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Módulo 03 · Rutinas en edad escolar

La hija en edad escolar que lo carga en silencio

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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La hija en edad escolar que lo carga en silencio

La hija en edad escolar que lo carga en silencio

Módulo 03 · Rutinas en edad escolar · Artículo 26 · Wave 2 · 4 a 12 años


Tu hija está bien.

Su maestra dice que está bien. Sus calificaciones están bien. Tiene amigos en la escuela. Hace la tarea sin pelear. Se come casi toda la cena. Se va a dormir cuando se lo pides. Se cepilla los dientes. Se levanta. Se viste. Saca adelante la mañana. Saca adelante la tarde. Saca adelante la noche.

Y aun así.

Hay algo más callado en ella que antes no estaba. Ya no canta en la tina como lo hacía. Ve sus programas con cierta indiferencia; antes se reía a carcajadas. Acepta todo con facilidad, quizá demasiada. Cuando le preguntas cómo se siente, dice bien, con esa vocecita que en realidad no te dice nada.

Piensas que tal vez no es nada. Piensas que tal vez sí es algo.

Este artículo trata de la niña en edad escolar que carga algo en silencio. No la que se porta mal, no la que claramente está pasándola mal. La que lo sobrelleva. La que a la mayoría de los adultos les parece que está bien. La que, en una familia que vive en dos casas, quizá lleva una capa extra de peso que nadie alcanza a ver del todo.

Es uno de los artículos más difíciles de este módulo. Las señales son sutiles. El riesgo de leer de más y el de leer de menos son los dos reales. El trabajo es notar sin convertirlo en enfermedad y actuar sin reaccionar de más.

Por qué a esta niña cuesta más detectarla

Una niña que le pega a su hermana, que se niega a hacer la tarea, que se desborda a la hora de dormir o que le dice a la maestra que odia la escuela es una niña que claramente está pasándola mal. Lo puedes ver. La escuela lo puede ver. En la otra casa lo pueden ver. Hay un problema que atender.

Una niña que ha estado dulce y servicial desde la separación, que se adaptó a las dos casas sin mucho aspaviento, que va bien en la escuela, que conserva a sus amigos, es una niña que parece estar bien.

Y puede estarlo. Muchos niños lo están.

Algunos están haciendo el trabajo de aparentar y cargando algo por debajo.

Aparentar que todo está bien es, en algunos niños, una forma de sobrellevar las cosas. Es algo que se da en niños que:

  • Han notado que uno de sus papás, o los dos, están estresados, y no quieren sumarle.
  • Han entendido, sin que nadie lo diga, que lo que se les pide es no dar lata.
  • Son, por temperamento, más reservados, menos expresivos.
  • Ya tienen edad para manejar lo que sienten por dentro.
  • Evitan el conflicto en su trato con los adultos.

Cada uno de estos rasgos, por separado, es parte normal de la infancia. Juntos, en una familia con estrés, pueden dar como resultado una niña que carga más de lo que muestra.

Cómo se ven las señales más calladas

Las señales son sutiles. Estás viendo pequeños cambios respecto a su forma habitual de ser, no cambios aparatosos.

El sueño. Duerme, pero le toma más tiempo quedarse dormida que antes. O se despierta más temprano. O duerme inquieta. O duerme de corrido, pero amanece como si no hubiera descansado.

El apetito. Come, pero ya no con el apetito de antes. Se volvió un poquito más quisquillosa para comer. Deja más en el plato. Perdió el interés en comidas que le encantaban. O al revés: empezó a comer rápido y callada.

El nivel de actividad. Juega, pero con menos imaginación que antes. Sus dibujos son más pequeños, con menos detalle. Lee menos. Ve más pantallas, pero con cierta indiferencia, sin engancharse.

Señales del cuerpo. Dolores de panza sin una causa clara. Dolores de cabeza al empezar la semana de escuela. Cansancio que no cuadra con lo que se mueve. A veces el cuerpo carga lo que las palabras no pueden.

Aplanamiento emocional. No se ríe tan fácil. No llora tan fácil. Está como contenida. Toda la gama de lo que solía expresar se le angostó.

Demasiado servicial. Se volvió particularmente ordenada, particularmente cooperadora, particularmente atenta a tu estado de ánimo. Te checa cuando te ve estresado. Está tratando de ayudarte de una manera un poquito de adulto.

Se aleja de lo que amaba. El pasatiempo que hace un año la apasionaba ahora es algo que hace sin entusiasmo. La amiga de la que antes hablaba todo el tiempo ya casi no la menciona.

Busca tranquilizarse, nerviosa. Pide que la tranquilices en cosas chiquitas. ¿Estás bien? ¿Todavía vamos a ir? ¿Todo está bien? Las preguntas son suaves. No está en pánico. Está checando.

Cualquiera de estas señales, sola, es una variación normal de la infancia. Dos o tres juntas, sostenidas durante semanas, sí valen la pena de atender.

Qué puede estar reflejando

Eso que carga en silencio puede estar reflejando muchas cosas.

La separación, todavía. Incluso años después de la separación, los niños la procesan por olas. Una nueva etapa de su desarrollo puede traer de vuelta viejas preguntas. Conocer a una nueva pareja puede mover algo. Pasar a un nuevo nivel de la escuela puede sacar a flote lo que antes no había salido.

Tensión entre las dos casas. La niña siente cuándo sus papás están tensos entre sí, aunque nadie diga nada. Carga esa tensión en cosas chiquitas. Las señales aparecen en la niña aunque en casa crean que la tensión está bien escondida.

Algo que pasa en la escuela. Un problema de amistad. Una maestra que es dura. Una materia que se le complica. Algo que dijo un compañero. Los niños rara vez cuentan esto por su cuenta.

Un cambio en alguna de las casas. Una nueva pareja, un nuevo hermanito, una casa nueva, un cambio de trabajo de uno de sus papás, la enfermedad de un abuelo. La niña lo está procesando.

Su propio mundo interior. Algunos niños vienen con una sensibilidad más fina. Sienten las cosas a fondo. Están resolviendo lo que traen por dentro. Lo que cargan no necesariamente tiene que ver con la familia; puede tener que ver con ellos mismos.

Una combinación. Muchas veces no es una sola cosa. Es la suma de varias cositas a lo largo de un tiempo.

Lo que carga no es un diagnóstico. Es un estado. El trabajo es descubrir, con calma, qué hay detrás.

Cómo descubrirlo

No la interrogues.

Una niña que ya está contenida se va a cerrar todavía más si la preguntas de frente. ¿Estás triste? ¿Estás nerviosa? ¿Qué tienes? Estas preguntas, por más buena intención que tengan, muchas veces provocan un no tengo nada y un pasito hacia atrás.

La entrada es de ladito.

Haz espacio, no pidas cosas. Estén en el mismo cuarto sin ninguna agenda. Cocinen juntas. Vayan caminando juntas a la tienda. Lean juntas. La plática, si llega, va a llegar en el silencio alrededor de la actividad, no en una sentada formal.

Menciona lo que estás notando, con suavidad. Noté que has estado un poco callada esta semana. Aquí estoy si quieres platicar. Y también está bien si no. No insistas. No la hagas representar una conversación. Nomás abre una puerta.

Cuéntale lo que tú has sentido. A veces los niños se abren después de que su papá o su mamá comparte algo chiquito. Yo he andado un poco cansada esta semana. A veces en las noches me siento como perdida. ¿A ti alguna vez te pasa? La pregunta es de verdad, no una trampa.

No prometas arreglarlo. Te voy a escuchar es una promesa que sí puedes cumplir. Lo voy a arreglar muchas veces es una que no. Los niños sienten la diferencia.

Observa el juego. Sobre todo los más chicos de primaria expresan lo que no pueden decir a través del juego. A la muñeca la regañan. El carrito se va manejando lejos. El dibujo de la personita parada sola. No siempre significan algo, pero sí vale la pena notarlos.

Si te cuenta algo, escucha. No interpretes. No te lances de inmediato a resolver. No lo subas de tono con la otra casa ni con la escuela. Nomás oye lo que dice. Quédate un rato con eso. La conversación sobre qué hacer puede venir después.

La complicación de las dos casas

La niña que carga en silencio muchas veces muestra lados distintos en las dos casas.

En una casa está más emocional. En la otra, más contenida. En una duerme mal; en la otra duerme mejor. En una platica; en la otra no.

Esto es real, y vale la pena seguirle la pista. La casa donde la niña está más contenida puede ser la casa donde se siente menos segura para expresarse. O puede ser la casa que más le acomoda (la casa más tranquila, la más cerca de la escuela, la que tiene la rutina que más le gusta). Que esté contenida no siempre quiere decir que esté sufriendo.

Las dos casas necesitan información. En la otra casa quizá estén viendo lo que tú no. O al revés. La conversación es con calma y con curiosidad. He estado notando que últimamente está más callada en casa. ¿Tú has notado algo por allá?

En la otra casa quizá hayan notado lo mismo. Quizá hayan notado algo distinto. O quizá no hayan notado nada. Cualquiera de estas cosas es información.

Si solo una casa lo nota y en la otra lo descartan, eso también es información. A veces en la otra casa no hay cabeza para notarlo. A veces están cargando lo suyo. A veces leen las mismas señales de otra manera.

El movimiento más útil de todos es que en las dos casas estén buscando las mismas cosas. No necesariamente que estén de acuerdo en qué está pasando. Sino que estén en la misma conversación sobre eso.

Cuándo meter a un profesional

Una niña que carga algo en silencio durante unas cuantas semanas, en medio de algo difícil que ya conoces (un cambio de nivel en la escuela, un cambio en la vida de uno de sus papás, la enfermedad reciente de un abuelo), por lo general se acomoda. No te aceleres.

Una niña que carga algo durante meses, sin una causa clara, o cuya carga se va haciendo más honda en vez de aliviarse, sí vale la pena llevarla con un profesional.

El profesional puede ser un orientador de la escuela, el médico de la familia, un psicólogo infantil, un terapeuta que trabaje con niños. A cada niño le funciona un espacio distinto. (El Módulo 13 (Conducta y regulación emocional), artículo 06, trata a fondo el tema de buscar apoyo profesional.)

La conversación entre tú y la otra casa sobre buscar a un profesional es con calma y es compartida. Creo que deberíamos hablar con alguien. No porque algo esté mal, sino porque lleva un tiempo cargando algo y me gustaría ayudarla con eso. Lo que opinen en la otra casa importa. Si no están de acuerdo, averigua por qué. No actúes por tu cuenta en algo de este peso, a menos que la situación sea de verdad urgente.

Si en la otra casa están de acuerdo, elijan juntos al profesional. Las dos casas son parte del apoyo, aunque solo una vaya a las sesiones con la niña.

Cuando tú eres quien no lo está viendo

Una situación muy específica. En la otra casa te han estado diciendo que están preocupados por la niña. Tú no lo has visto en tu casa. Te preguntas si no estarán siendo demasiado nerviosos.

Tómalo en serio.

La niña quizá esté más contenida en tu casa y más abierta en la otra. Lo que ven allá puede ser más certero que lo que ves tú.

No lo descartes. No es lo que yo veo en nuestra casa está bien, pero no es el final de la conversación. Cuéntame más de lo que estás viendo. Yo también quiero buscarlo. Esa es la respuesta abierta.

Y al revés también es cierto. Si tú eres quien está preocupado y en la otra casa no lo están viendo, comparte lo que ves sin criticarlos por no verlo. Quizá hayan estado cargando lo suyo. Quizá lo capten una vez que tú lo nombres.

Cómo aterriza

Pasaron unas semanas desde que empezaste a notarlo. Has hecho más espacio. Has estado en el mismo cuarto sin ninguna agenda. Has compartido algo chiquito de tu propia semana. Has observado el juego, los dibujos, las cosas chiquitas.

Te cuenta, de regreso de la tienda, que a veces se siente triste por algo de la escuela. Nada aparatoso. Una cosa del grupo de amigas. Algo que venía cargando.

Escuchas. No lo arreglas. Le das lugar. Sí, eso está difícil. Qué bueno que me lo contaste.

Lo que carga se aligera un poco. No todo. Lo que te contó es una de varias cosas. Pero la puerta quedó abierta. Ya sabe que te puede contar.

Le mandas un mensaje a la otra casa. Hoy me contó algo de la escuela. Nomás para que sepan. Capaz lo saca por allá, o capaz no. En la otra casa lo reciben. Ahora las dos casas están al pendiente.

Lo que carga puede irse moviendo en las próximas semanas. O puede tomar más tiempo. El trabajo no es nada heroico. El trabajo es el lento regreso de la atención. La niña sabe que la están viendo. Eso, por sí solo, es una parte importante de lo que ayuda.

Así se siente la crianza compartida de una niña que carga algo en silencio. No una intervención heroica. Atención paciente. Pequeñas aperturas. Conversaciones que llegan cuando llegan. Las dos casas en la misma conversación sobre la misma niña.

Cargar cosas es parte de la infancia. Casi siempre eso que se carga se aligera. A veces no, y necesita ayuda. El trabajo es saber la diferencia y actuar en consecuencia, con amor y sin alarma.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.