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Módulo 10 · Salud y medicación

La plática de la pubertad entre las dos casas

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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La plática de la pubertad entre las dos casas

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

La plática de la pubertad entre las dos casas

Módulo 10 · Salud y medicación · Artículo 10 · Wave 2 · 8-12 / 13-17


Tu peque tiene nueve años y medio. El fin de semana pasado, mientras guardaba la ropa limpia, tu hija sacó un top deportivo que encontró en el cajón de su hermana y preguntó: ¿Cuándo me toca uno de estos a mí?

Le contestaste algo acorde a su edad. Pareció quedar satisfecha. La plática siguió su curso. Pero ya en la noche te quedaste pensando: ¿ya habrá tenido esta plática en la otra casa? ¿Qué le habrán dicho? ¿Le están dando la misma información o dos versiones distintas? Y cuando llegue la próxima pregunta, porque va a llegar, ¿la respondes tú o esperas a que estén los dos presentes?

Este artículo es para los próximos años de esas preguntas.

De qué trata este artículo

El principio es este. La pubertad es una de las pocas etapas del desarrollo que dura lo suficiente como para abarcar varios ciclos de crianza compartida, y es lo bastante íntima como para que el niño note las pequeñas diferencias entre las dos casas. El trabajo no es tener una sola plática perfectamente sincronizada. El trabajo es construir, con el tiempo, la certeza de que ambas casas son fuentes confiables para estas pláticas, de que tu peque puede preguntarle a cualquiera de los dos sin angustiarse por a quién acudir, y de que la información de las dos casas se suma en lugar de contradecirse.

El artículo cubre cuatro cosas. Quién explica qué, y cuándo. La plática para ponerse de acuerdo entre las dos casas. Los temas concretos y cómo manejarlos. Y los casos más difíciles, cuando hay un desacuerdo de verdad.

El artículo está escrito para quienes crían hijos de entre 8 y 17 años, más o menos. Los temas concretos cambian con la edad; el trabajo de fondo es parecido en todo ese rango.

Quién explica qué, y cuándo

Lo de siempre ha sido esto: el papá o la mamá del mismo sexo se encarga de la información de la pubertad de ese mismo sexo. La mamá explica la menstruación; el papá explica las erecciones y la eyaculación. Eso todavía sirve, en parte por la comodidad, en parte por la experiencia vivida. Pero no es toda la respuesta.

Tres cosas que hay que agregar.

Las dos casas necesitan poder platicar de los dos cuerpos. Una hija que pasa una semana con su papá necesita sentir que su papá puede responder preguntas sobre su cuerpo, con calma y con precisión, sin mandar todo de regreso con su mamá. Un hijo en casa de su mamá necesita lo mismo. Que de costumbre lleve la batuta quien es del mismo sexo no libera a la otra casa de estar bien informada y de ser alguien a quien sí se le puede preguntar.

Tu peque decide con quién quiere platicar. Los niños eligen a quien les da más confianza para cada plática. Puede que elijan distinto según el tema. Puede que no elijan a quien tú esperarías. El trabajo de quien recibe la pregunta es manejar bien la plática, no redirigirla. Mandarla para otro lado (eso pregúntaselo a tu mamá) transmite incomodidad y cierra la conversación.

Los papás del mismo sexo no siempre están. Muchas familias que crían en dos casas no tienen un papá y una mamá de sexos distintos. Hay dos mamás, dos papás, quienes crían solos, personas cuya relación con el género no entra en un molde sencillo. El artículo usa mamá/papá en algunas partes por cómo se suele describir la plática de la pubertad, no porque sea la única manera de armar una familia. Lo de fondo se sostiene en cualquier configuración.

La plática para ponerse de acuerdo

Cuando tu peque se acerca a los años de la pubertad (por lo general 8 o 9 para las primeras señales; 10 a 12 para el grueso del cambio físico; 13 en adelante para las etapas más tardías), las dos casas necesitan una sola plática compartida sobre cómo van a llevar el tema.

No antes de cada conversación. Nomás una vez, a grandes rasgos, para quedar en la misma página.

De dónde sale la información. ¿Los dos están conformes con el programa de educación sexual de la escuela? ¿Hay libros o materiales concretos que quieran usar en las dos casas? ¿Hay alguna página de internet en la que ambos confíen para responder ciertas preguntas? Ponerse de acuerdo en fuentes compartidas evita que tu peque se encuentre con enfoques muy distintos en cada casa.

El vocabulario. Suena a poca cosa. Importa. ¿Los dos usan los términos anatómicos correctos? ¿Los dos usan las mismas palabras para los productos menstruales (toallas, tampones, productos para la regla)? ¿En la familia se usan términos clínicos, términos coloquiales o una mezcla? Los niños aprenden las palabras que oyen en casa; las palabras moldean cómo piensan sobre su propio cuerpo.

Qué tan cómodo se siente cada quien con ciertos temas. A algunas personas no les cuesta platicar a detalle de la masturbación; a otras sí. A algunas no les cuesta hablar de pornografía a los 11 años; otras prefieren esperar. Saber dónde está la comodidad de cada quien evita la situación en la que tu peque recibe una plática a detalle en una casa y una evasiva en la otra.

Cuándo tocar ciertos temas. Algunas familias quieren introducir ciertos temas (cómo funciona la reproducción, el panorama de la pubertad completo, la plática sobre el consentimiento) en momentos concretos: antes de la educación sexual de la escuela, después, durante, nunca. Ponerse de acuerdo más o menos en cuándo salen estos temas hace que ninguna casa tenga una plática de la que la otra hubiera querido ser parte.

Qué es privado de cada casa. Hay cosas que se quedan en la casa donde salieron. La pregunta penosa de ese momento. La primera plática sobre un enamoramiento. La primera vez que tu peque experimenta con poner sus sentimientos en palabras. Nombrar qué es privado y qué se comparte ayuda a tu peque a confiar en que lo que platica con uno no se le va a contar al otro.

Esta plática para ponerse de acuerdo suele tomar como media hora, una sola vez, en algún punto entre los ocho y los diez años de tu peque. Después pueden venir pláticas breves para refrescar el acuerdo, conforme los temas vayan apareciendo de verdad.

Los temas concretos

Un repaso de los principales.

Los primeros cambios físicos (de los 8 a los 10 años en niñas, de los 9 a los 12 en niños). El vello, el olor corporal, el primer darse cuenta del cambio físico. El tono correcto es el de lo cotidiano. Esto está pasando. Esto es normal. Es parte de crecer. El error que hay que evitar es hacerlo solemne; tu peque lee la reacción del adulto más que las palabras.

La menstruación. Las dos casas deberían poder explicar la menstruación, mostrar cómo se usa una toalla si hace falta, platicar qué hacer en la escuela si la regla llega de repente, y hablar sobre qué productos elegir. El papá que puede hacer esto con una hija transmite algo importante: que su cuerpo es normal, que él no se apena, que él también es un adulto confiable en este tema. Una hija que solo tiene a su mamá como alguien con quien puede platicar de la menstruación recibe medio mensaje sobre quiénes son los adultos seguros.

Las erecciones y la eyaculación. La misma lógica. Las dos casas con la información. Las dos casas tomándolo con naturalidad. Las pláticas pueden ser más cortas; el principio es el mismo.

La imagen corporal. La plática del estoy gordo, la del mi amiga tiene los senos más grandes que yo, la del soy más bajito que todos. El Artículo 12 de este módulo trata la imagen corporal a fondo. La parte que toca a este artículo es esta: cada casa debería saber cómo maneja la otra estas pláticas, para que tu peque reciba una respuesta pareja y con los pies en la tierra en ambas.

La orientación sexual y la identidad. El sentido que va formándose tu peque de quién es, de quién le atrae, de cómo siente su propio género. Las dos casas necesitan ser la casa a la que sí se le puede contar. Tu peque no debería tener que adivinar quién va a reaccionar bien; los dos deberían. Si los valores de una de las casas lo vuelven difícil, la plática para ponerse de acuerdo tiene que abordarlo antes de que tu peque llegue al momento de necesitar contárselo a alguien.

La pornografía. La mayoría de los niños se topa con pornografía en internet a los 11 o 12 años, a veces antes. Las dos casas deberían poder tener la plática sobre qué es, qué no es, y qué hacer si se la encuentran sin querer. Las pláticas más difíciles, las de buscarla a propósito, llegan después. El Artículo 13 trata la educación sexual a fondo.

El consentimiento. Desde las edades más chiquitas, la idea del consentimiento (sobre los abrazos, sobre el espacio personal) va construyendo el camino hacia las pláticas adolescentes sobre el consentimiento sexual. Las dos casas deberían modelar el consentimiento en cosas pequeñas (preguntar antes de hacer cosquillas, respetar un no, no insistir con el cariño físico) desde temprano, y poder tener la plática explícita cuando tu peque sea más grande.

Las relaciones y los enamoramientos. El primer enamoramiento, el primer interés de verdad por otra persona, la primera relación de noviazgo. Las dos casas deberían poder escuchar sobre esto sin tomar el control, sin minimizarlo, sin burlarse. El niño que le puede contar a cualquiera de sus papás sobre un enamoramiento les va a seguir contando, más adelante, cosas con más peso.

Cuando en las dos casas no están de acuerdo

Hay unos cuantos lugares donde puede caer el desacuerdo.

Valores distintos sobre el cuándo. En una casa piensan que la plática explícita de educación sexual debe ser a los 9; en la otra, que a los 13. La plática para ponerse de acuerdo aborda esto; lo que suele funcionar es un punto medio, con temas nombrados para cada rango de edad, acordados de antemano.

Visiones distintas sobre ciertos temas. En una casa no les cuesta platicar abiertamente de la masturbación; en la otra sí. En una piensan que la pornografía debe tocarse de forma proactiva; en la otra, que el tema debe esperar a que tu peque lo saque. Esto suele resolverse acordando una base con la que la casa más conservadora pueda vivir, más espacio para que cada casa agregue su propio enfoque en su propio terreno, más quedar de acuerdo en que los datos sean precisos.

Enfoques culturales o religiosos distintos. El pudor, el lugar del sexo antes del matrimonio, cómo se enmarca la identidad LGBTQ. Estos pueden pesar mucho y no siempre se resuelven. El Artículo 14 de este módulo trata el pudor, la religión y el cuerpo. Lo que toca a la plática de la pubertad es esto: la información factual debe ser precisa y la misma en las dos casas; los valores pueden diferir, y tu peque puede con eso, siempre y cuando quede claro que con las dos casas se puede platicar y que ninguna intente jalar a tu peque hacia su postura de valores en contra de la otra.

Tu peque poniendo a una casa contra la otra. A veces los niños más grandes ponen a prueba diciendo mi mamá dice que sí puedo [...] cuando la mamá no dijo eso, o al revés. El remedio es el mismo que en otras situaciones de la crianza compartida: cuando algo no suena bien, las casas se checan entre sí. ¿Te comentó algo de X? Quiero asegurarme de que entendí bien lo que dijo. Ese checar restablece la precisión sin que tu peque se sienta vigilado.

Los casos más difíciles

El niño que no ha tenido ninguna plática. Hay quienes, por angustia o por costumbre cultural, no inician las pláticas de la pubertad. El niño llega al cambio sin estar preparado. Si te das cuenta de que en la otra casa no están cubriendo esto, tu trabajo es tener las pláticas que tu peque necesita, con calma, y platicar en la otra casa sobre sumarse al apoyo. Sin echar culpas. Nomás sacando el tema.

El niño que le confió algo importante a una sola casa. Una primera experiencia sexual. Una identidad no binaria que no ha compartido con la otra casa. Preocupaciones sobre su cuerpo. El primer trabajo de quien recibe la confidencia es conservar la confianza de tu peque. El segundo es pensar si la otra casa necesita saberlo, y cómo. Algunas confidencias se quedan en una sola casa; otras sí necesitan compartirse (preocupaciones médicas; preocupaciones de seguridad; información importante del desarrollo). El criterio es delicado; lo predeterminado es inclinarse por la confidencialidad de tu peque, a menos que la seguridad pida otra cosa.

El papel de la nueva pareja. La nueva pareja de la otra casa puede encargarse de parte de la plática de la pubertad, sobre todo si tiene con tu peque la relación del mismo sexo que la otra casa no tiene. Muchas veces esto es de verdad útil (la madrastra que se encarga de la primera plática sobre la regla cuando tu peque está con el papá). También puede generar roces. El principio: la pareja puede apoyar a quien cría, pero quien cría sigue siendo el centro de estas pláticas. Tu peque debe saber que sus dos papás biológicos siguen siendo la fuente principal.

Cuando se revela un abuso o un riesgo. Si durante una plática de la pubertad tu peque dice algo que da a entender que lo tocaron de forma inapropiada, que está viendo contenido preocupante en internet, o que está en riesgo de alguna manera, la conversación cambia de categoría. El Módulo 11 (Nuevas parejas y familias reconstituidas) trata la seguridad a fondo. La versión corta: no guardes esto en secreto entre tu peque y tú; platícalo en la otra casa, busca a un profesional, y sigue los protocolos de protección y no los de la crianza compartida de siempre. Ante una urgencia, cualquier persona puede llamar al 911. Para orientación, está la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (a través del DIF).

Para cerrar

Pasan dos años. A la plática junto al cesto de la ropa le siguieron muchas más. Algunas en tu casa; otras en la otra. Casi todas breves. Unas cuantas más largas.

Tu hija, que ahora tiene once años, tuvo su primera regla. La manejó en la escuela; traía toallas gracias a las pláticas de preparación de su mamá; la enfermera de la escuela la ayudó un ratito; les mandó mensaje a ti y a su mamá a la hora del recreo. Hoy me bajó. La escuela me ayudó. Estoy bien.

Llegó de la escuela. Ya estabas avisado por el mensaje. Ya le habías escrito a la otra casa: ¿Hago algo en especial? ¿O nomás lo tomo con naturalidad? La respuesta: Nomás con naturalidad. A lo mejor pregúntale si quiere algo especial de cenar.

Llegó. Le preguntaste cómo le había ido en el día. Mencionó la regla de pasadita, como una cosa más entre muchas. Le preguntaste si tenía lo que necesitaba. Sí tenía. Le preguntaste si quería preparar pasta juntos, una cosa normal. Sí quiso. No hiciste un escándalo de eso.

Esa noche, tu hija le mandó mensaje a su mamá y platicaron un ratito. Fue la clase de plática que tienen las niñas de once años con sus mamás sobre la regla; ligera, con un poquito de pena, casi toda normal.

A la mañana siguiente se fue a la escuela. Para el fin de semana, el asunto ya era de lo más común. Supo, al terminar la semana, que las dos casas sabían, que las dos lo habían manejado bien, y que el tema podía volver a salir cuando ella quisiera.

Eso, cuando funciona, es como se ve a lo largo de los años la plática de la pubertad entre las dos casas. No una sincronía perfecta. No pláticas idénticas. Dos casas, las dos confiables, las dos bien informadas, con las dos se puede platicar, cada una manejando con calma y soltura los momentos que caen en su semana.

Tu peque crece con la certeza de que su cuerpo es normal, su desarrollo es normal, sus dos papás están disponibles para estas pláticas, y las dos casas se sienten continuas de una manera que sí importa.

Esa continuidad es de lo que ha tratado este artículo. El trabajo sigue.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.