cualquier lado.

Estas conversaciones son incómodas. También son realistas. Casi ningún adolescente ha recibido información útil de nadie más; la familia que puede dar información de hechos desde un lugar de cariño está ofreciendo algo que casi ningún adolescente recibe. La conversación sin juicios no normaliza; prepara.

Esto es para que quienes crían lo piensen y decidan qué funciona para su familia. En la otra casa tienen que ser parte de la conversación. Tu adolescente, cuando sea apropiado, también es parte.

Qué es esto, a largo plazo

Una reflexión corta.

La mayoría del consumo adolescente no se convierte en una dificultad de por vida. La mayoría de los adolescentes, a lo largo de los años de experimentar, se asientan en patrones adultos que están dentro de rangos manejables, o lo dejan por completo. Algunos desarrollan patrones permanentes que hay que manejar. Un grupo más pequeño desarrolla problemas serios.

Lo que anticipa buenos resultados: una familia que está en calma y bien informada, las dos casas en sintonía, ayuda profesional cuando hace falta, que se atiendan las causas de fondo del consumo, que tu adolescente tenga adultos estables que sigan apareciendo, que el patrón del grupo de amigos vaya, con el tiempo, hacia un lugar más sano.

Lo que anticipa resultados más difíciles: reglas rígidas sin conversación, quienes crían enfrentados, de modo que el adolescente pone a una casa contra la otra, problemas de salud mental sin atender por debajo, aislamiento del apoyo profesional, un grupo de amigos que sigue subiéndole.

Tú y la otra casa están haciendo esto juntos. El terreno del consumo de sustancias es de los más difíciles de la adolescencia. Salir de él con tu adolescente más o menos entero, con la relación intacta y con un camino a la adultez que sea viable, es trabajo de verdad. Tú puedes.

Para cerrar

Tres meses después de la conversación más grande. Lleva seis semanas viendo a una persona de orientación. En la otra casa han sido constantes. Tú has sido constante. Hubo dos incidentes más, pero más pequeños; los dos se platicaron en la mañana, los dos llevaron a la siguiente conversación en lugar de a la misma de siempre.

Esta noche está en casa. Está en la mesa de la cocina haciendo tarea. Ya cenó. Se va a dormir en una hora. Esta noche no está consumiendo. No lo ha hecho, hasta donde sabes, en dos semanas.

No le estás preguntando por eso. No preguntas todos los días. Una vez por semana, quizá, en un momento tranquilo, le preguntas cómo va en general. Te da una respuesta cortita. La aceptas.

Mañana le toca la otra casa. Allá tienen el mismo enfoque. Le escribes a su mamá: Cenó conmigo, ya casi se va a dormir. Noche tranquila. Te contesta: Qué bien. Orientación el jueves. Yo lo llevo.

Ese es el ritmo. El camino es real. Lento. Va funcionando. Tú y la otra casa están en sintonía. Tu adolescente lo va resolviendo, con piso firme debajo. Sea cual sea la sustancia, sea cual sea el patrón, la respuesta es la misma: la familia es la estructura que sostiene el cambio.

Va a estar bien. No necesariamente el mes que viene. Probablemente este año, si el trabajo sigue. Sigue adelante.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.