dip
Módulo 05 · Hablar con los niños

Cuando tu peque pregunta por qué

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Todas las edades14 min de lecturaPilar
Cuando tu peque pregunta por qué

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Cuando tu peque pregunta por qué

Módulo 05 · Hablar con los hijos · Artículo 02 · Wave 1 pilar · todas las edades


Martes por la noche. Tu peque, de siete años, está en la tina. Tú estás sentada en la tapa cerrada del escusado, viendo el celular, escuchando a medias. Lleva un rato lavándose el pelo sin decir nada. Y entonces, sin voltear a verte, lo suelta. ¿Por qué ya no están juntos tú y papá?

No estabas lista. No ibas a estar lista nunca. Lo que digas en los próximos diez segundos se le va a quedar grabado. Lo que no alcances a decir también se le va a quedar grabado.

Este artículo es sobre esa pregunta. Llega de muchas formas. ¿Por qué se divorciaron? ¿Por qué mamá ya no vive aquí? ¿Por qué ya no somos una familia? ¿Por qué dejaste a papá? ¿Por qué papá nos dejó? La pregunta siempre corre por la misma grieta. Por qué.

Es la pregunta que no puedes contestar del todo. Y este artículo trata de cómo contestarla de todos modos.

Por qué esta pregunta es tan difícil

La pregunta es difícil porque queda atrapada entre tres cosas que estás tratando de hacer al mismo tiempo.

Quieres decir la verdad. Tu peque está haciendo una pregunta sincera. Merece una respuesta de verdad, no que se la quites de encima.

Quieres protegerlo. La verdad completa de los adultos no es una carga que pueda cargar. Lo que digas va a vivir dentro de él. Lo que digas de la otra casa se va a volver parte de cómo piensa sobre esa persona.

Y quieres no mentir. Los niños detectan la evasiva clarísimo. Mamá y papá nomás lo decidieron suena a evasiva aunque lo digas con todo el cariño. Tu peque sabe que hay más detrás. Pregunta justamente porque ya notó que ahí hay algo más.

Estas tres cosas casi nunca caben en una misma frase. El trabajo de este artículo es encontrar frases en las que quepan las tres.

Hay además una cuarta cosa, que es más difícil todavía. Tú sigues viviendo dentro de la respuesta. Todavía no terminas de digerir lo que pasó. A lo mejor todavía no sabes, de una manera firme, por qué en la otra casa y tú ya no están juntos. La pregunta que te hace tu peque es, a veces, la misma pregunta que tú te haces. Contestársela con calma y claridad, mientras tú no tienes esa calma ni esa claridad, es parte de lo que hace que esto sea tan difícil.

El principio, otra vez

El principio del Artículo 01 aplica aquí, pero más afilado. Tu peque no necesita la verdad de los adultos. Necesita la verdad adecuada a su edad, dicha despacio, con espacio para seguir preguntando.

La versión del por qué adecuada a la edad casi siempre tiene una de estas tres formas.

  • Ya no éramos felices juntos, lo intentamos, y al final decidimos que íbamos a estar mejor como amigos que como pareja.
  • Nuestro matrimonio dejó de funcionar. Eso no quiere decir que nuestra familia se haya acabado. Seguimos siendo una familia. Nada más que ahora vivimos en dos casas.
  • A veces los grandes cambian en direcciones distintas. Mamá y yo cambiamos en direcciones distintas. Te queremos igualito que siempre.

Las tres son ciertas a nivel de resumen, aunque la historia de fondo sea más complicada. Le dan a tu peque lo suficiente para entender la forma de lo que pasó, sin ponerle el enredo de los adultos en las manos.

Lo que hay que resistir es el impulso de agregar detalles. Casi todas las mamás y los papás, en el momento, agregan una frase de más. No éramos felices. Papá trabajaba demasiado. Yo me sentía sola. Y luego las cosas se pusieron muy difíciles. Esa frase de más pesa. Tu peque la archiva. Meses después, ese papá trabajaba demasiado va a regresar, pegado a un sentimiento, de un modo que no querías.

La respuesta más corta es mejor. La respuesta más corta también es más difícil, porque te pide quedarte con la incertidumbre en el momento en lugar de llenar el silencio.

El patrón de la pregunta

La pregunta casi nunca llega una sola vez. Llega en oleadas, a lo largo de meses, de distintas formas, muchas veces en momentos en los que no estás preparada.

En la tina. En el carro, camino a la escuela. En el súper, mientras ven los cereales. En el parque, en medio de una plática sobre los papás de alguien más. A la hora de dormir, justo cuando ibas a salir del cuarto. En la cocina, mientras cocinas y no estás del todo atenta.

La pregunta sigue regresando porque tu peque va procesando en pedacitos. No está haciendo la misma pregunta una y otra vez. Cada vez hace una versión un poquito distinta, ajustada a lo que sabe ahora frente a lo que sabía la vez pasada. El por qué de los cinco años no es el por qué de los siete. El de siete años que vuelve a preguntar a los nueve está preguntando otra cosa.

El trabajo, para ti, es reconocer que cada vez es una pregunta nueva, no una repetición. La respuesta puede tener la misma forma general. La textura tiene que ajustarse al momento.

Edad por edad

La respuesta correcta a los cuatro no es la respuesta correcta a los catorce. La forma va cambiando con tu peque.

De 2 a 4 años. Tu peque todavía no tiene la arquitectura mental para el por qué en el sentido adulto. Lo que pregunta, en el fondo, es qué le está pasando a mi mundo. La respuesta es concreta y tranquilizadora. Mamá y papá decidimos vivir en dos casas. Vas a estar unos días en casa de mamá y unos días en casa de papá. Los dos te seguimos queriendo. Siempre nos vas a tener a los dos. Puede que la palabra por qué ni siquiera esté en su pregunta. A lo mejor pregunta ¿dónde está papá? o ¿por qué no hay mamá en esta casa?. La respuesta es la misma: simple, concreta, tranquilizadora.

De 4 a 7 años. Tu peque empieza a preguntar por qué en el sentido adulto, pero todavía no puede sostener la causa y el efecto como los niños más grandes. Además está en plena edad del pensamiento mágico, lo que quiere decir que es cuando más riesgo hay de que crea que él provocó esto. La respuesta a esta edad tiene que incluir, de forma explícita, esto no fue por tu culpa. La respuesta del por qué en sí puede tener una de las tres formas de arriba, dicha de manera sencilla. Mamá y papá no éramos felices juntos. Lo intentamos mucho tiempo. Decidimos que era mejor vivir en dos casas y seguir siendo una familia así.

Y luego, muchas veces: ¿Es porque me porté mal?. La respuesta es no. Dicha claramente, viéndolo a los ojos, no mirando a lo lejos. No. Nada de lo que tú hiciste causó esto. Esto lo decidimos los grandes. Tú no lo causaste. (El Artículo 03 trata esto a fondo.)

De 8 a 12 años. Tu peque ya puede sostener más matices. Ya entiende que dos adultos pueden quererse y aun así no funcionar como pareja. Entiende que las cosas tardan mucho en volverse definitivas. La respuesta puede tener un poco más de forma. Mamá y papá la pasamos mal mucho tiempo. Intentamos cosas para que funcionara y no mejoró. Decidimos que era mejor separarnos ahora que seguir así. Pero aun así: nada de razones específicas. Nada de culpas. Nada de andar repartiendo quién hizo qué. A veces tu peque va a insistir para que le des más detalles. Sostén la línea.

Esta también es la edad en la que los niños empiezan a hacer preguntas más filosas. ¿Papá tuvo una aventura? ¿Mamá se fue por dinero? Estas preguntas vienen de la escuela, de la tele, de amigos cuyos papás se separaron. No necesariamente se basan en algo que sepan. Contéstalas con honestidad pero sin extenderte. No voy a hablar de los detalles. Hay cosas que son entre mamá y papá y que no te toca cargar a ti. Si algo específico es verdad (una aventura, un evento grande, un problema con alguna sustancia), quizá llegue un momento, más adelante, en que tenga sentido decirlo. No a los nueve. No en un momento de repente. Casi nunca como respuesta a un ¿papá hizo...?.

De 13 a 17 años. Tu adolescente puede sostener la versión más adulta de esta plática. También es quien detecta la evasiva con más finura. La respuesta correcta a esta edad es la versión más honesta y a la vez adecuada a su edad. Ya no funcionábamos como pareja. Lo habíamos estado intentando mucho tiempo. Decidimos que quedarnos juntos iba a ser peor para nosotros y para ti que separarnos. Si tu adolescente insiste, puedes darle un poco más de forma, pero no detalles. Entre nosotros se pusieron difíciles algunas cosas que no te voy a contar, porque no te toca a ti cargarlas. Lo que sí te digo es que esto no es culpa de una sola persona. Fuimos los dos. Y no eres tú.

Los adolescentes también van a hacer la pregunta, a veces, con enojo o con juicio encima. ¿Cómo nos pudiste hacer esto? ¿Por qué no se esforzaron más? ¿Por qué no se quedaron juntos y ya? Esas no son realmente preguntas. Son duelo con forma de acusación. No entres a pelear con ellas. Quédate ahí, acompañando. Te escucho. Entiendo por qué estás enojado. Ojalá esto no hubiera salido así para ti. Y luego, aparte, cuando esté más tranquilo, puede darse la plática de verdad.

La versión que es cierta y deja mal parado a alguien

Hay un tipo de por qué más difícil que los demás. La versión en la que la verdad incómoda tiene que ver con la otra casa.

A veces una de las dos personas hizo algo que de verdad causó la separación. Una aventura. Un patrón de tomar de más. No estar presente durante años. Tarde o temprano, tu peque va a preguntar por eso. Quizá ya lo intuye a medias. ¿Papá se fue por otra persona? ¿Mamá tomaba mucho? ¿Tú fuiste la que decidió?

El impulso de decir la verdad, en este caso, es fuerte, sobre todo para quien siente que le fallaron. El impulso de proteger la relación de tu peque con la otra casa también es fuerte, en casi todas las mamás y los papás. Los dos impulsos jalan en direcciones opuestas.

El principio que sostiene esto: aunque lo incómodo sea cierto, tu peque necesita que las dos casas le sigan estando accesibles. Un niño al que, a los ocho años, le dicen que papá se fue por otra persona, archiva eso. Lo va a cargar en cada visita con papá. Va a mirar a papá con otro filtro. Y muchas veces se va a alejar de papá de un modo que le cuesta a él mismo a su padre.

La estrategia es guardar la verdad incómoda lejos de tu peque hasta que tenga edad para integrarla. Tener edad es, más o menos, la adolescencia tardía, y la plática la lleva tu peque, no tú. Quiero saber qué pasó de verdad es la puerta que se abre. Ahí puedes ofrecer parte de la verdad, con calma, sin enmarcarla como munición, reconociendo que es información que está eligiendo recibir.

Antes de ese punto, la respuesta al por qué se queda en lo general. Entre nosotros se pusieron difíciles las cosas de un modo que no pudimos arreglar. Esto es cierto. No nombra lo específico. Y tu peque se queda con las dos casas.

Dos excepciones. Primera: si hubo maltrato, violencia o daño hacia tu peque, la conversación sobre seguridad pasa por encima de la conversación sobre proteger la relación. El Módulo 17 (Cuando el papá o la mamá de tu peque no está bien) trata estas situaciones. Segunda: si en la otra casa ya hicieron público ante tu peque eso que deja mal parado a alguien, ya no te toca a ti guardar el secreto. Puedes nombrarlo con cuidado y en su justa medida, sin convertirlo de todos modos en munición.

En todos los demás casos, sostén la línea. La verdad incómoda, si aterriza demasiado pronto, le cuesta a tu peque una de sus dos casas. Tu peque no se puede dar ese lujo.

Cuando la pregunta llega y no estás lista

No vas a estar lista todas las veces. A veces la pregunta llega un miércoles en la noche, cuando estás al teléfono con alguien del trabajo, o acabas de sentarte después del día más largo, o acabas de tener un intercambio pesado con la otra casa y sientes tu propio enojo justo a flor de piel.

En esos momentos, las reglas:

No contestes de inmediato si no puedes contestar bien. Es una pregunta importantísima. Quiero darte una respuesta de verdad. ¿Podemos platicarlo después de la cena / cuando termine esto / en la tina hoy en la noche? Eso te compra diez minutos para componerte. Luego regresas. No dejes que se te pase. Tu peque va a checar. Dijiste que íbamos a platicarlo.

No contestes si sientes el enojo o el duelo atorados en la garganta. Lo que digas en ese estado se va a oír como un veredicto sobre la otra casa. Hasta un no éramos felices aterriza distinto cuando lo dices con los dientes apretados. Tómate cinco minutos. Échate agua en la cara. Y luego contesta.

No des un sermón. La tentación, cuando por fin contestas, es soltar la explicación cuidadosa que llevas armando en la cabeza. Tu peque necesita tres o cuatro frases. No un discurso. Mamá y yo no éramos felices juntos. Intentamos cosas y no mejoraron. Decidimos vivir en dos casas. Te queremos igualito. ¿Tiene sentido para ti?

No le preguntes por qué está preguntando. Eso le regresa la carga a tu peque. Preguntó porque la pregunta le salió. No tiene que justificar el haber preguntado.

No prometas más de lo que puedes cumplir. Me puedes preguntar lo que sea, cuando sea es una frase preciosa, y deja a la mamá o al papá listos para fallar cuando el siguiente por qué aterrice en el peor momento. Mejor: Siempre voy a tratar de platicar contigo de esto cuando me preguntes. A veces voy a necesitar unos minutos para encontrar las palabras. Y está bien.

Lo que tu peque está preguntando en realidad

La pregunta es por qué. Pero lo que en realidad pide, por debajo, es una de estas:

  • ¿Estoy a salvo? Es lo más común en los niños chiquitos. Tu peque está preguntando si su mundo sigue firme.
  • ¿Yo causé esto? El niño del pensamiento mágico, sobre todo de los 4 a los 8. (El Artículo 03 lo trata a detalle.)
  • ¿Tú estás bien? El niño más grande, que te ha estado observando. Está checando si la mamá o el papá que tiene enfrente está bien.
  • ¿Puedo seguir queriéndolos a los dos? El niño que siente que le están pidiendo tomar partido, aunque nadie se lo pida.
  • ¿Esto me va a pasar a mí algún día? El adolescente, a veces, que empieza a pensar en sus propias relaciones a futuro.

Lo más útil que puedes hacer, muchas veces, es nombrar lo que crees que es la pregunta de fondo y responder a eso, además del por qué literal. Me preguntas por qué. Te voy a decir. Y también quiero que sepas que estás a salvo. Los dos estamos aquí para ti. Puedes querernos a los dos. Tú no causaste esto.

Puede que tu peque no asienta cuando se lo digas. Pero lo va a absorber. El cuerpo lo archiva.

Qué decir cuando de verdad no sabes

A veces la respuesta honesta es que no sabes. La separación pasó. No estás segura de por qué, de una manera firme. Tú tienes tu versión y en la otra casa tienen la suya y no coinciden. Todavía no llega esa integración.

Eso lo puedes decir, con el encuadre correcto. La neta, mi amor, todavía estoy entendiendo yo misma qué pasó. Creo que mamá y yo nada más dejamos de poder estar bien casados. Creo que los dos lo intentamos. No estoy segura de tener una respuesta clara todavía. Te voy a contar más cuando la tenga.

Esta es, a veces, la respuesta más honesta que hay. Y también es la que más alivia a tu peque, en su forma correcta. Queda libre de tener que armar una historia limpia. Aprende que los adultos tampoco siempre tienen la historia limpia, y que no tenerla no quiere decir que el mundo se esté cayendo.

Lo que no hay que hacer, cuando no sabes, es inventar. Papá trabajaba demasiado a lo mejor es una historia que tú te cuentas, pero si no es algo firmemente cierto, no se la entregues a tu peque. La va a sostener como un hecho. Meses después, cuando ya integraste todo y la historia cambió, tu peque va a seguir cargando la primera versión.

Para cerrar

Por qué es la pregunta que no puedes contestar del todo. Y también es la pregunta que tienes que contestar, en pedacitos, a lo largo de meses y años, cada vez que sale.

La forma de la respuesta se queda más o menos igual. No éramos felices juntos. Lo intentamos. Decidimos vivir en dos casas. Te seguimos queriendo. Nada de esto es tu culpa. Seguimos siendo tus papás.

La textura cambia con la edad de tu peque y con el momento. El principio se sostiene: la verdad adecuada a su edad, dicha despacio, con espacio para seguir preguntando.

No vas a atinarle a todas las respuestas. Tu peque va a recordar la textura más que las palabras. Si tu voz estaba firme. Si te sentaste a contestar en vez de contestar por encima del hombro. Si regresaste a la plática cuando dijiste que lo harías. Si se sintió querido a lo largo de todo.

Martes por la noche, la tina. La pregunta aterriza. El pelo sigue a medio enjuagar. Dejas el celular. Tomas aire despacio. Dices lo que puedes.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.