dip
Módulo 03 · Rutinas en edad escolar

El paso de la primaria a la secundaria

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

8–129 min de lectura
El paso de la primaria a la secundaria

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

El paso de la primaria a la secundaria

Módulo 03 · Rutinas en edad escolar · Artículo 23 · Wave 1 · 8-12 años


La solicitud de inscripción llega en marzo. O la junta. O el folleto. Sea cual sea la señal de cada país.

Tu peque de once años está pasando de la primaria a la secundaria. La escuela donde estuvo seis o siete años está por terminar. En otoño va a empezar en un lugar nuevo.

Este es uno de los cambios más grandes de la etapa escolar. Escuela nueva. Uniforme nuevo. Amigos nuevos, en parte. Nivel académico nuevo. Calendario nuevo. Trayecto nuevo, muchas veces. Todo lo demás, nuevo también.

En una familia que vive en dos casas, este cambio tiene capas extra. Las dos casas participan en la elección de escuela. Las dos casas se ajustan al nuevo calendario. El mundo emocional de tu peque se vuelve más grande y más visible durante el cambio. La presión de decidir llega a su punto más alto justo cuando la familia ya carga con mucho.

Este artículo trata de ese cambio.

La elección de escuela

La primera pieza grande. ¿Cuál secundaria?

Cada país lo maneja distinto. En algunos hay una zona escolar definida para la secundaria de la colonia, y la elección es sobre todo de logística (¿queremos esta escuela de la zona o estamos buscando en otro lado?). En otros hay procesos de admisión selectivos (exámenes, entrevistas, solicitudes) que empiezan el año anterior. En otros hay áreas o trayectorias que la familia elige. En otros, quien decide escoge de una lista larga, con asignación por sorteo o por cercanía.

Sea cual sea el sistema, la decisión se comparte entre las dos casas. Aplica lo que dice el artículo sobre la base de las decisiones compartidas. (El Módulo 03, artículo 15, sobre el primer celular, explica el principio. Esta decisión es de una magnitud parecida.)

Algunos principios para la plática.

Las dos casas conocen las escuelas. Visitas a las escuelas, búsqueda en internet, pláticas con otros papás. Cada casa se forma una opinión. No tiene que ser la misma opinión; las dos deben estar bien informadas.

Lo que tu peque prefiere cuenta. A los once años, ya tiene opiniones. Ha oído de las escuelas por sus amigos. Ha visto los edificios. Tiene sentimientos sobre cuál le quedaría mejor. Las dos casas escuchan.

La distancia importa para una familia que vive en dos casas. Una escuela que está a 20 minutos de una casa y a 90 minutos de la otra cambia las cosas de raíz. Quien tenga el trayecto más largo va a manejar más, va a ir más veces por tu peque. Eso le da forma a la rotación entre las dos casas. Hay que platicarlo de frente.

El costo y los recursos importan. Una secundaria privada es un compromiso económico de varios años. Cierto programa selectivo puede tener costos extra (uniforme, libros, cuotas de actividades). Las dos casas se ponen de acuerdo sobre el panorama económico.

La fecha límite es una presión que ayuda a moverse. La fecha de la solicitud es fija. Las dos casas tienen que estar alineadas para entonces. Si la fecha se acerca y todavía no están de acuerdo, esa es la prioridad del siguiente mes.

Si no logran ponerse de acuerdo, quizá haga falta una mediación. La escuela por defecto (la de la zona, a la que tu peque iría sin tomar ninguna decisión activa) es el plan B. La mayoría de las familias lo evitan y llegan a un acuerdo.

Cuando la decisión se complica

Algunas familias llegan a la decisión sin problema. La secundaria de la zona es buena, tu peque quiere ir ahí y las dos casas están de acuerdo.

Otras no.

Patrón uno. En una casa quieren una escuela selectiva; en la otra quieren la escuela de la zona. Las razones varían. Las escuelas selectivas a veces tienen mejores resultados académicos. Las de la zona a veces tienen grupos más diversos y trayectos más cortos. Las dos posturas tienen su razón de ser.

Patrón dos. Las dos casas piensan distinto sobre privada o pública. En una casa pueden pagar la privada y la escogerían; en la otra no pueden, o creen que la pública es la opción correcta por principio. El desbalance de costo importa.

Patrón tres. Las dos casas piensan distinto sobre la filosofía de la escuela (religiosa, pedagogía alternativa, de un solo sexo, mixta). La diferencia de valores es real.

En todos estos casos, la plática merece tiempo de verdad. No traten de resolverlo en un solo fin de semana. No salten rápido a la mediación; unas semanas de plática suelen hacer que las cosas avancen. Conforme avanza, lo que tu peque opina se va volviendo parte de la conversación.

Si el desacuerdo de plano no tiene salida, el marco legal para las decisiones conjuntas sobre educación entra en juego. En algunos lugares hay reglas específicas para las decisiones educativas dentro de los acuerdos de crianza. Un abogado de familia puede aclarar qué permite la ley en tu caso.

Una vez tomada la decisión

Ya quedó la escuela nueva. Ahora las capas prácticas.

El uniforme. Algunas escuelas piden uniforme nuevo. Si tu peque va a llegar el primer día de clases desde cualquiera de las dos casas, las dos casas tienen al menos el uniforme básico. (Mismo principio que el artículo sobre la ropa de educación física. El equipo viaja con tu peque o hay dos juegos.)

Los zapatos y la mochila. Los zapatos para la escuela nueva. La mochila que a tu peque le guste. Lo que prefiere cuenta; déjalo elegir donde tenga sentido.

Los útiles. Los libros, las calculadoras, los materiales específicos. Esto suele venir en la lista de la escuela. Las dos casas saben qué se necesita.

El trayecto. Esto pesa. La escuela nueva puede quedar más lejos que la primaria. Quizá se espere que tu peque haga el trayecto solo (en bici, caminando, en transporte público). Las dos casas tienen que ponerse de acuerdo sobre qué puede hacer.

El calendario. Los horarios de la secundaria pueden ser distintos a los de la primaria. Entrada más temprano. Salida más tarde. Distintos días con distintos patrones. La rotación entre las dos casas quizá necesite ajustarse para que embone con el nuevo calendario.

Cómo se siente este cambio para tu peque, de verdad

El verano antes de la secundaria. Tu peque sabe que se acerca. Está emocionado. Está nervioso. Está más apegado a su identidad de niño de primaria de lo que admite.

En una familia separada, este cambio es una capa encima de las capas que ya existen. Tu peque ya pasó por otros cambios (la separación misma, quizá una mudanza, quizá conocer a una nueva pareja). El paso a la secundaria es uno más.

Esto puede verse así:

Retroceso en el sueño. Tu peque, que venía durmiendo bien, batalla para conciliar el sueño. El cuarto nuevo en la casa nueva puede sentirse distinto. El verano no tiene estructura. El sueño se pone inestable. (Ve el Módulo 01, artículo 15.)

Irritabilidad. Anda de peor humor que de costumbre. Cualquier cosita lo prende. Carga una angustia que tal vez ni sepa nombrar.

Que se pegue mucho. Sobre todo a una de las dos casas. Puede ponerse más sentimental en el intercambio de lo que estaba desde hacía un año.

Que se aleje. Lo contrario. Se encierra. No quiere platicar. Cuesta más llegarle.

Preguntas que vuelven sobre la separación. Los cambios viejos despiertan preguntas viejas. ¿Por qué se separaron tú y mamá? puede volver de una forma nueva a los doce, aunque ya estuviera resuelto a los siete.

Todo esto es normal. Las dos casas lo notan. Las dos casas acompañan. Tu peque no necesita que le resuelvan lo que siente; necesita que lo sostengan.

Las primeras semanas de secundaria

Empieza la escuela nueva. La primera semana es intensa para todos.

Tu peque llega a casa con un montón de información nueva. Nombres de maestros nuevos. Compañeros nuevos. Reglas nuevas. Otra forma de dejar tarea. Está procesando todo.

El trabajo de las dos casas es escuchar, no interrogar. Nada de ¿cómo te fue, con quién te sentaste, hiciste amigos, qué dijo el maestro de mate?. Nomás ¿cómo vas?. Te va a contar lo que quiera contarte. Hay peques bien platicadores con las primeras semanas; otros necesitan tiempo.

Las primeras semanas pueden incluir:

Reacomodo de amistades. El grupo de amigos de la primaria pudo repartirse en varias secundarias. Se están formando amistades nuevas. Algunas de la primaria quizá se estén terminando. Esto es difícil.

Sorpresas académicas. Tu peque puede quedar de los primeros de la clase, o de los últimos, de una forma distinta a como era en la primaria. El nivel cambió.

Confusión de logística. Casilleros. Horarios. Pase del camión. Cambios de salón. Maestros que no conoce. Tu peque resuelve casi todo esto solo; a algunos les cuesta más.

Roces relacionados con las redes y el celular. El celular (si tiene) se vuelve más central. Chats de grupo con el nuevo salón. Pláticas sobre redes sociales en las que tu peque no estaba en la primaria. (Ve el Módulo 03, artículos 15 y 16.)

Las dos casas se mantienen firmes. Las rutinas de antes en este módulo siguen: la hora de dormir, la forma de hacer la tarea, el principio de que la mochila viaja con tu peque.

Quizá haya que platicar más seguido entre las dos casas durante el cambio. Hoy mencionó al maestro de mate. Suena a que anda batallando un poquito. Nomás para que lo sepas. No es un problema nuevo que resolver; nomás un aviso para que en la otra casa estén al tanto.

Cuando el cambio no es parejo

Algunos peques se acomodan a la secundaria en dos semanas. Otros tardan un trimestre. Otros tardan más.

Si tu peque lleva seis semanas y sigue batallando fuerte (sueño, ánimo, no querer ir a la escuela, sufrimiento con lo académico), la conversación se abre. Platica con el tutor del grupo. Platica con la escuela nueva. Quizá involucra a un orientador escolar o a un terapeuta infantil.

En la otra casa son parte de esto. Si en una casa se busca ayuda profesional, en la otra están informados y, ojalá, la apoyan. Tu peque necesita esa respuesta de frente común.

No conviertas el primer trimestre en una tragedia. Muchos peques tardan. La angustia del verano antes de la secundaria muchas veces se va sola en cuanto arranca la rutina. Dale tiempo. Obsérvalo de cerca.

Para cerrar

Septiembre. El nuevo ciclo escolar. Tu peque con su uniforme nuevo, con su mochila nueva, saliendo de casa a las 7:45 en vez de a las 8:30. La escuela nueva queda a veinte minutos en bici. Va solo.

La primera semana es una nube de información nueva. La segunda semana, las cosas se asientan. Para la tercera, ya domina el horario. Para el medio trimestre, ya tiene unos cuantos amigos nuevos y una idea de qué maestros le caen bien.

El calendario de las casas ya se ajustó. El nuevo trayecto hace que tu peque llegue a una casa o a la otra del lado que le conviene para la escuela nueva. El principio de que la mochila viaja con él sigue funcionando. La tarea sigue haciéndose en la casa donde se haga. Las rutinas se sostienen.

Tú y la otra casa eligieron la escuela juntos. Los dos son parte del nuevo capítulo. Tu peque cruzó un umbral. Ya no es del todo un niño de primaria, pero todavía no es un adolescente. Está al inicio de una etapa nueva.

Este es uno de los umbrales más grandes de la crianza compartida en edad escolar. Crúzalo bien y la siguiente etapa tendrá una base firme.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.