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Módulo 14 · La vida emocional de tu hijo o hija

La pregunta de '¿por qué a nosotros?'

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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La pregunta de '¿por qué a nosotros?'

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

La pregunta de '¿por qué a nosotros?'

Módulo 14 · La vida emocional de tu hijo · Artículo 12 · Wave 3 · 8-12, 13-17


Casi siempre llega en voz bajita, muchas veces en un momento raro. En el carro, a la hora de dormir, en medio de algo que no tiene nada que ver. ¿Por qué nos tuvo que pasar esto a nosotros? Y te detiene, porque en realidad no es una pregunta sobre hechos. Es algo más grande. Es tu peque estirándose hacia algo para lo que ninguno de nosotros tiene del todo una respuesta, y volteando a verte para que lo ayudes a sostenerlo.

Esta es de las preguntas más difíciles que hace un niño, porque es existencial y no logística. No está preguntando cuál es el calendario ni dónde va a dormir. Está preguntando por qué su vida resultó incluir esta cosa tan dura, por qué su familia y no otras, por qué a él. Es la versión del tamaño de un niño de una pregunta que los seres humanos siempre nos hemos hecho cuando la vida trae algo doloroso que nadie eligió. Y la verdad honesta es que no puedes responderla del todo, que es justo lo que la hace difícil de acompañar bien.

Esta es de las suaves. Si vas leyendo con tu propia versión del por qué a nosotros a cuestas, está bien que dejes esto un ratito y vuelvas después.

La pregunta debajo de la pregunta

Cuando un niño pregunta por qué a nosotros, casi nunca está pidiendo de verdad una explicación. Si respondes con las razones por las que terminó la relación, con la logística de cómo pasó, con la versión adulta de las causas, muchas veces vas a ver cómo se le apaga la mirada, porque esa no era la pregunta. El porqué no es una petición de una cadena de causas.

Debajo del por qué a nosotros suele haber alguna combinación de búsquedas más hondas. Una búsqueda de justicia, esa sensación de que esto no es justo y las ganas de que alguien se lo confirme. Una búsqueda de sentido, querer que la cosa dura tenga algún tipo de sentido. Una búsqueda de tranquilidad, un soterrado ¿estoy bien?, ¿estamos bien?, escondido dentro de la pregunta de tono filosófico. Y a veces, nomás, una búsqueda de compañía en lo que siente, las ganas de no quedarse solo con lo grande del asunto.

Escuchar la pregunta de esta manera cambia cómo la respondes. No te están pidiendo que expliques. Te están pidiendo que estés presente junto a tu peque al borde de algo que ninguno de los dos puede resolver del todo, y que lo ayudes a sentirse menos solo ahí. Eso sí lo puedes hacer, aunque la pregunta literal no tenga una respuesta limpia.

Responder sin mentir y sin explicar de más

Aquí hay un camino angosto que recorrer, entre dos maneras de fallar.

De un lado está la respuesta falsa. La tentación de resolver lo irresoluble con una explicación bien acomodadita, una mentira que tranquiliza, un todo-pasa-por-algo que tal vez ni tú crees y que no le hace justicia a lo genuinamente duro de la pregunta. Los niños sienten cuando les entregan una respuesta demasiado pulida a una pregunta que no es nada pulida, y eso los deja más solos, no menos, porque les avisa que lo que de verdad sienten no se puede acompañar.

Del otro lado está el explicar de más. Las ganas de responder la pregunta existencial con la versión adulta completa de por qué terminó la relación. Eso le carga al niño información que no pidió y que no puede usar, lo arrastra a la historia de los adultos, y de todos modos no atiende lo que andaba buscando. El por qué a nosotros no se responde con la historia del matrimonio.

El camino de en medio es honesto, sencillo y presente. Puedes reconocer que no sabes del todo por qué, porque es cierto y porque fingir lo contrario no le sirve a nadie. Puedes confirmar la injusticia, porque parte de lo que anda buscando es que alguien diga sí, esto es difícil y nada de esto es culpa tuya. Y puedes ofrecer lo único que sí sabes con certeza, que es la tranquilidad que está debajo. No sé por qué nos pasó a nosotros. Yo también me lo he preguntado. No es justo, y tú no hiciste nada que lo provocara. Lo que sí sé con seguridad es que se te quiere, los dos te queremos, y eso no ha cambiado ni va a cambiar.

Esa respuesta no resuelve el por qué, porque el por qué no se puede resolver. Pero atiende cada capa hacia la que el niño en realidad se estaba estirando. Es honesta sobre lo que no tiene respuesta, confirma la injusticia, y aterriza en la tranquilidad que venía escondida dentro de la pregunta.

Quedarte con lo que no tiene respuesta

Parte de acompañar bien esta pregunta es poder tolerar no responderla, lo cual va contra todo instinto de mamá o papá. Queremos arreglar el dolor de nuestros hijos, tener la respuesta, hacer que el sentimiento duro se resuelva. La pregunta del por qué a nosotros te pide algo más difícil, que es quedarte en el no-saber al lado de tu peque sin apurarte a cerrarlo.

Esto es un regalo, aunque en el momento no se sienta como uno. Un niño que aprende que su mamá o su papá puede quedarse presente con una pregunta dura, sin respuesta, sin entrar en pánico, sin forzar una resolución falsa, sin irse, aprende algo profundo. Aprende que los sentimientos difíciles se pueden sobrellevar, que no todas las preguntas tienen respuesta y eso se aguanta, que no tiene que quedarse solo con las cosas grandes que no tienen respuesta. Esa lección le sirve toda la vida, mucho más allá de esta pregunta en particular.

Así que cuando tu peque pregunte por qué a nosotros y sientas el jalón de producir una respuesta, en lugar de eso simplemente puedes estar con él. Esa es una pregunta bien grande. Yo también pienso en eso a veces. No tengo una respuesta perfecta. Pero aquí estoy, y estamos bien. El estar-con es la respuesta. Tu presencia firme dentro de lo que no tiene respuesta es lo que el niño de verdad necesitaba, más que cualquier explicación que hubieras podido ofrecer.

Qué está buscando de verdad la pregunta

Si das un paso atrás, la pregunta del por qué a nosotros, con todo y su peso existencial, casi siempre está buscando algo bastante sencillo. El niño quiere saber que no está solo en esto, que la cosa dura se reconoce como dura, y que se le quiere con firmeza a pesar de ella. El empaque filosófico es real, pero el centro es una búsqueda de conexión y de tranquilidad en un momento en que lo grande de su situación salió a la superficie.

Entonces la respondes, sobre todo, por lo que eres más que por lo que dices. Quedándote presente y sin alterarte. Confirmando la dureza con honestidad. Estando ahí de manera confiable y cálida, que es la respuesta vivida al ¿estoy bien? que se esconde dentro de la pregunta. Con el tiempo, conforme el niño crece, va desarrollando su propia relación con el por qué, su propia manera de darle o no darle sentido al capítulo duro de su vida. Tu trabajo no es zanjarlo por él. Es ser la presencia firme a su lado mientras él lo sostiene, esta vez y la siguiente vez que vuelva a salir.

La pregunta regresa, en distintas formas, conforme el niño madura. El por qué a nosotros de quien tiene ocho años no es el de quien tiene dieciséis. Cada vez, aplican los mismos elementos esenciales. Honestidad sobre lo que no tiene respuesta, confirmación de la injusticia, y la tranquilidad firme de saberse querido. No tienes que tener la respuesta. Tienes que estar ahí, y eso sí puedes.

La frase que te llevas

El por qué a nosotros es una pregunta existencial, no logística, y no se puede responder del todo, que es justo lo que la hace difícil. Debajo de ella hay búsquedas de justicia, de sentido, de tranquilidad y de compañía en el sentimiento. El camino de en medio, entre una respuesta falsa y bien acomodadita y un explicar de más que pesa, es la presencia honesta y sencilla: reconocer que no sabes del todo, confirmar la injusticia, y aterrizar en la única certeza, que tu peque es querido y que eso no ha cambiado. El regalo más hondo es tu capacidad de quedarte con lo que no tiene respuesta al lado de tu peque sin apurarte a cerrarlo.

No tienes que responder el por qué. Tienes que estar ahí mientras tu peque lo pregunta, firme y sin flaquear, lo cual le dice la cosa más cierta de todas, que no está solo en esto.

El por qué a nosotros no tiene una respuesta limpia, y tu peque tampoco te está pidiendo una de verdad. Te está preguntando si te vas a quedar cerca mientras sostiene la pregunta. Quédate.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.