La llamada de buenas noches. ¿Le hablas a tu peque las noches que pasa en la otra casa?
By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

La llamada de buenas noches. ¿Le hablas a tu peque las noches que pasa en la otra casa?
Módulo 01 · Sueño y hora de dormir · Artículo 07 · Wave 2 · todas las edades
Miércoles por la noche. Tu peque está en la otra casa. La hora de dormir es a las 8:00. Traes el celular en la mano. No lo ves desde el lunes en la mañana. Lo extrañas. Y también sabes que si le hablas ahorita, vas a alcanzar a darle las buenas noches. Y que si no, a lo mejor no van a platicar hasta el viernes.
La pregunta parece chiquita. No lo es. Las llamadas de buenas noches entre las dos casas son una de las dudas que más surgen en la vida de una familia que vive en dos casas, y la respuesta correcta depende de la edad de tu peque, del tipo de tarde que tuvo y de para qué es la llamada en realidad.
Este artículo trata de esa llamada. De si conviene hacerla. De cuándo. De cómo. Y de qué hacer cuando la llamada empieza a empeorar la hora de dormir en lugar de mejorarla.
Por qué esta pregunta es difícil
La tensión que hay detrás de la pregunta es real.
De un lado: la conexión. Tu peque está en otro lado. Lo extrañas. El celular está ahí, a la mano. Una llamada de dos minutos no cuesta nada y a lo mejor lo hace sentir acompañado.
Del otro lado: la calma. La hora de dormir es justo el momento en que el sistema nervioso de tu peque está soltando el día. Cualquier cosa que lo active, aunque sea algo agradable, puede interrumpir ese soltar. Una llamada de buenas noches puede volver a despertar las ganas de estar contigo justo en el momento en que se estaba acomodando con quien sí está ahí esa noche.
Las dos cosas son ciertas. La llamada es conexión y la llamada es interrupción. La tarea de este artículo es ayudarte a distinguir, en tu situación específica, cuál de las dos es tu llamada.
Qué hace la llamada en el cuerpo de tu peque
La llamada de buenas noches tiene efectos distintos a distintas edades. En el fondo, está haciendo una de tres cosas.
Tranquilizar. Tu peque se pregunta dónde estás, no acaba de saberlo, escucha tu voz un momentito y se acomoda. Mamá está en su casa. Está bien. Me quiere. Ya puedo dormir. Esta es la versión que ayuda.
Reavivar. Se estaba acomodando, más o menos. Llega la voz. Vuelven las ganas. Quiero a mi mamá. ¿Por qué no está mi mamá? ¿Dónde está mi mamá? El llanto vuelve a empezar. Esta es la versión que no ayuda.
Cumplir el trámite. Tu peque está bien. Toma la llamada. Dice buenas noches. Quiere regresar a lo que estaba haciendo. La llamada no cambió nada, ni para un lado ni para el otro. Esto no ayuda ni hace daño, pero vale la pena notarlo, porque a veces uno interpreta una llamada tranquila como prueba de que la llamada sirvió, cuando en realidad nomás no era un problema de ningún modo.
La misma llamada puede ser tranquilizadora para un peque y reavivadora para otro, según la edad, el carácter y el tipo de día que tuvo. La misma llamada puede tranquilizar un miércoles y reavivar el miércoles siguiente.
La señal en la que sí puedes confiar: lo que pasa en los diez minutos después de colgar. Si se acomoda más rápido, la llamada ayudó. Si llora más fuerte, la llamada lastimó. Pregúntale a quien lo está acostando, con calma, ¿cómo estuvo la hora de dormir después de la llamada? Su respuesta son los datos.
Edad por edad
De 0 a 3 años. Sueño 04 lo explica a detalle. La versión corta: las llamadas en vivo durante la calma previa o durante el llanto por lo general empeoran las cosas para los más chiquitos. Vuelven a despertar las ganas de estar contigo justo en el momento en que tu peque se supone que se está acomodando con quien sí está ahí. El puente que hay que construir es antes de dormir, no durante. Un audio cortito tuyo leyendo un cuento, puesto al inicio de la calma previa, muchas veces logra lo que una llamada en vivo no podría. Una videollamada antes de la cena (a las 5:30, antes de que empiece la calma previa) suaviza la noche sin alterar la entrada al sueño.
De 4 a 7 años. El cálculo se vuelve más fino. Un peque de 5 años a veces puede sostener una llamada cortita de buenas noches sin desacomodarse, sobre todo cuando él mismo la pidió. La llamada debería ser:
- Corta. Dos o tres minutos máximo.
- No lo último antes de dormir. Termínala al menos 15 minutos antes de la hora de dormir, para que la calma previa pueda volver a acomodar el cuerpo después.
- Ligera de tono. Nada de te extraño muchísimo, ojalá estuviera ahí. Más bien hola, mi amor, nomás te quería dar las buenas noches. Te quiero. Mañana vas a la escuela y nos vemos el viernes.
- A veces agendada, a veces no. A esta edad, una llamada cada noche puede convertirse en una rutina fija que tu peque luego necesita aunque en realidad no la necesite.
De 8 a 12 años. Ahora tu peque ya puede sostener una llamada más larga sin perder la calma. La llamada se parece más a las que tienen los adultos. Siguen aplicando dos principios:
- No la hagas lo último antes de dormir. Termínala de 10 a 20 minutos antes de apagar la luz.
- No uses la llamada para hablar de cosas pesadas. Lo que haya pasado en la escuela ese día, cualquier roce que traiga con un amigo, cualquier sentimiento que tenga sobre vivir en dos casas: esas no son pláticas para la hora de dormir. Tu peque se va a dormir con lo que sea que haya quedado al final de la llamada.
De 13 a 17 años. Tu adolescente maneja sus propias llamadas. Te va a escribir o te va a hablar cuando quiera. A esta edad, el contacto lo inicia tu adolescente, no tú. La llamada de buenas noches que importaba a los 7 años ya no importa a los 14. Lo más probable es que no la quiera. Y si la quiere, va a agarrar el celular.
Qué tipo de llamada ayuda
El tipo de llamada que ayuda, sin importar la edad:
- Es corta.
- Es ligera.
- Termina bastante antes de apagar la luz.
- No carga una emoción pesada que tu peque tenga que acomodar antes de dormir.
- Trata la llamada como un momentito de contacto, no como una despedida.
El tipo de llamada que no ayuda:
- Es larga.
- Es emocional. Te extraño muchísimo. Estoy bien triste. Te quiero, ojalá estuviera ahí. Ahora tu peque tiene que cargar con tus sentimientos antes de poder dormir.
- Es de logística. ¿Ya terminaste la tarea? ¿Tu papá te preparó el lonche para mañana? Esa es información que se intercambia de adulto a adulto, no a la hora de dormir de tu peque.
- Es sobre la otra casa. ¿Tu papá fue amable hoy? ¿La pasaste bien? Esto pone a tu peque en la posición de tener que reportarle a un papá sobre el otro. (El Módulo 08, artículo 01 (Comunicación con el papá o la mamá de tu peque), explica por qué esto va desgastando con el tiempo.)
- Es justo en la puerta del sueño. Buenas noches, mi amor, te quiero, que descanses, y luego tu peque llora cuarenta minutos.
Si no tienes claro si tu llamada está en la columna de las que ayudan o de las que no, la prueba es la respuesta de quien lo está acostando a la pregunta ¿cómo estuvo el resto de la hora de dormir?
Cuando en la otra casa hablan durante tu hora de dormir
La situación al revés. Estás acostando a tu peque. Llaman de la otra casa. Tu peque quiere contestar. Sientes que se te tensa la quijada.
El principio: la llamada es de tu peque, no tuya. Si quiere contestar, contesta, dentro de la misma guía de edad por edad. Tú no eres el portero.
Lo que sí puedes hacer:
- Mete una reglita sencilla en la rutina de antes de dormir. La llamada antes de lavarse los dientes, no después. Esto protege la calma previa sin bloquear la llamada.
- Si de la otra casa llaman seguido durante el llanto o justo al apagar la luz, plantéalo una vez, con calma, de adulto a adulto. Creo que los niños se acomodan mejor si las llamadas son antes de las 7:30. No como acusación. Como una nota de procedimiento.
- Si la llamada se alarga y tu peque se desacomoda, ciérrala con cariño por él. Mañana volvemos a platicar con tu mamá. Ahora a lavarnos los dientes. No estás bloqueando la llamada. La estás cerrando en un punto razonable.
No conviertas a tu peque en el mensajero de tus preferencias sobre estas llamadas. No le escribas con enojo a la otra casa mientras está hablando con tu peque. No uses la llamada de buenas noches como el lugar para poner peros sobre el arreglo más amplio.
La noche de enfermedad y la llamada de susto
Hay noches en que las reglas normales no aplican.
Tu peque está enfermo. Quiere a quien no está con él esa noche. La guía habitual de no llamar durante el llanto queda a un lado frente a la necesidad de tu peque de escuchar esa voz. Haz la llamada. Quédate en ella todo el tiempo que tu peque necesite. El riesgo de reavivar las ganas es menor que el riesgo de que se sienta solo con su fiebre.
Hubo un susto de verdad. Tu peque está asustado. Quiere saber de ti aunque no estés ahí. La misma respuesta. Haz la llamada.
Tu peque está pasando por algo. Un pleito con un amigo, una semana difícil, una etapa de ansiedad. Las llamadas de buenas noches en esas etapas pueden volverse más seguidas por un tiempo, y eso está bien. Van a volver a bajar una vez que pase la etapa.
Estas no son excepciones a una regla que sugiera que los papás deben ser fríos. Son los momentos en que la llamada de buenas noches está haciendo justo aquello para lo que existe: sostener a tu peque a lo largo de algo difícil.
Para cerrar
La llamada de buenas noches es algo chiquito que pesa más de lo que parece. La misma llamada puede tranquilizar o reavivar, según lo que el sistema nervioso de tu peque necesite esa noche.
Las reglas sencillas:
- Corta, ligera, que termine antes de la puerta del sueño.
- Lo bastante seguida para mantener el contacto, lo bastante espaciada para no volverse una necesidad.
- Tranquilidad, no las ganas del adulto transmitidas a tu peque.
- Para y escucha si quien lo está acostando te dice que está empeorando la hora de dormir.
No puedes cubrir la ausencia con una llamada. Tu peque sabe que no estás ahí. Lo que sí puedes hacer es dejar un pedacito de ti en la noche. Un audio antes de la cena. Una llamada rápida durante el baño. Un audio al inicio de la calma previa. Para que tu peque te lleve consigo hacia el sueño.
Eso es lo que la llamada de buenas noches es en su mejor versión. No un sustituto de estar ahí. Un hilito de ti, sostenido con suavidad, mientras tu peque duerme en su otra casa.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.