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Módulo 09 · Mediación y ayuda de terceros

El acuerdo de crianza como resultado de la mediación

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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El acuerdo de crianza como resultado de la mediación

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El acuerdo de crianza como resultado de la mediación

Módulo 09 · Mediación y ayuda externa · Artículo 04 · Wave 1 · todas las edades


Vas en la cuarta sesión. La persona que media ha estado escribiendo mientras ustedes platican durante los últimos veinte minutos. Voltea la laptop para que ambos puedan ver la pantalla.

Este es el borrador de su acuerdo de crianza, les dice. Recoge lo que hemos platicado y aquello en lo que ya se pusieron de acuerdo. ¿Lo leemos juntos?

Lees en silencio. El documento tiene como tres páginas. Cubre el calendario, las decisiones de la escuela, los protocolos médicos, el arreglo económico, el plan de vacaciones, la estructura de comunicación. Algunas partes te parecen obvias; llevabas meses haciendo esas cosas. Otras te parecen nuevas, el resultado de una plática concreta en la segunda o la tercera sesión. Una parte tiene un espacio en blanco donde la persona que media escribió por definir en la sesión 6.

Terminas de leer. Volteas a ver a quien comparte la crianza contigo. Esa persona te voltea a ver. Ambos asienten, apenas un poco.

Este es el momento en que el acuerdo de crianza entra al mundo.

De qué trata este artículo

Este artículo aborda qué es un acuerdo de crianza, cómo lo produce la mediación, qué lo hace útil y cómo funciona en los años que siguen.

El principio es este. Un acuerdo de crianza es el depósito estructural de la mediación: el registro escrito de lo que dos personas acordaron sobre cómo van a criar a un hijo entre dos casas. El acuerdo importa menos como documento legal que como documento operativo. Su valor está en que existe, en que ambos lo acordaron y en que pueden regresar a él cuando la memoria o algún desacuerdo vuelven las decisiones de hoy más difíciles de lo que tendrían que ser.

El artículo cubre cinco cosas. Qué es un acuerdo de crianza. Qué lleva dentro. Los niveles de obligatoriedad. Cómo funciona en el día a día. Y cómo evoluciona.

Una nota: en distintos países, los acuerdos de crianza tienen distinto peso formal. Los Países Bajos tienen el ouderschapsplan, legalmente obligatorio en casi todos los divorcios. Malasia tiene la Mahkamah Syariah y las órdenes de los tribunales civiles. Indonesia tiene las resoluciones del Pengadilan Agama y el Pengadilan Negeri. El artículo aborda el documento práctico; el peso legal varía según dónde vivas y lo mejor es confirmarlo con un abogado o con quien medie en tu país.

Qué es un acuerdo de crianza

Un acuerdo de crianza es un documento escrito, que normalmente se va armando a lo largo de la mediación y que recoge las decisiones que dos personas tomaron sobre cómo van a criar a su hijo o hijos entre dos casas.

Es específico. Las generalidades no sirven de nada. Nos vamos a comunicar con respeto no es una cláusula de un acuerdo de crianza; la comunicación del intercambio será por WhatsApp, y las llamadas se reservan para emergencias sí lo es. Lo específico es lo que vuelve operativo al acuerdo. Los acuerdos vagos producen desacuerdos a futuro; los acuerdos específicos los previenen.

Es claro. El lenguaje es de todos los días, no jurídico, salvo que la formalización legal exija una redacción específica. Ambos deberían poder leerlo sin un abogado presente y entender lo que acordaron. Lo claro no es simplificar de más; es el requisito práctico de un documento que se va a consultar en la cocina a las 7 de la mañana.

Se escribe juntos. Aun cuando quien media redacta el primer documento, la versión final la leyeron y editaron ambos. Ninguno de los dos dio el visto bueno a una redacción que no entiende del todo. A ninguno se le presionó para aceptar una cláusula con la que no se siente cómodo. El proceso de redactarlo es parte del trabajo; apurarlo produce un acuerdo que en realidad no se acordó.

Se firma. Ambos firman, y lo ideal es que quien media firme también como testigo. Algunos acuerdos luego se formalizan con un abogado o ante un juez, según el país y según lo que ambos prefieran. La firma es simbólica y práctica: es el momento en que el acuerdo se vuelve real.

Se consulta. El acuerdo no se archiva y se olvida. Ambos tienen una copia. Ambos regresan a él cuando surgen dudas. El acuerdo hace su trabajo a lo largo de los años, no en el momento de la firma.

Qué lleva dentro

Un acuerdo de crianza típico cubre las siguientes categorías. La profundidad y el detalle de cada una varían según la familia.

Dónde vive el hijo. En qué casa vive, qué días, con quién. El calendario base. Algunos acuerdos lo especifican hasta la hora; otros describen patrones más amplios. El calendario debería cubrir las semanas de escuela, las vacaciones, los fines de semana y los días especiales (cumpleaños, fiestas religiosas, eventos culturales). Los patrones de cada año suele revisarse cada doce meses.

Estructura del intercambio. Dónde ocurren los intercambios, a qué horas, con cuánto aviso para los cambios. Si el intercambio se hace en la puerta de la escuela, en una de las casas, en un lugar neutral o por traslado del propio hijo (en el caso de los más grandes). Cómo se arma la maleta, quién paga qué en el momento del intercambio y cómo pasan de una casa a otra las cosas de uso diario (medicinas, equipo deportivo, útiles de la escuela).

Comunicación. Cómo se comunican entre ustedes (aquí suelen aparecer los conceptos del Módulo 08, Comunicación con el papá o la mamá de tu peque): canales, tiempos de respuesta, el protocolo de emergencias, el límite alrededor de los mensajes de madrugada. Cómo se comunican con el hijo cuando está en la otra casa: si hay llamadas o videollamadas, cómo se hacen y qué es aceptable.

Toma de decisiones. Qué decisiones se toman entre los dos y cuáles las toma quien tiene al hijo en ese momento. Las decisiones médicas (las de rutina frente a las importantes). Las decisiones de la escuela. La crianza religiosa. Las actividades extraescolares. Las presentaciones de nuevas parejas. Cada categoría tiene sus propias reglas.

Estructura económica. Cómo se manejan los gastos compartidos. Aquí aplican los conceptos del Módulo 07 (Dinero y gastos compartidos): cuentas conjuntas, repartos por porcentaje, qué categorías son de los dos y cuáles no. Colegiaturas, gastos médicos, actividades extraescolares, gastos de vacaciones. Algunos acuerdos incluyen presupuestos detallados; otros marcan principios.

Los vínculos del hijo. Con la familia extendida de cada quien. Con amigos de la familia. Con sus propios amigos. A veces con cláusulas específicas sobre qué relaciones se protegen y cómo.

Viajes. Tanto dentro del país como al extranjero. Dónde se guarda el pasaporte. Los permisos para viajar fuera. La documentación. La comunicación durante el viaje.

Educación. La elección de escuela, los cambios de escuela, las actividades de la tarde, los planes para la universidad (en el caso de los más grandes). Las decisiones sobre clases de apoyo. El acompañamiento para necesidades especiales.

Salud. Médicos de cabecera, manejo de medicinas, vacunas, protocolos de urgencias. Lo relacionado con la salud mental. Los arreglos del seguro.

Cambios grandes en la vida. Qué pasa si alguno quiere mudarse. Qué pasa si el trabajo de alguno cambia bastante. Qué pasa si una nueva pareja se vuelve una figura de padrastro o madrastra. Qué pasa si alguno se vuelve a casar.

Resolución de desacuerdos. Qué pasa cuando los dos no están de acuerdo y no logran resolverlo entre ustedes. Si lo normal es regresar a la mediación. Si se consulta a una tercera persona concreta (quien media, un terapeuta, el médico de la familia). Si se nombra la vía legal.

Calendario de revisión. Cuándo se revisa el acuerdo y, en su caso, se actualiza. Lo común es una vez al año. Muchas veces se amarra al inicio del ciclo escolar o a una fecha en particular.

No todas las familias cubren todas las categorías. Quien media te ayuda a identificar cuáles importan para tu situación y con cuánto detalle. El acuerdo de un niño chiquito se ve distinto al de un adolescente; una situación de poco conflicto produce un documento más ligero que una situación complicada.

Los niveles de obligatoriedad

Un acuerdo de crianza puede existir en tres niveles de peso formal.

El acuerdo operativo. Un documento escrito, firmado por ambos y por quien media, que no tiene estatus legal formal pero que los dos tratan como la referencia que manda. Esta es la versión más común. Funciona porque ambos lo acordaron; lo que lo hace valer es su compromiso mutuo. Para la mayoría de las familias, en la mayoría de las situaciones, con esto basta. El documento hace su trabajo gracias al respeto compartido, no por la amenaza de una sanción legal.

El acuerdo con fuerza legal. Un acuerdo de crianza que se formalizó con un abogado y que, en muchos países, ratificó un juez. En los Países Bajos, el ouderschapsplan es obligatorio y tiene fuerza legal. En Malasia e Indonesia, los acuerdos hechos en la mediación dentro del tribunal pueden convertirse en órdenes judiciales. La fuerza legal le da al acuerdo capacidad de exigirse: si alguno lo incumple, el otro tiene una vía legal. La fuerza legal también suma costo y trámite; no todas las familias la necesitan.

El híbrido. Algunas partes tienen fuerza legal (normalmente el calendario y los arreglos económicos importantes); otras partes son solo operativas (normalmente las reglas de comunicación y la logística del día a día). Esto es cada vez más común. Pone la protección legal donde más se necesita y se ahorra el trámite legal donde no hace falta.

Qué nivel es el correcto para tu familia depende de tres cosas: lo que exige tu país (en algunos lugares, la formalización legal es obligatoria), el nivel de confianza entre ustedes (menos confianza muchas veces justifica más peso legal) y lo complicado de tu situación (más complejidad muchas veces justifica más estructura formal).

Quien media te puede orientar sobre el nivel adecuado. También un abogado de familia, al que se consulta brevemente al final del proceso de mediación.

Cómo funciona en el día a día

El acuerdo, una vez firmado, no se queda en un cajón. Es un documento de trabajo.

Ambos tienen una copia a la mano. Digital, idealmente, para poder abrirla en el celular en el momento en que surge una duda. Algunas familias lo guardan en una carpeta compartida en la nube; otras usan apps especializadas de crianza compartida que tienen el acuerdo junto al calendario y la comunicación. El formato importa menos que el acceso.

Las dudas se responden consultándolo. ¿A qué hora es el intercambio del viernes? Abre el acuerdo. ¿Quién paga el uniforme nuevo de futbol? Abre el acuerdo. La idea del acuerdo es que la respuesta esté ahí, no en una plática nueva cada vez. Con el paso de las semanas y los meses, la fricción de las pequeñas decisiones del día a día baja, porque el acuerdo está haciendo el trabajo.

Las diferencias se notan. A veces el acuerdo dice una cosa y la práctica se fue corriendo hacia otra. Ambos lo han estado haciendo un poquito distinto de lo que dice el documento. La desviación no es el problema; notar la desviación es información. O actualizan el acuerdo para que coincida con la práctica, o ajustan la práctica para que coincida con el acuerdo.

El acuerdo se consulta, no se usa como arma. Usar el acuerdo dice X como garrote es mala forma. Usar vamos a ver qué dice el acuerdo como herramienta es buena forma. La diferencia importa. Un acuerdo de crianza usado como pleito deja de funcionar; un acuerdo de crianza usado para colaborar gana fuerza.

Los cambios grandes regresan a la mediación, no se imponen como hecho consumado. Si algo necesita cambiar bastante, lo correcto es un breve regreso a la mediación (una o dos sesiones) para actualizar el acuerdo juntos. Los cambios unilaterales, que una persona declare un nuevo patrón y espere que la otra obedezca, deshacen la estructura que el acuerdo quería crear.

Cómo evoluciona

Los acuerdos de crianza no son estáticos.

Revisiones anuales. La mayoría de los acuerdos incluyen una cláusula de revisión anual. La revisión puede hacerse con o sin quien media. Algunas familias la hacen juntas tomando un café; otras regresan con quien media para una sesión. La idea es checar si el acuerdo todavía describe cómo de verdad quieren funcionar, a la luz del año que pasó.

Actualizaciones por la edad. La vida de un hijo cambia bastante alrededor de los 5 años (la entrada a la escuela), los 11 (el paso a la secundaria), los 14 a 16 (la autonomía adolescente) y los 18 (la mayoría de edad). Cada una de estas etapas puede justificar una revisión a fondo. El acuerdo debería anticiparlo, con cláusulas que digan cuándo se espera revisarlo.

Actualizaciones por algún evento grande. Una mudanza. Volver a casarse. Un cambio de salud. Un cambio económico importante. Todos estos justifican regresar al acuerdo, y a veces regresar a la mediación, para actualizar la estructura.

Actualizaciones por algún conflicto. A veces una disputa concreta revela un hueco en el acuerdo. Algo que ninguno de los dos había previsto. La disputa en sí es incómoda, pero el hueco es información útil. Una vez resuelta la disputa, el acuerdo se actualiza para cubrir el caso la próxima vez.

La mirada a diez años. Un acuerdo de crianza al principio de la vida de un hijo es un documento distinto al que se redacta cuando el hijo tiene dieciséis. A lo largo de una década, el documento evoluciona con quizá cinco o seis revisiones grandes y muchos ajustes pequeños. La continuidad no está en el texto fijo; está en la práctica de que ambos regresen a un documento compartido y lo ajusten juntos.

Cuando no logran ponerse de acuerdo en todo

Es común que la mediación produzca un acuerdo parcial: casi todo resuelto, uno o dos temas tercos que quedan pendientes.

Unos cuantos principios.

Recojan lo que ya acordaron. No dejen todo el acuerdo de rehén por los pedazos tercos. El 80% que ya resolvieron es un avance real, y merece quedar por escrito y firmado. El 20% restante puede atenderse aparte.

Nombren lo que quedó pendiente. El acuerdo debería anotar explícitamente qué no se resolvió y cuál es el plan para resolverlo. El reparto económico de los gastos de universidad sigue en discusión; se retomará en 12 meses como parte de la revisión anual. Nombrarlo convierte lo pendiente en una categoría, en lugar de un hueco escondido.

Especifiquen el arreglo provisional. Aun para los temas sin resolver, el año que viene normalmente necesita un arreglo que funcione. Especifíquenlo, aunque ambos lo consideren provisional. El arreglo provisional crea espacio para la plática más a fondo más adelante.

Decidan los siguientes pasos. ¿Regresarán a la mediación? ¿Acudirán a otra tercera persona? ¿Intentarán de nuevo la plática directa, con una fecha límite? El acuerdo debería nombrar el siguiente intento de resolución y una fecha.

El acuerdo parcial suele ser más útil de lo que la gente espera. Demuestra que la mediación produjo resultados reales y aísla lo que todavía falta trabajar. Las dos cosas valen.

Para cerrar

Quien media voltea de nuevo la laptop. Les repasa una vez más la cláusula pendiente, confirma qué hace falta para la sexta sesión y se pone de pie.

Les mando la versión final el viernes. Tómense el fin de semana para leerla con calma. Traigan los últimos cambios a la siguiente sesión, y podemos firmar al final.

Tú y quien comparte la crianza contigo asienten. Te pones de pie. Le das la mano a quien media. Salen juntos.

En el estacionamiento, la persona con quien compartes la crianza dice, brevemente: La verdad salió mejor de lo que pensaba. Estás de acuerdo.

El acuerdo todavía no es del todo real. Lo será para la próxima sesión. Pero el trabajo que lo produjo ya está hecho. El documento en la pantalla de quien media recoge lo que ustedes dos construyeron a lo largo de cinco sesiones: una manera estructurada de criar a un hijo entre dos casas que ninguno de los dos, por su cuenta, habría podido producir.

En unos meses, vas a empezar a usar el acuerdo en el día a día. Lo abrirás en el celular cuando surja una duda. Citarás una cláusula concreta cuando la escuela te pregunte por el arreglo de las vacaciones. De vez en cuando, te darás cuenta de que el acuerdo se salvó una conversación que de otro modo habría sido difícil.

El acuerdo no sustituye al trabajo. Es lo que queda del trabajo, vuelto portátil, listo para hacer su labor callada a lo largo de los años que siguen.

Si quieres una herramienta estructurada que te ayude a redactar, pulir y mantener un acuerdo de crianza (con o sin una persona que medie), parentalagreement.com está hecho para esto. Usa el mismo marco clínico en el que se apoya este artículo y produce documentos que tu mediador o abogado pueden revisar antes de cerrarlos.

Sea cual sea la herramienta que uses, lo que importa es el documento mismo: escrito, acordado, firmado, accesible. A partir de ahí, el trabajo se mueve al día a día. Quien media ya hizo su parte. Ahora el acuerdo hace la suya. Ustedes dos, con la estructura debajo, hacen la de ustedes.

Tu peque, de alguna forma que tal vez no sepa poner en palabras durante años, se va a beneficiar de crecer dentro de una estructura que sus papás construyeron juntos, aun cuando construirla haya sido difícil, aun cuando hayan hecho falta cinco sesiones para producir tres páginas.

Eso es el acuerdo de crianza, al final. No es papeleo. Es la forma de una familia que eligió seguir funcionando entre dos casas, con el cuidado deliberado de haber escrito cómo.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.