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Módulo 17 · Cuando el otro papá no está bien

Cuando el padre de tu peque no aparece

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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Cuando el padre de tu peque no aparece

Cuando el padre de tu peque no aparece

Módulo 17 · Cuando el papá o la mamá de tu peque no está bien · Artículo 01 · Wave 1 · todas las edades


Volvió a pasar. Le tocaba tener a los niños este fin de semana, o llamar, o ir por ellos, y no lo hizo. A lo mejor canceló a última hora, a lo mejor de plano no apareció, a lo mejor ese contacto que prometió se esfumó sin ninguna explicación. Y ahí te quedas tú, con un peque desilusionado y con esa mezcla que ya conoces de coraje, preocupación y cansancio, preguntándote cuántas veces más puede pasar esto y qué le está haciendo a tu hijo.

Esta es la puerta de entrada a un módulo difícil, el que es para quienes tienen un co-padre o co-madre que no es confiable, que no está presente o que, en algunos casos, no es seguro. Si llegaste hasta aquí, quizá el resto de la biblioteca te haya parecido escrita para una situación más amable que la tuya, la de dos papás razonables y presentes que van resolviendo las cosas. Tu realidad es más dura, y este módulo es para eso. Este texto es sobre el padre poco confiable, el que una y otra vez no aparece.

Una nota antes de empezar. Este módulo sostiene dos verdades al mismo tiempo. Algunas de estas situaciones mejoran y otras no. Lo que escribimos no va a fingir que todo se arregla con mejor comunicación, porque a veces no es así. Tampoco va a tratar tu situación como algo sin remedio, ni al padre de tu peque como alguien incapaz de cambiar, porque a veces las cosas sí se mueven. La postura honesta está en algún punto intermedio, y ahí es donde vamos a intentar quedarnos.

Si no estás a salvo en tu relación, o si te preocupa la seguridad de un niño, este artículo no es el mejor lugar para empezar. Una línea de apoyo contra la violencia familiar puede acompañarte: Vida sin Violencia, 800 108 4053. El resto de esta biblioteca va a seguir aquí cuando estés listo.

Lo que le hace a un niño que el otro no aparezca

Un niño cuenta con que las personas que quiere van a estar ahí. Cuando un papá no aparece una y otra vez, el niño va absorbiendo algo doloroso, no de un solo golpe aparatoso, sino por la acumulación de pequeñas decepciones que se van sumando hasta dejar una lección dura: que no puede contar con este papá. El fin de semana cancelado, la llamada que nunca llegó, el plan que otra vez se cayó, cada uno es una herida chiquita, y repetidas, le enseñan al niño a esperar que lo va a defraudar alguien que se supone que es un cimiento.

Esto hace daño de verdad, y vale la pena nombrarlo con honestidad en lugar de minimizarlo. Un niño con un papá poco confiable suele cargar un dolor real, y a veces una culpa callada, esa idea mágica de que tal vez, si él fuera distinto, más querible, mejor, el papá sí aparecería. Puede ir y venir entre la esperanza y la decepción, ilusionándose cada vez y quedándose hecho pedazos cada vez. Con el tiempo puede protegerse fingiendo que no le importa, que no es lo mismo que de verdad no importarle. Lo impredecible le cuesta al niño algo real.

No puedes lograr que esto no duela, y fingir que sí no sirve de nada. Lo que sí puedes hacer es darle forma a cómo el niño lo vive y le encuentra sentido, y eso influye muchísimo en cuánto daño duradero deja lo impredecible. Un niño con un papá poco confiable pero con otro papá estable y presente, que lo acompaña a atravesar las decepciones, sale mucho mejor librado que un niño que se queda solo con el dolor. Tu papel es enorme, aunque no puedas arreglar el origen del problema.

Lo que no puedes controlar y lo que sí

Buena parte del sufrimiento en esta situación viene de tratar de controlar justo lo que no puedes: que el padre de tu peque sea confiable. No puedes hacer que aparezca. No puedes hacer que cumpla sus promesas, que ponga a los niños por delante o que se convierta en el papá que quisieras que fuera. Aceptar esto es difícil y duele, y aceptarlo también libera, porque te deja de gastar energía en lo imposible y la puedes redirigir hacia lo que de verdad sí está en tus manos.

Lo que sí puedes controlar es tu propia respuesta, y es más poderosa de lo que parece. Puedes ser tú el confiable, el cimiento firme que sostiene al niño sin importar el caos de la otra casa. Puedes ayudar al niño a encontrarle sentido a la decepción de una manera que lo proteja. Puedes evitar sumarle tu coraje a su dolor. Puedes decidir cómo se manejan en lo práctico las veces que no aparece. Y puedes buscar la ayuda y las estructuras que existen para los arreglos que fallan de forma crónica, algo que tratan los siguientes artículos de este módulo.

Este cambio, dejar de tratar de arreglar al padre de tu peque para enfocarte en lo que de verdad sí puedes hacer por el niño, es la base para salir de esta situación con el bienestar de tu hijo lo más intacto posible. Que el padre de tu peque sea confiable o no, es asunto de él. Cómo vive tu hijo lo impredecible, eso sí lo puedes moldear de verdad.

Cómo amortiguarle el golpe al niño sin mentirle

Cuando un papá no aparece, tienes que decirle algo al niño, y encontrar lo correcto es delicado. Dos impulsos jalan hacia lados que no ayudan, y el camino va justo entre los dos.

Un impulso es taparlo con excusas y consuelos falsos. Seguro nomás está ocupado. De verdad quería venir. La próxima sí llega, te lo prometo. Esto nace de querer proteger al niño de la verdad dolorosa, pero sale al revés, sobre todo cuando es un patrón, porque crea expectativas que se vuelven a romper, le enseña al niño que esos consuelos están huecos y lo deja herido de nuevo cada vez. No puedes seguir prometiendo una confiabilidad que no controlas.

El otro impulso es dejar ver tu coraje, decirle al niño qué tan poco confiable y egoísta es el padre. Esto le carga al niño tu desprecio hacia un papá al que quiere, y lo mete en medio de un pleito de adultos encima de su propia decepción.

El camino de en medio es honesto, adecuado para su edad y cálido, sin excusas falsas ni condenas. Reconoces que la decepción es real. No inventas razones que no puedes sostener. No atacas al padre. Y le ofreces al niño tu propia presencia firme como eso con lo que sí puede contar. Ya sé que tenías muchas ganas de ver a tu papá y no vino. Eso decepciona, y está bien sentirte triste o enojado por eso. No sé por qué no pudo. Lo que sí sé es que yo estoy aquí, y te quiero. Acompañaste el sentimiento, te quedaste en la honestidad, dejaste tu coraje afuera y anclaste al niño en tu presencia confiable. Esa combinación protege al niño mejor que inventar excusas o que decir la verdad con filo.

Con un niño más grande que ya ve el patrón con claridad, la honestidad importa todavía más, porque los consuelos falsos ofenden lo que él ya percibe. Le va mejor con un reconocimiento tranquilo de la realidad, acompañado de tu apoyo firme, que con la defensa de lo indefendible.

Ser el confiable

Lo más protector que puedes hacer por un niño que tiene un papá poco confiable es ser tú, sin fallar, el confiable. Un niño aguanta mucho mejor un vínculo poco confiable cuando tiene otro que es firme como roca. Tu estabilidad, que sí apareces, que cumples lo que prometes, tu presencia con la que se puede contar, se vuelve la base segura que sostiene al niño aun cuando lo impredecible de la otra casa lo zarandea.

Esto significa cuidar con esmero tu propia confiabilidad, porque ahora cargas con más de la necesidad que tiene el niño de que alguien sea estable. Cumplir tus promesas, estar donde dijiste que ibas a estar, ser el papá con el que el niño puede contar sin la menor duda. También significa ser esa presencia tranquila y firme que lo acompaña a través de las decepciones que le causa la otra casa, el que está ahí para sostenerlo en las caídas en vez de sumar otra. Con el tiempo, tu confiabilidad hace un trabajo real: le da al niño al menos un cimiento que no se mueve, que es buena parte de lo que lo protege de lo peor de los efectos de lo impredecible.

Es un papel pesado, cargar con más de lo que te toca de la necesidad que tiene el niño de un papá con el que pueda contar, y vale la pena reconocer que es mucho lo que sostienes, sobre todo durante mucho tiempo. El artículo que cierra este módulo, sobre la realidad de criar prácticamente en solitario, le habla de frente a esa carga. Por ahora, lo central es que tu confiabilidad es la protección más poderosa que tiene tu hijo a su alcance, y darla está por completo en tus manos.

La frase que te llevas

Un papá que una y otra vez no aparece hiere al niño con una acumulación de decepciones que le enseñan a no contar con alguien que se supone que es un cimiento, y eso hace daño de verdad, de maneras que vale la pena nombrar con honestidad. No puedes controlar que el padre de tu peque sea confiable, y tratar de hacerlo es fuente de mucho sufrimiento gastado en balde; lo que sí puedes controlar es tu propia respuesta, que es más poderosa de lo que parece. Amortíguale el golpe al niño con honestidad y calidez, no con excusas falsas ni condenas: acompaña la decepción, deja tu coraje afuera y ancla al niño en tu presencia firme. Y, sobre todo, sé tú el confiable, porque un niño aguanta mucho mejor un vínculo poco confiable cuando tiene otro que es firme como roca, y eso es justo lo que le da tu presencia con la que se puede contar.

No puedes hacer que el padre de tu peque aparezca. Sí puedes ser el papá que siempre lo hace, y esa estabilidad es buena parte de lo que carga a tu hijo a través de la decepción del que no aparece.

No puedes hacer que sea confiable. Sí puedes ser el cimiento que no se mueve, y un niño con un papá firme aguanta muchísimo de uno que no lo es.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.