Cuando la hora de dormir deja de ser tu tarea
By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Versión en inglés · traducción en preparación
Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.
Cuando la hora de dormir deja de ser tu tarea
Módulo 01 · Sueño y hora de dormir · Artículo 16 · Wave 3 · 8-12, 13-17
Llegó un jueves de casa de su amiga, saludó, se metió a su cuarto, cerró la puerta y no la volviste a ver hasta el desayuno. No le dijiste que se fuera a dormir. No leíste con ella. No le diste el beso de buenas noches. Como a las 10 de la noche te das cuenta de que en realidad no sabes si se lavó los dientes.
En algún momento de los últimos seis meses, la hora de dormir dejó de ser tu tarea.
Este artículo es sobre ese cruce. Cuándo pasa. Qué es lo difícil. En qué se convierte tu tarea. Y la complicación específica que añade la vida en dos casas, que es que el cruce pasa en momentos un poquito distintos en cada casa, a veces con una casa soltando más rápido que la otra.
El cruce no es una fecha
No hay una edad exacta en la que la hora de dormir deja de ser responsabilidad de quien cría. Pasa despacito, y luego de golpe. El ritual para irse calmando desaparece como a los 10 u 11. La lectura juntos se acaba como a los 8 o 9 en algunos niños, y a los 11 o 12 en otros. La regla de apagar la luz aguanta de alguna forma hasta media adolescencia en muchas familias. Y luego, en algún punto entre los 14 y los 16, hasta la plática de apagar la luz deja de ser plática, porque la persona joven ya tomó por completo las riendas de a qué hora se duerme.
Por lo general no notas el cruce mientras está pasando. Lo notas tres semanas después. Tengo más de un mes que no le digo que se vaya a dormir. O lo notas cuando lo intentas y la respuesta te suena de otro planeta. Mamá, tengo quince años.
El cruce tiene causas biológicas y de desarrollo. En lo biológico, el cambio en el reloj interno de la adolescencia (Sueño 15) ya hizo imposible sostener la vieja hora de dormir solo a fuerza de voluntad de quien cría. En el desarrollo, esta es la etapa de formar identidad, ganar autonomía y volverse alguien propio. Mantener el control de la hora de dormir más allá de cierto punto ya no protege a tu hija. Se mete en una tarea de desarrollo que ella necesita hacer.
Esto es cierto incluso cuando duerme mal. Incluso cuando se desvela demasiado. Incluso cuando estás preocupada. La tarea cambió.
Qué se vuelve más difícil para quien cría
El cambio de tarea es más difícil de lo que muchos esperan, por razones que vale la pena nombrar.
La hora de dormir era una relación. Esos 20 minutos al final del día eran cuando pasaban pláticas que no pasaban en ningún otro lado. La plática del día. Las preguntas que solo salían en la oscuridad. La mano sobre su cabeza. Cuando esto desaparece, lo que desaparece no es solo una tarea de crianza. Es una cercanía de todos los días. El duelo de esto es real, y vale la pena dejarte sentirlo.
Tú eras quien sabía. Cuando la hora de dormir era tu tarea, sabías cuándo dormía, cómo dormía, a qué hora se levantaba, si amanecía cansada. Ahora no sabes. Se mete a su cuarto. Sale. Ya no llega esa información. Para algunas mamás esto es un alivio. Para la mayoría es una preocupación callada.
Ya no puedes saber por fuera si está bien. Una niña de 7 años que la está pasando mal lo demuestra. Una de 15 en su cuarto con la puerta cerrada puede estar bien, puede estar muy mal, o puede estar metida en algo de lo que te gustaría enterarte. La hora de dormir era una de esas ventanas. La ventana ahora es más chica y va en otro calendario.
El cambio casi nunca llega al mismo tiempo en toda la familia. Si tienes varios hijos, el mayor ya pasó el cruce mientras el menor sigue en el ritual de la hora de dormir. El contraste entre las dos rutinas, en la misma noche, suele ser donde más sientes el cambio.
En qué se convierte tu tarea
La tarea activa se acaba. Otra tarea distinta la reemplaza.
Disponible, sin imponerte. Tu hija debe saber que andas por ahí en la noche, que estás dispuesta a platicar si ella quiere platicar, que la cocina está abierta si quiere un bocadito y un rato de plática. Casi todas las noches no te van a tomar la palabra. Una vez cada quince días sí, y esa plática suele ser la más sincera de la semana. Esa disponibilidad es el nuevo ritual. No lo arruines adelantándote con reglas.
El ambiente, no la insistencia. Todavía puedes darle forma al ambiente de la casa. Los celulares se cargan en la cocina de noche, no en la recámara (esto importa aunque no logres que se cumpla al pie de la letra contigo; lo que se vuelve costumbre de la casa va calando). La luz de la cocina se apaga a la medianoche. La casa está en silencio desde las 11. Estas son condiciones del ambiente, no algo personal. Influyen sin controlar.
Observar, no vigilar. Estás poniendo atención a si parece descansada, si amanece apagada, si cambió su forma de comer, si sus amistades siguen enteras, si se está aislando. Esto es darse cuenta como mamá, no monitorear. No le leas el celular. No le rastrees la ubicación sin decirle. Pero tampoco decidas que ya nada es asunto tuyo. La tarea cambió; no se acabó.
Abierta sobre tu propia preocupación. Cuando de verdad algo te preocupe, dilo directo, una vez. Me he dado cuenta de que te estás durmiendo muy tarde. No te estoy diciendo qué hacer. Quiero que sepas que lo estoy viendo. Y luego, suéltalo. La persona joven escucha esto distinto a como escucha una regla. La regla es un movimiento de control. Nombrarlo es información. Con la información ella sí puede hacer algo.
La versión de dos casas
El cruce suele pasar a ritmos un poquito distintos en cada casa.
A menudo una casa sostiene la estructura de la hora de dormir más tiempo que la otra. No siempre es quien te imaginarías. A veces quien estuvo más presente en los primeros años es también quien suelta más tarde. A veces quien se ganó la confianza de la persona joven durante la adolescencia es quien todavía puede tener una plática directa sobre el sueño. A veces una casa tiene una pareja nueva que no tiene lugar para poner reglas, y entonces no lo intenta, mientras la otra casa mantiene la estructura más tiempo.
La asimetría importa menos de lo que las mamás temen. A una adolescente de 15 no la daña que una casa haya soltado seis meses antes que la otra. Lo que importa es que cada casa esté haciendo su propia versión de lo correcto para esta etapa. A veces esto se ve así:
- Una casa con una plática de apagar la luz, la otra sin ella. Las dos están bien si las dos están poniendo atención.
- Una casa con una regla de celulares fuera de la recámara que sí se cumple, y otra donde no. La casa de la regla está haciendo un trabajo útil aunque la otra no.
- Una casa donde la persona joven le manda mensaje de buenas noches a su mamá o a su papá, y otra donde no. Relaciones distintas, las dos pueden ser cariñosas.
Donde la asimetría sí causa problemas de verdad:
- Una casa se rinde por completo con el sueño de la persona joven mientras la otra trata de sostener una estructura que no funciona sola. Esto genera frustración en la casa que sostiene y una idea desbalanceada de lo que es normal.
- Una casa usa el en la otra casa no tienes reglas como cuña. Aquí te dejo hacer lo que quieras porque soy buena onda es una postura de crianza que lastima más a la persona joven de lo que la ayuda.
- La persona joven juega a enfrentar una casa con la otra de una forma que termina con ella durmiendo cuatro horas en noche de escuela en ambas.
La salida de todo esto es la misma que en la versión de edad escolar (Sueño 13). Comparen lo que cada quien está viendo en realidad. Pónganse de acuerdo en los poquísimos pisos firmes que sobreviven a esta edad (en especial la plática de no manejar con poco sueño). Que lo demás pueda ser distinto.
La trampa de usar la relación como palanca
La tentación, cuando la hora de dormir deja de ser tu tarea, es usar lo que queda de tu autoridad por razones de relación.
Si no me mandas mensaje cuando te vas a dormir, te quito el celular.
No vas a salir el sábado porque te pedí dos veces que estuvieras dormida antes de la medianoche el miércoles.
¿Por qué ya nunca te sientas nomás a platicar conmigo?
Cada una de estas es una mamá buscando control porque la conexión se siente delgada. El movimiento de control la deja todavía más delgada. La persona joven aprende a darte menos información, no más.
El reemplazo es más difícil y más lento. No echas mano de la regla. Dejas que la noche esté tranquila. Estás disponible. No preguntas. Algunas noches, tarde o temprano, ella viene y te busca. Una semana. Dos semanas. A veces un mes. La relación se vuelve a armar bajo otros términos. Los términos los pone ella, más que antes. Esta es la tarea de desarrollo; es más difícil para quien cría que para la hija.
Cuándo volver a entrar
Hacerte a un lado no quiere decir salirte para siempre. Hay algunas situaciones que ameritan volver a involucrarte de forma activa.
- Un patrón claro de poco sueño que está afectando la escuela, el ánimo o la seguridad
- Señales de salud mental junto con el cambio en el sueño
- Consumo de sustancias en las horas de la madrugada
- Que la persona joven pida ayuda, aunque sea de forma indirecta (ojalá pudiera dormir, siempre estoy bien cansada)
- Que la persona joven se aísle de manera importante, más allá del tiempo de cuarto normal de la adolescencia
Cuando aparecen estas señales, la plática no es te quito el celular. Es Estoy viendo algo de lo que quiero platicar contigo. ¿Vamos a comer el sábado? Vuelves como una presencia distinta a la que eras cuando ponías las reglas de la hora de dormir. No como quien pone las reglas. Como quien se da cuenta.
Para cerrar
El día en que la hora de dormir deja de ser tu tarea es, para muchas mamás, uno de los duelos más callados de la crianza. No lo ves venir. Te das cuenta de que ya pasó semanas después de que pasó.
Lo que te queda es una clase distinta de presencia. Disponible. De ambiente. Atenta sin vigilar. Abierta sobre tus propias preocupaciones cuando aparecen. Dispuesta a ser la mamá que se da cuenta, aun cuando la persona joven no alcance a ver por qué alguien tendría que darse cuenta.
En la versión de dos casas, el cruce pasa de forma un poquito distinta en cada casa. Y está bien. Cada casa hace su propia versión. Comparen notas sobre los pocos pisos firmes que todavía importan. Confía más en el arco largo de la relación que en la regla de cada noche que ya no está disponible.
Llegó un jueves y se metió a su cuarto. No la volviste a ver hasta el desayuno. En el desayuno dijo Tuve un sueño bien raro y luego habló de él diez minutos. No le preguntaste a qué hora se durmió. La escuchaste.
Ese es el nuevo ritual.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.