dip
Módulo 09 · Mediación y ayuda de un tercero

Cerrar bien la mediación

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Todas las edades10 min de lectura
Cerrar bien la mediación

Cerrar bien la mediación

Módulo 09 · Mediación y ayuda externa · Artículo 13 · Wave 3 · todas las edades


Es la séptima sesión. Al principio los dos se habían anotado para cuatro. Hace dos sesiones, la persona que media preguntó: ¿Ya estamos cerca de cerrar con una sesión más, o estamos en otra etapa? Los dos dijeron que con una más bastaba. Ahora es esa una más, y en la sala se empieza a sentir que el trabajo llegó a su punto natural.

El acuerdo de crianza ya está redactado. Los dos lo han leído tres veces. Los cambios que faltan son chiquitos. Quien media se dirige a los dos y hace la pregunta que siempre llega en este momento: ¿Ya estamos listos para cerrar esto?

Tú y la otra casa se miran. Después de una pausa breve, los dos asienten.

Este artículo trata de ese gesto de la cabeza.

De qué trata este artículo

Este artículo aborda un trabajo que muchas veces se pasa por alto: cerrar bien la mediación. Reconocer cuándo el trabajo está hecho, darle forma a la última sesión y manejar el regreso a la crianza compartida directa, ya sin el sostén que daba la estructura de la mediación.

El principio es este. Una buena mediación termina como un buen capítulo: en un punto natural, con el trabajo recogido, con las dos partes conscientes de lo que se hizo y de lo que no, y con una idea clara de lo que sigue. Cerrar bien no es algo ceremonioso; es estructural. La forma en que cierras la mediación marca si los acuerdos que construyeron van a sostenerse en los meses y los años que vienen.

El artículo cubre cuatro cosas. Saber cuándo la mediación ya terminó. El arco de la última sesión. Lo que se firma y se guarda. Y la relación con quien media después de cerrar.

Saber cuándo la mediación ya terminó

La mediación llegó a su final natural cuando han pasado varias cosas.

El trabajo de fondo está completo. Las decisiones que venías a tomar ya se tomaron, o quedaron nombradas con claridad como pendientes, con un plan para resolverlas. Se cubrió todo el terreno. Las sesiones nuevas van sumando cosas cada vez más chiquitas.

El ritmo bajó. Las primeras sesiones tenían impulso: en cada una se avanzaba terreno que importaba. Las últimas han sido más de pulir que de fondo. Las intervenciones de quien media son casi todas pequeñas. Los papás están haciendo más del trabajo por su cuenta.

Quien media ya lo señaló. Las personas que median bien no alargan las cosas de a gratis. Dicen cuándo creen que el trabajo está casi listo. Creo que ya estamos cerca de terminar. ¿Planeamos una última sesión? Si te lo están diciendo, tómalo en serio.

Tú y la otra casa están trabajando distinto, juntos. Quizá en las últimas sesiones empezaron a dirigirse sus comentarios entre ustedes en lugar de hacia quien media. Quizá empezaron a tener pláticas útiles entre una sesión y otra, que luego traen resumidas. Quien media se vuelve menos central. Eso es éxito.

El acuerdo ya está prácticamente cerrado. El acuerdo de crianza, en borrador, ha pasado por varias rondas de cambios. Los cambios recientes son pequeños. Las dos partes se sienten cómodas, en su mayoría, con el documento.

Si todo esto ya está, la mediación está lista para cerrarse. Seguir más allá es pagar por algo que rinde cada vez menos.

Una nota: a veces la mediación no termina porque el trabajo esté completo, sino porque ya se hizo el trabajo que se podía hacer. Quedan piezas sin resolver; tú y quien media reconocen que esas no se van a resolver con más sesiones; lo correcto es cerrar dejando nombrados con claridad los puntos pendientes. Cerrar la mediación no siempre quiere decir terminar todo. A veces quiere decir hicimos lo que la mediación podía hacer, y lo que queda es trabajo para otro lado.

El arco de la última sesión

La última sesión normalmente va distinto de las demás. Una estructura típica.

La apertura (10 minutos). Quien media nombra que esta es la sesión de cierre. Repasa lo que estaba en la agenda cuando empezaron y lo que se cubrió. Los invita a los dos a pensar en cómo ha sido el proceso. A veces esto incomoda; también sirve. La mediación ha sido una estructura pensada a propósito, y detenerse a reflexionar sobre ella de manera formal te ayuda a llevar el trabajo a la vida de después.

La revisión final del acuerdo (30 a 45 minutos). Leer el acuerdo de crianza, renglón por renglón, con quien media. Cazar los últimos errores de dedo. Ajustar cualquier frase que todavía no haya quedado del todo bien. Asegurarse de que los dos entienden cada cláusula, en lenguaje claro, sin necesitar que quien media la interprete. Este es el documento que está a punto de salir al mundo; debe quedar limpio.

Lo que quedó pendiente (10 a 15 minutos). Nombrar lo que no se resolvió, lo que se dejó para después y cuál es el siguiente paso en esos puntos. Algunos se dejan para la revisión anual. Otros se mandan con un abogado para una opinión aparte. Otros simplemente se nombran como tensiones que siguen ahí y en las que van a seguir trabajando juntos. Quien media quizá sugiera palabras específicas para cada uno.

La firma o el siguiente paso hacia la firma (10 minutos). Algunos acuerdos se firman en la última sesión. Otros se firman en otra parte (con un abogado, en un proceso ante el juzgado). Sea cual sea el camino, quien media confirma qué va a pasar y en qué tiempos.

El cierre (15 a 20 minutos). Cada uno, por turnos, reflexiona sobre el proceso. Qué les pareció valioso. Qué quisieran recordar. Cómo quieren manejar el regreso a la crianza compartida directa, ya sin la sala de quien media. Quien media quizá ofrezca sus propias observaciones y algún consejo para seguir adelante.

El final de verdad (5 minutos). Pararse. Darse la mano. Una despedida real, con el reconocimiento de que hicieron un trabajo importante juntos. Algunas personas que median mandan un resumen escrito que cae en tu correo al día siguiente; otras no. Algunas mandan una notita de seguimiento a los tres meses; otras esperan a que tú las busques.

La última sesión es más larga que las normales. Calcula dos horas. El paso es más lento; la reflexión importa más que las prisas.

Lo que se firma y se guarda

Una lista práctica para la última sesión.

El acuerdo de crianza, firmado por los dos papás. La copia firmada es la que se vuelve el documento de trabajo. Los dos se quedan con una copia; idealmente una versión digital, fácil de consultar.

La firma de quien media como testigo, donde aplique. En algunos lugares esto se valora; en otros no. Vale la pena preguntarle a quien media y, si viene al caso, a tu abogado.

Cualquier carta anexa o aclaración específica. A veces el acuerdo de crianza tiene aclaraciones puntuales, demasiado largas para el documento principal pero que conviene conservar. Las cartas anexas recogen eso. Firmadas y guardadas junto con el acuerdo principal.

La lista de puntos pendientes, con el plan acordado para cada uno. Este es su propio documento, más pequeño que el acuerdo principal, que nombra lo que sigue en discusión y cuándo y cómo se va a atender. Sin este documento, los pendientes se van diluyendo; con él, tienen un futuro asignado.

Los acuerdos de comunicación, aunque sean informales. Si acordaron cómo van a comunicarse de aquí en adelante (por qué canal, en cuánto tiempo se responde, con qué estructura), escríbanlo. El acuerdo quizá tenga una sección para esto; si no, una carta anexa lo recoge. El trabajo del Módulo 08 (Comunicación con el papá o la mamá de tu peque) cae en esta categoría.

El calendario, en un formato que los dos puedan usar. Una exportación del calendario, un calendario digital compartido, o un documento impreso que recoja el calendario regular y las fechas importantes que vienen (vacaciones escolares, cumpleaños, etcétera).

Cualquier decisión sobre la próxima revisión. Cuándo se vuelve a ver el acuerdo. Si lo van a hacer solos o con quien media. La fecha o el detonante.

El contacto de quien media para cuando haga falta. Un teléfono, un correo, la recomendación de un colega por si quien media deja de estar disponible. Esta persona ha sido un recurso; conservar el contacto conserva la opción de volver.

El paquete, todo junto, es tu caja de herramientas para después de la mediación. Bien archivado, se vuelve la columna vertebral de la siguiente etapa de la crianza compartida.

El regreso

La semana después de que termina la mediación es su propia cosita.

El sostén de la estructura de quien media ya no está. Las pláticas que tenías con la otra casa en la sala de quien media tenían una textura específica: con ritmo, contenidas, con alguien presente. La conversación directa, sin quien media, tiene otra textura. Los primeros intercambios pueden sentirse distintos. A algunos papás se les hacen más difíciles; a otros, más fáciles de lo que esperaban.

El acuerdo hace una parte del trabajo que hacía quien media. Cuando surge una duda, no tienes que resolverla desde cero; abres el documento. El acuerdo es, de alguna manera, lo que dejó quien media: su forma de ordenar las decisiones de ustedes, ahora portátil, ahora disponible para los dos sin que quien media esté en la sala.

Los desacuerdos siguen pasando. La mediación no elimina el desacuerdo. Cambia cómo lo manejas. El primer desacuerdo importante después de la mediación muchas veces se siente raro: Ya no tenemos a quien media; ¿cómo le hacemos con esto? La respuesta, casi siempre, tiene tres partes. Primero, ve al acuerdo y fíjate si cubre la situación. Segundo, usa los acuerdos de comunicación que dejó establecidos la mediación. Tercero, si hace falta, agenda una sola sesión de seguimiento con quien media (a la mayoría les da gusto hacerlo).

La opción de volver a la mediación. A muchos papás les resulta útil, seis o nueve meses después de la mediación inicial, agendar una sola sesión de seguimiento. No por algún motivo en especial; por la pausa que da la estructura. Un punto de control. La confirmación de que las cosas están funcionando. El ajuste de cualquier patrón que se haya ido desviando. Esto no es necesario para todo el mundo, pero es un buen valor por defecto para tener en mente.

La revisión anual. Si tu acuerdo incluyó una revisión anual (recomendado), la primera cae más o menos un año después de la firma. Algunos papás la hacen juntos, de manera informal; otros vuelven con quien media. La revisión anual es un ritual chiquito pero importante: hace que el acuerdo siga vivo a lo largo de los años en lugar de endurecerse.

El cierre

Es el final de la última sesión. Los dos se paran. Quien media se para. Se dan la mano.

Quien media dice, brevemente, que ha sido un honor hacer este trabajo con ustedes. Los dos, cada quien a su manera, le dan las gracias. Salen juntos, al mismo estacionamiento al que llegaron hace siete sesiones, en dos carros, con dos clases distintas de preparación.

En el estacionamiento, la otra casa dice: Lo logramos.

Tú dices: Sí.

No hay nada más que agregar. El trabajo está en los documentos. La siguiente etapa de la crianza compartida empieza ahora, con la base estructural que los dos construyeron en estos últimos meses.

Manejas a casa. La cuenta de quien media por la última sesión llega al día siguiente, con una nota breve: Gracias por la confianza que pusieron en este proceso. Espero que el acuerdo les sirva bien. No duden en buscarme si necesitan una sesión de seguimiento más adelante.

Archivas el correo. El acuerdo está en una carpeta en tu laptop, en una carpeta compartida en la nube y en tu celular. La próxima revisión está en tu calendario para dentro de doce meses.

El trabajo difícil está hecho. Empieza el trabajo más fácil.

A lo largo de los meses que siguen, vas a abrir el acuerdo unas veinte veces, quizá. De vez en cuando vas a consultar cláusulas específicas. Muy de vez en cuando vas a notar que algo se desvió y vas a tener que atenderlo. La mayor parte del tiempo, el acuerdo va a estar haciendo su trabajo callado, de fondo.

Tu peque, para entonces, va a estar en la siguiente etapa de su propia vida. El calendario va a estar funcionando. La decisión de la escuela (la que empezó todo esto) va a estar resuelta, sin ruido. La comunicación entre tú y la otra casa va a estar funcionando lo suficientemente bien como para que los asuntos chiquitos del día a día se muevan sin problema.

Eso es lo que produce cerrar bien la mediación. No una gran resolución. El funcionamiento confiable y repetible de la crianza compartida que se sostiene a lo largo de los años. Esa clase de funcionamiento que, para un hijo, no se registra como una característica sino como la textura de la vida normal.

Lo cual, al final, es el punto. El trabajo de quien media era ayudarte a construir una estructura de crianza compartida que funcione. La estructura está construida. El papel de quien media está, por ahora, completo.

Preparas un té. Te sientas a la mesa. La sala está tranquila. Mañana, la vida de siempre vuelve a empezar.

El trabajo que hacía falta se hizo, de la forma correcta, en la sala correcta, con la ayuda correcta, y terminó en el momento correcto.

Eso es, cuando sale bien, lo que es la mediación.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.