dip
Módulo 13 · Conducta y regulación emocional

El niño que se retrae

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

4–78–127 min de lectura
El niño que se retrae

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

El niño que se retrae

Módulo 13 · Conducta y regulación emocional · Artículo 04 · Wave 2 · 4-12 años


Al niño enojado es imposible no verlo. El que se retrae es lo contrario, y justo ahí está el problema. Tu peque se quedó callado. Platica menos, juega menos, pasa más tiempo solo en su cuarto, contesta con una sola palabra y, de alguna manera, se siente más lejos de lo que estaba antes. No hay ninguna tormenta a la cual responder, nada que reclame tu atención, nomás una manera lenta en que se va apagando ese niño que conocías. Y como es algo callado, es fácil dejarlo pasar, decirte a ti mismo que nomás está cansado, que nomás está creciendo, que nomás es una etapa.

Retraerse después de una separación es una respuesta para regularse, igual que el enojo, solo que más callada. Donde el niño enojado empuja hacia afuera ese sentimiento que lo desborda, el que se retrae lo jala hacia adentro: se queda quieto y se hace chiquito para manejar lo que no alcanza a procesar. Pide la misma lectura que el enojo, la conducta como información de lo que pasa por dentro, y pide cierto tipo de presencia: paciente y sin presión.

Retraerse también es una forma de sobrellevar

Cuando un sentimiento es demasiado grande para cargarlo, los niños lo manejan con las herramientas que su temperamento les da. Algunos lo sacan, en forma de enojo y de portarse mal. Otros lo guardan adentro: se quedan callados, achican su mundo, se repliegan hacia adentro. Las dos cosas son intentos de sobrellevar algo que los desborda. El niño que se retrae no siente menos que el que se enoja. Está manejando el mismo tipo de desborde, nomás que en dirección contraria.

Después de una separación, retraerse puede cargar duelo, tristeza, ansiedad o una sensación de desborde que tu peque sobrelleva bajándole a todo lo que le entra. Replegarse del mundo es una manera de manejar las cosas cuando el mundo se volvió demasiado. Tu peque se queda callado porque el silencio se siente más seguro que la avalancha que sentiría si se quedara del todo abierto. Irse a su cuarto, quedarse quieto, meterse para adentro, son maneras de contener algo que todavía no puede cargar de ninguna otra forma.

Así que ese silencio es información, igual que el enojo. Te está diciendo que tu peque trae algo cargando. Que no sea aparatoso no lo hace menos importante. De algún modo lo hace más importante, justo porque es mucho más fácil pasarlo por alto.

El riesgo del niño que es fácil pasar por alto

Aquí está el peligro de verdad con el retraimiento. Es cómodo. Un niño callado, que no exige nada, no altera la casa, no pide que lo estés manejando todo el tiempo, no le jala a alguien que ya viene estirado al límite. En el cansancio que deja una separación, un niño que se cuida solito y calladito, sin pedir nada, puede sentirse, en cierto nivel, como un alivio. Y por eso su retraimiento puede quedarse sin que nadie lo note ni lo atienda, de una forma que la conducta de un niño enojado nunca permitiría.

Vale la pena decirlo con honestidad, porque al niño que se retrae se le puede ir de las manos justo cuando estás más agotado. La rueda que rechina se lleva la atención; al callado lo dejan en paz, que es lo contrario de lo que necesita. Un niño que se retrae no es un niño de bajo mantenimiento que está bien. Es un niño manejando su malestar de una manera que, de pura casualidad, no le estorba a nadie, y necesita que lo notes de todos modos, quizá más que el niño que se vuelve imposible de ignorar.

Así que la primera tarea es simplemente verlo. Reconocer que ese silencio es algo, no un no-algo. Resistirte a esas ganas, por más comprensibles que sean, de agradecer que te tocó el niño fácil y dejarlo a su aire. El niño que se retrae necesita que te acerques a él aunque no te lo esté pidiendo.

Presencia sin presión

El impulso, una vez que lo notaste, suele ser sacarle las palabras al niño, preguntarle qué tiene, hacerlo platicar. Pero presionar a un niño retraído para que se abra casi siempre sale al revés. El retraimiento es un repliegue que lo protege, y cuando empujas la puerta tiendes a hacer que el niño se meta todavía más adentro. ¿Qué tienes? Háblame. ¿Por qué estás tan callado? aterriza como presión, y la presión es lo contrario de lo que hace que un niño replegado se sienta lo bastante seguro para salir.

Lo que funciona mejor es la presencia sin presión. Estar cerca de él sin exigirle que actúe estando abierto. Sentarte en el mismo cuarto. Hacer una actividad tranquila a su lado. Ofrecerle compañía suavecita que no le pida hablar. El niño que se retrae muchas veces vuelve a asomarse no cuando se lo piden, sino cuando siente una presencia firme y sin exigencias que hace que sea seguro hacerlo.

A esto a veces se le llama estar disponible en lugar de estar encima. Dejas claro, con tu cercanía constante, que ahí estás, que no te vas a ningún lado, que no hay presión pero la puerta está abierta. Nomás me voy a quedar aquí contigo un ratito. Sin ninguna agenda. Un niño que siente esa presencia confiable y paciente muchas veces empieza, a su propio ritmo, a regresar poco a poco hacia el contacto y, a veces, tarde o temprano, a hablar, cuando hablar es idea suya y no exigencia tuya.

Para muchos niños que se retraen, la actividad compartida ayuda más que la plática directa. Cocinar algo juntos, una caminata, un juego, una tarea hecha lado a lado. El contacto pasa a través del hacer, de reojo, sin el reflector de una conversación de vamos-a-hablar-de-tus-sentimientos que un niño retraído muchas veces siente insoportable. Muchos niños van a decir más mientras desgranan chícharos o patean un balón que lo que dirían jamás sentados frente a frente con que les pregunten cómo se sienten.

¿Una etapa o un patrón?

Algo de retraimiento después de una separación es normal y se pasa. Tu peque se mete para adentro un rato mientras procesa y luego, con una presencia paciente y constante, poco a poco regresa. Este es el caso más común, y no pide alarma, nomás atención.

Pero vale la pena estar al pendiente de la diferencia entre una etapa y un patrón. Un retraimiento que se hace más hondo en vez de aliviarse, que dura muchas semanas o meses sin que tu peque vuelva a asomarse, que viene con otras señales, perder el interés en cosas que antes amaba, cambios en cómo come o cómo duerme, una sensación apagada que no se levanta, vale la pena tomarlo más en serio. Un retraimiento que se queda y se hace más hondo puede irse convirtiendo en algo, como una depresión infantil o una ansiedad importante, que se beneficia del apoyo de un profesional. Los artículos sobre la ansiedad y sobre la terapia explican cuándo buscar esa ayuda.

No necesitas dar un diagnóstico. Necesitas notar hacia dónde va la cosa. ¿El silencio se va aliviando despacito conforme tu presencia paciente hace su trabajo, o se va haciendo más hondo a pesar de ella? Lo primero es una etapa para sostener con calma. Lo segundo es una señal para sumar más apoyo, no porque hayas fallado, sino porque algunos niños necesitan más que una presencia firme para encontrar el camino de regreso, y conseguirles esa ayuda es parte de criar bien, no una señal de que no lo estás haciendo.

La frase que te llevas

El niño que se retrae está manejando un desborde jalándolo hacia adentro, la contraparte callada del niño enojado que empuja hacia afuera, y es tanto una forma de sobrellevar como cualquier estallido. El riesgo de verdad es que un niño callado, que no exige nada, sea fácil de pasar por alto justo cuando estás más agotado, así que la primera tarea es verlo y acercarte a él de todos modos. Ofrece presencia sin presión, una cercanía firme y sin exigencias, y un contacto de reojo a través de la actividad compartida, en lugar de presionarlo para que se abra. Y observa hacia dónde va: sostén con calma una etapa que se pasa, mientras buscas más apoyo para un retraimiento que se hace más hondo en vez de aliviarse.

El niño callado sigue trayendo algo cargando. Lo más amable que puedes hacer es notar el silencio y sentarte a su lado sin exigirle que se explique.

El niño que no pide nada muchas veces es el que más necesita que te acerques. Nota el silencio, y no lo confundas con que está bien.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.