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Módulo 08 · co parent communication

El mensaje que mandas y el mensaje que querías mandar

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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El mensaje que mandas y el mensaje que querías mandar

El mensaje que mandas y el mensaje que querías mandar

Módulo 08 · Comunicación con el papá o la mamá de tu peque · Artículo 03 · Wave 1 · todas las edades


Miércoles, 6:15 de la tarde. Acabas de llegar de trabajar. Tu peque mencionó, así de pasada, que no tiene lo que necesita para la actividad de mañana en la escuela. Las cosas están en la otra casa. La actividad es a las 9 de la mañana. Todo tiene que estar en la escuela a más tardar a las 8:30. El intercambio de la mañana lo hace la otra casa. Y a tu peque no lo vas a ver hasta el viernes.

Empiezas a armar el mensaje en la cabeza mientras te quitas la chamarra. Para cuando llegas a la cocina, el mensaje ya está completo. Te salieron tres párrafos. Incluye un breve repaso de otros momentos parecidos. Incluye una frase que llevas meses redactando mentalmente, sobre cómo siempre terminas tú cargando con las consecuencias cuando pasan estas cosas. Y al final lleva un renglón sobre cómo tu peque ya se está dando cuenta.

Sacas el celular.

Este artículo trata de lo que pasa entre ese momento y el momento en que tu dedo toca enviar.

De qué trata este artículo

Este artículo da por hecho que ya leíste los artículos 01 y 02. El primero establece que el tono pega más fuerte que el contenido. El segundo presenta la regla de las 24 horas para los mensajes que traen temperatura.

Este artículo se ocupa de los mensajes que no pueden esperar 24 horas pero que aun así traen temperatura. Los mensajes operativos de todos los días, donde de verdad tienes algo que decir y de verdad necesitas dar una respuesta, y la versión que se va formando en tu cabeza incluye un montón de material que no necesita llegar a la otra casa.

El principio es sencillo. Casi todos los mensajes que vas a querer mandar tienen dos capas. La información que hay que comunicar, y todo lo demás que viene pegado a ella. La habilidad está en mandar lo primero sin mandar lo segundo.

El artículo cubre tres cosas. La capa de todo lo demás y para qué sirve en realidad. Cómo separar las dos capas en el momento. Y qué hacer con la parte que sobra.

La capa de todo lo demás

Cuando armas un mensaje en la cabeza sobre la otra casa, estás haciendo varias cosas a la vez.

Estás aclarando lo que piensas. Estás procesando lo que acaba de pasar. Estás notando cómo encaja con todo lo que ha pasado antes. Estás prediciendo cómo va a responder esta persona. A lo mejor estás ensayando lo que querrías decir en una conversación que tal vez vayas a tener, o tal vez no. Estás dejando que tu sistema nervioso corra una versión imaginaria completa de las próximas horas.

Todo esto sirve. El monólogo interno está haciendo un trabajo real. La mayoría de las personas que sienten que tienen una mala relación con la otra casa no se han dado cuenta de cuánto de lo que ellas piensan que es la relación es en realidad este monólogo interno. Las conversaciones reales, con la persona real, pueden ser breves y razonables. El monólogo interno se la pasa todo el día ensayando versiones largas y dramáticas de esas mismas conversaciones.

El error es convertir el monólogo interno directamente en el mensaje que sale. El monólogo interno es para ti. El mensaje que sale es para la otra persona y, de paso, para tu peque.

Una vez que puedes separar los dos, la pregunta cambia: ya no es ¿qué debería decir?, sino ¿cuál de todas estas cosas que estoy pensando de verdad necesita decirse?

La mayoría de las veces, la respuesta es casi ninguna.

Separar las capas en el momento

El monólogo interno, ya redactado del todo, casi siempre trae seis o siete piezas. La habilidad está en reconocerlas para poder dejar la mayoría en tu cabeza.

La información en sí. Lo que de verdad pasó. Lo que tiene que pasar después. Las cosas están en tu casa. Tienen que estar en la escuela a las 8:30 de mañana. Esta parte es corta.

La propuesta. Lo que te gustaría que hiciera la otra persona. ¿Las puedes llevar mañana en la mañana? También es corta.

El comentario editorial. Tu lectura de lo que pasó. Esto pasa cada vez. Necesitamos un mejor sistema. El acuerdo de ahorita no está funcionando. Esta parte es larga, muchas veces la más larga. Es donde vive la temperatura. Y casi siempre es la parte que pone caliente el mensaje.

La referencia histórica. Como el mes pasado con los zapatos de futbol. Y la vez antes de esa con las cosas de natación. La referencia histórica es la pieza que más daño hace ella sola. Da a entender que llevas una cuenta. Invita a la otra casa a llevar su propia contra-cuenta. En unos cuantos mensajes, los dos están litigando un expediente que crece cada mes.

El catastrofismo. Si esto sigue pasando, tu peque va a empezar a notarlo. O bien: van a pensar que no sabemos manejar su vida. El catastrofismo le mete al momento presente una presión que el momento presente en realidad no contiene. Además da a entender que la otra persona es la causa de la catástrofe, lo que produce que se ponga a la defensiva, lo que produce que esquive, lo que produce la catástrofe.

La predicción del fracaso. Ya sé que vas a decir que no es tu problema. O bien: Ya sé que de todos modos no las vas a llevar a tiempo. La predicción intenta adelantarse a la decepción. En realidad la invita, porque la otra persona lee la predicción como una acusación y responde en consecuencia. Las predicciones de fracaso se cumplen solas más veces de las que no.

La bandera de la herida. Siempre termino yo cargando con este tipo de cosas. O bien: Tu peque me lo dijo a mí primero porque sabe cómo reaccionarías tú. La bandera de la herida se adueña de un terreno emocional. Y casi siempre invita a la otra persona a sacar su propia bandera, y la conversación sobre las cosas de la escuela se vuelve una conversación sobre quién sufre más.

Cuando ya tengas el mensaje completo en la cabeza, repásalo con esta lista. La mayor parte de lo que redactaste es comentario editorial, referencia histórica, catastrofismo, predicción o bandera de herida. La información y la propuesta normalmente ocupan dos oraciones. Todo lo demás es otra cosa.

Cómo debería quedar el mensaje

Una vez que puedes ver las piezas, el mensaje que de verdad sale es corto.

Hola. Las cosas de la escuela están en tu casa y la actividad del viernes es mañana a las 9; en la escuela las quieren a las 8:30. ¿Las puedes llevar o dejarlas en la escuela? Gracias.

Ese es el mensaje. Tres oraciones. La información, la propuesta, un saludo suave, un cierre suave.

No contiene nada del comentario editorial, ni de la referencia histórica, ni del catastrofismo, ni de la predicción, ni de la bandera de herida. Todo eso se quedó a propósito en tu cabeza, donde te sirve a ti y no le sirve a quien recibe el mensaje.

Fíjate en lo que sí se conservó. El fondo está intacto. No te hiciste a un lado ni te dejaste pisar. No fingiste que la situación no es frustrante. No pediste disculpas por sacar el tema. Y tampoco convertiste en arma ninguno de los sentimientos legítimos que están por debajo. El mensaje es directo. Mueve la situación hacia adelante. Le da a la otra persona una oportunidad limpia de hacer lo que hay que hacer.

La respuesta que recibas tiene muchas más probabilidades de ser sí, yo lo resuelvo, gracias por avisar que la respuesta que habrías recibido a la versión de tres párrafos.

Qué hacer con lo que sobra

El comentario editorial, la referencia histórica, el catastrofismo, la predicción, la bandera de herida. Todo eso es real. Estaba ahí por algo. No desaparece nomás porque no lo pusiste en el mensaje.

Hay tres buenos lugares para eso.

Una nota para ti. No para compartirla. No para archivarla. Nomás para ponerle nombre. Este tipo de cosas pasa cada cierto tiempo y noto que se va acumulando. La nota no tiene que llevar a ningún lado. El simple acto de escribirla muchas veces deja que la cosa se asiente.

Una persona de confianza que no sea tu peque. Una amiga. Un hermano. Una terapeuta. Alguien que pueda escuchar la versión larga y dejarte sentir lo que sientes sin echarle más leña. La mayor parte de la capa de todo lo demás lo que quiere es ser escuchada, no entregada.

La plática anual o trimestral entre quienes crían. Si el mismo asunto operativo se repite, esa es una conversación de fondo que se tiene una vez al trimestre o una vez al año, no una serie de reclamos mensaje por mensaje. Lo que vale la pena sacar es el patrón; el caso puntual, no.

Lo que no funciona: meter cualquier parte de la capa de todo lo demás en los mensajes a la otra casa. Meterla en los mensajes a tu peque. Publicarla en algún lado. Cada una de estas cosas vuelve la situación más difícil, no más fácil.

El monólogo interno es un recurso. Su lugar está donde puede hacer su trabajo. El hilo de mensajes no es uno de esos lugares.

Cuando sí hace falta atender el patrón

A veces el patrón de "las cosas se quedan en la casa equivocada" sí es estructural y sí necesita atenderse. La información lleva meses apuntando hacia ahí y nada ha cambiado.

Cuando es así, lo correcto es una sola conversación explícita, no un patrón continuo de mensajes operativos con un filito de más.

La conversación explícita. Quiero que platiquemos sobre cómo manejamos la logística de las cosas y las pertenencias. ¿Podemos hablar por teléfono el domingo? No se menciona ningún caso puntual. Nada de comentario editorial. Nada más un tema y una hora.

La llamada del domingo. Veinte minutos. Meta: acordar una estructura que evite el patrón de las cosas en la casa equivocada. Posibles resultados: una lista compartida de pertenencias, una rutina de moverlas en el intercambio, un día fijo para intercambiar lo que haga falta. La conversación produce una estructura. La estructura hace el trabajo que los mensajes llevaban tiempo intentando hacer sin lograrlo.

El seguimiento. Vamos a probar [la nueva estructura] dos meses. Luego nos checamos para ver cómo va. Una supervisión ligera, con poca temperatura.

Este es el lugar correcto para el comentario editorial. No en los mensajes operativos. En la conversación estructural, que es a donde pertenece.

Para cerrar

Miércoles, 6:18 de la tarde. Ya sacaste el celular. El mensaje de tres párrafos ya está completo en tu cabeza.

Te detienes. Piensas en los artículos 01 y 02 y en este.

Escribes un solo párrafo. Hola. Las cosas de la escuela están en tu casa, la actividad del viernes es a las 9 y en la escuela las quieren a las 8:30. ¿Las puedes llevar o dejarlas en la escuela? Gracias. Lo lees una vez. Lo envías.

La respuesta llega a los siete minutos. Sí, paso por la escuela antes del trabajo, sin problema. Y luego un segundo mensaje: Deberíamos armar un sistema para este tipo de cosas, se sigue repitiendo.

Te quedas viendo el segundo mensaje. Lo que tú querías decir lo está diciendo ahora la otra casa, con calma, en un lugar donde la conversación de verdad puede pasar.

Contestas: Sí, de acuerdo. ¿Quieres que hagamos una llamada de 20 minutos el domingo para verlo?

Va.

Las cosas van a estar en la escuela mañana. La conversación estructural va a ser el domingo. Tu peque va a ir a su actividad del viernes a las 9 con todo lo que necesita. Y el intercambio de mensajes que produjo todo esto tomó cuatro mensajes en total, en el lapso de quince minutos.

El mensaje de tres párrafos que casi mandas habría arrancado otro tipo de intercambio. La conversación estructural habría hecho falta de todos modos. A lo mejor las cosas del viernes igual habrían llegado a la escuela. Pero la textura de la semana habría sido distinta. El siguiente mensaje habría cargado un pequeño residuo. El de después habría cargado más. Para la llamada del domingo, ya habría material que despejar antes de que la conversación de verdad pudiera empezar.

La disciplina de mandar lo que hacía falta mandar y dejar el resto en tu cabeza es, a la larga, lo que hace posible todo lo demás de este módulo.

Las cosas de la escuela no son el punto. Son la prueba. La mayoría de los días la vas a pasar. Algunos días no. A lo largo de un año, lo que tu peque vive es la suma.

Que es, al final, aquello dentro de lo cual creció.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.