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Módulo 09 · Mediación y ayuda de un tercero

Trabajar con los orientadores de la escuela

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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Trabajar con los orientadores de la escuela

Trabajar con los orientadores de la escuela

Módulo 09 · Mediación y ayuda externa · Artículo 07 · Wave 2 · preescolar, primaria, secundaria


Es jueves y vas llegando por tu peque a la escuela. La maestra te alcanza a la salida y te dice, con suavidad, Nada más quería avisarte que he estado al pendiente de [tu peque], con todo lo que está pasando. Lo noté más calladito esta semana.

Te da gusto que la maestra esté atenta. Y, al mismo tiempo, te queda una duda chiquita sobre qué quiere decir con eso de con todo lo que está pasando. Tú no le platicaste a la maestra de la separación. Quizá lo hicieron desde la otra casa. O quizá la maestra lo dedujo por algo que dijo tu peque. Venga de donde venga, ahora la maestra tiene una idea de tu peque que tú no autorizaste de forma explícita, y esa idea es, a grandes rasgos, acertada.

Te quedas un momento en el pasillo después de que la maestra se aleja. Tu peque, sin enterarse de nada, te enseña un dibujo.

Este artículo trata de lo que la escuela sí hace y de lo que no hace en este terreno que ahora estás recorriendo.

De qué trata este artículo

Este artículo habla del papel de la escuela como tercero en la crianza compartida. Cuándo la escuela es de verdad útil. Cuándo meterla en esto es riesgoso. Y cómo apoyarte bien en ella.

El principio es este. La escuela es lo más estable y constante en la vida de tu peque: el mismo edificio, los mismos maestros, las mismas rutinas, las mismas expectativas. Eso la convierte en una fuente enormemente útil de información sobre cómo le está yendo a tu peque. Pero no la convierte en quien decide por las dos casas, ni en árbitro de sus desacuerdos, ni en sustituto del trabajo de mediación que tienen que hacer por separado. Apoyarte bien en la escuela significa usarla para lo que está hecha: educar a tu peque y darle contención dentro de ese contexto educativo.

El artículo cubre cuatro cosas. Lo que la escuela sí puede ofrecer. Lo que no. Cómo darle la información de forma adecuada. Y cómo coordinarse cuando en una casa se comparte de más o de menos.

Lo que la escuela sí puede ofrecer

Tiene varias capacidades muy útiles.

Una observación constante de tu peque. Los maestros y los orientadores ven a tu peque seis o siete horas al día, cinco días a la semana, en un lugar donde su comportamiento está moldeado por las normas sociales y las expectativas académicas. La información que ellos tienen es distinta de la que tiene cualquiera de las dos casas. Notan los cambios de ánimo, de convivencia con los demás, de concentración en clase y de cómo se presenta físicamente. Una maestra que ha estado con tu peque seis meses tiene datos a los que ninguna de las dos casas tiene acceso.

Una estructura de contención para tu peque. La mayoría de las escuelas tiene sistemas para acompañar a los alumnos en épocas difíciles: la oficina del orientador, un salón tranquilo, un maestro asignado que se acerca a preguntar cómo va, un esquema de apoyo entre compañeros. Tu peque puede acceder a todo esto sin que ninguna de las dos casas intervenga directamente. La estructura funciona porque es parte de la relación que la escuela ya tiene con el alumno, no un arreglo especial que se activó por tu situación.

Una continuidad que cruza de una casa a la otra. La escuela es el lugar que no cambia cuando tu peque cambia de casa. Los mismos maestros, las mismas rutinas, las mismas expectativas. Para alguien que se mueve entre las dos casas, esa constancia es un piso firme que es difícil de replicar. La escuela lo logra sin pensarse a sí misma como una herramienta de crianza compartida; lo logra nada más con ser una escuela.

Una mirada neutral sobre el bienestar de tu peque. Un orientador escolar no tiene nada invertido en la versión de los hechos de ninguna de las dos casas. Su preocupación profesional es tu peque. Esa neutralidad, cuando se aprovecha como se debe, puede ser de verdad útil: una mirada sobre tu peque que no está teñida por el mundo emocional de ninguna de las dos casas.

Un puente hacia otros servicios. La mayoría de las escuelas tiene contactos para canalizar a un psicólogo educativo, a un terapeuta infantil, a especialistas en apoyo al aprendizaje y, en algunos casos, a servicios para la familia. Si tu peque necesita ayuda especializada, muchas veces la escuela es el camino más rápido.

Lo que la escuela no puede hacer

Igual de importante de entender.

No puede mediar entre tú y la otra casa. La escuela no es un tercero neutral en la relación entre adultos. Su papel no es facilitar su comunicación, ni guardar información que tú no quieras compartir con la otra casa, ni tomar partido en sus desacuerdos. Pedirle eso a la escuela es confundir las cosas, y una buena escuela lo va a declinar con tacto.

No puede tomar las decisiones de crianza por ustedes. ¿Tu peque debe ir al campamento de la escuela? ¿Conviene cambiarlo del turno de la mañana al servicio de la tarde? ¿Que entre a la nueva actividad extraescolar? Esas son decisiones de crianza, no decisiones de la escuela. A veces la escuela tendrá información que pesa en la decisión (si tu peque está listo, qué permite el calendario), pero la decisión es de las dos casas. La escuela no decide por ustedes.

No puede guardar secretos de una casa a favor de la otra. Casi todas las escuelas, salvo contadas excepciones, tratan por igual a ambos padres ante la ley. Si desde una casa le piden a la escuela que le oculte información a la otra, lo normal es que la escuela diga que no. Y hace bien. Pedirle a la escuela que tome partido sobre qué información se comparte la pone en una posición imposible.

No puede ser tu canal de comunicación. ¿Le puedes decir a la otra casa que…? dicho a una maestra es un mal uso. El trabajo de la maestra es tu peque, no pasar recados entre adultos. El Módulo 08 (Comunicación con el papá o la mamá de tu peque) trata de los canales directos que sí son apropiados para la crianza compartida.

No puede sustituir la terapia o el acompañamiento psicológico cuando hay un malestar serio. Un orientador escolar es un generalista dentro de un entorno educativo. No es un psicólogo infantil. Si tu peque muestra un malestar serio, el orientador puede ser el primer punto de contacto, pero el siguiente paso suele ser canalizarlo con un especialista fuera de la escuela.

No puede manejar por ustedes los choques de calendario. ¿Pueden asegurarse de que los viernes [tu peque] se vaya con la otra casa? dicho al personal administrativo es pedir de más. La escuela quizá tenga registrado su calendario de intercambios, pero manejar el día a día de eso es trabajo suyo, no de ellos.

Cómo darle la información a la escuela

Unos cuantos principios.

Infórmenle una vez, en corto y por escrito. Un mensaje breve a la maestra titular o a la maestra de grupo: Hola. Queríamos avisarles que [tu peque] ahora vive entre dos casas. Los días de intercambio suelen ser X y Y. [Nombre de la otra mamá o el otro papá] y yo estamos los dos involucrados en la educación de [tu peque] y a los dos se nos debe contactar para cualquier asunto de la escuela. Les agradeceríamos que nos traten por igual. Con eso basta. La escuela conoce la situación, tiene la información que necesita para la logística y sabe que ambos padres están en pie de igualdad. La nota es corta, neutral y conjunta.

Den la información juntos cuando se pueda. Si tú y la otra casa pueden ponerse de acuerdo en un solo mensaje para la escuela, esa es la mejor versión. Un mensaje conjunto le indica a la escuela que la situación se está manejando de forma cooperativa, lo cual hace más probable que la escuela acompañe bien a tu peque. Si lo conjunto no es posible, informen por separado pero de forma pareja.

No editorialicen. La escuela no necesita saber quién se fue, por qué, de quién fue la culpa, cómo está el tema de las nuevas parejas ni qué tan enojado estás. Cualquiera de esos datos, dado a la escuela, se vuelve una idea que, sin darse cuenta, van a traer puesta en su trato con tu peque. La versión limpia es nada más la realidad operativa, dicha de forma neutral.

Avísenles cuando haya cambios de verdad. Un nuevo hermanito. Una mudanza. Un cambio en el calendario de intercambios. Un proceso formal de mediación o legal que afecte la escuela. Los avisos deben ser pocos y operativos. Cambiamos a un nuevo calendario de intercambios a partir del siguiente periodo está bien. Las cosas han estado muy difíciles en casa es más de lo que la escuela necesita.

Pregúntenles qué necesitan de ustedes, no qué pueden hacer por ustedes. ¿Hay algo que podamos hacer para ayudarles a acompañar bien a [tu peque]? es una pregunta útil. A veces la escuela tendrá peticiones concretas: un aviso anticipado de los días de intercambio, una persona fija a quién llamar, papeles actualizados con las direcciones de ambos padres. Sus peticiones suelen ser chiquitas y operativas, y vale la pena cumplirlas.

Cuando en una casa se comparte de más

Esta es la versión más común de que la escuela se involucre de más: en una casa (muchas veces la que está pasándola peor) meten a la escuela en el mundo emocional de la separación.

Unos cuantos patrones.

La maestra a la que le contaron de más. Sabe de la infidelidad, del pleito por el dinero, del comportamiento de la nueva pareja. Le incomoda saberlo. Ya no lo puede des-saber. De algún modo va a tratar distinto a tu peque por habérselo contado.

El orientador al que convirtieron en confidente. Reuniones semanales con la mamá o el papá (no con tu peque) sobre lo que pasa en casa. El orientador es un generalista; no está preparado para esto; y, sin hacer ruido, se va a volver menos eficaz con tu peque conforme los asuntos de adultos le ocupan el espacio.

La administración a la que pusieron en medio. No le digan a la otra casa lo del paseo escolar. No dejen que en la otra casa firmen la autorización. Díganle a la otra casa que primero tienen que pagar. A la administración le están pidiendo que tome partido; quizá lo haga un ratito; pero tarde o temprano va a poner peros, y la relación con ambos padres va a salir lastimada.

Si notas que en la otra casa están haciendo algo de esto, la versión que sí se puede abordar es platicarlo directamente con ellos, no responder a través de la escuela. Me di cuenta de que la escuela parece saber más de lo que yo esperaba. ¿Podemos ponernos de acuerdo en qué les compartimos? La conversación no es fácil; pero es la correcta.

Si lo has estado haciendo tú, la versión que sí se puede abordar es parar, sin aspavientos, y dejar que la idea que la escuela tiene de ti y de tu situación se vaya recalibrando poco a poco con los meses. La escuela es comprensiva; tu peque carga menos con las consecuencias si dejas de sumarlas.

Cuando en una casa se comparte de menos

La versión menos evidente: en una casa (muchas veces la que está pasándola menos mal, o la más reservada) no le cuentan nada a la escuela, y la escuela no tiene idea de por qué tu peque de repente está más callado, falta en días de intercambio o se distrae en clase.

Igual de abordable.

La información mínima sí importa, aunque preferirías mantener las cosas en privado. A la escuela le va mejor con un poquito de información acertada que con cero información y las inferencias equivocadas. Ahora estamos en un arreglo de dos casas es suficiente; la escuela no necesita nada más allá de eso.

El calendario de intercambios necesita estar registrado. La confusión a la hora de ir por los niños a la escuela es una de las fuentes más comunes de estrés evitable para tu peque. La escuela debe saber qué casa pasa por él cada día y cuál es el protocolo para los cambios.

Los datos de contacto de ambos padres, en uso real. No nada más los de una casa. La escuela debe poder localizar a las dos casas, y por defecto debe poner en copia a ambas en las comunicaciones escolares. Si en la lista de contactos de la escuela solo aparece una casa, la otra está operando a ciegas.

Para cerrar

Es de noche y estás en casa. Tu peque hace la tarea en la mesa. Tú estás en la cocina, dándole vueltas al comentario de la maestra.

Le redactas un mensaje corto a la otra casa. Hola. Solo quería confirmar, ¿le platicaste a [la maestra] de nuestra situación? Hizo un comentario hoy a la salida que da a entender que está enterada. No me molesta, nada más quiero que estemos en la misma página sobre lo que la escuela sabe.

La respuesta llega a los veinte minutos. Lo mencioné en la junta de padres del mes pasado. Solo lo operativo, sin detalles. ¿Debí ponerte en copia?

Sí, para la próxima. Mejor mantengamos juntos los avisos a la escuela.

De acuerdo.

Y ya. El terreno queda mapeado. La regla queda puesta. La escuela sigue siendo útil de la manera en que las escuelas están hechas para ser útiles. Ninguno de los dos la arrastró al mundo de los adultos, para el que no está preparada. Tu peque sigue yendo a una escuela donde los adultos a su alrededor saben lo suficiente para acompañarlo y no tanto como para distorsionar ese acompañamiento.

El siguiente periodo, cuando arranque, tú y la otra casa le mandarán a la maestra un correo breve y conjunto para confirmar que el arreglo sigue igual y para agradecerle su cuidado. La maestra seguirá haciendo lo que hacen los maestros.

Tu peque, en alguna parte de sí mismo que tal vez no logre poner en palabras hasta dentro de años, va a salir ganando con que la escuela haya seguido siendo una escuela: un lugar donde los adultos se enfocaron en su educación y en su bienestar, sin enredarse en el trabajo de adultos que, como debe ser, estaba pasando en otro lado.

Te terminas el té. La tarea quedó lista. Tu peque cierra el cuaderno.

La escuela sigue en tu vida, útil en el papel que le toca.

Eso, por sí solo, es una especie de protección de fondo.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.