
Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 53 · Wave 1 · Delicado
El perdón es una de las palabras peor entendidas del vocabulario de la separación. Hay quien lo usa para decir olvidar lo que pasó. Hay quien lo usa para decir reconciliarse. Hay quien lo usa para decir dejar de estar enojado. Ninguna de esas cosas es lo que de verdad es el perdón cuando funciona.
Este artículo trata de lo que el perdón no es, de lo que sí es, de las tres cosas que necesitas perdonar (la mayoría de las personas solo identifican una), de la secuencia práctica que te lleva hasta ahí, y de cuándo el perdón no viene al caso.
Lo que el perdón no es
Mucha de la confusión viene de que se usa la palabra para significar cosas que no significa. Cinco malentendidos comunes:
1. Perdonar no es olvidar. No olvidas lo que pasó. Lo que pasó es parte de tu historia. La información que te dio sobre la otra persona, sobre el matrimonio, sobre ti, es tuya y te la quedas. El perdón no borra el registro. Cambia lo que haces con ese registro.
2. Perdonar no es reconciliarse. Puedes perdonar a alguien con quien nunca volverás a hablar. Puedes perdonar y aun así mantener los mismos límites que tenías antes. El perdón es algo que pasa dentro de ti. La reconciliación es algo que pasa entre dos personas. Son cosas distintas.
3. Perdonar no es aprobar. Perdonar lo que hizo no quiere decir que lo que hizo estuvo bien. No lo justifica de manera retroactiva. No sugiere que estaría bien que se repitiera. Puedes perdonar algo que de todos modos seguirías llamando incorrecto.
4. Perdonar no es la ausencia de enojo. Puedes perdonar a alguien y seguir sintiendo enojo por cosas concretas que hizo. El perdón cambia la relación entre tú y ese enojo; no borra el enojo.
5. Perdonar no es un solo momento. No perdonas una vez y ya. El perdón es algo que se repite. A la misma persona quizá tengas que perdonarla varias veces, por las mismas cosas, conforme salen a la superficie nuevas capas de esas cosas. Eso es normal, no es un fracaso.
Si has estado deteniéndote a la hora de perdonar porque creías que perdonar exigía olvidar, o reconciliarte, o aprobar, o eliminar el enojo, ya puedes dejar de detenerte. Nada de eso es lo que se te pide.
Lo que el perdón sí es
La definición que sirve: perdonar es la decisión de dejar de permitir que lo que pasó controle cómo respondes hoy.
Eso es todo. Nada noble. Nada trascendente. Algo práctico.
Cuando no has perdonado algo, esa cosa sigue dando forma a tu manera de actuar. Sigue corriendo de fondo, produciendo reacciones, tiñendo cada intercambio, influyendo en tus decisiones. Le estás dedicando energía, quieras o no. Eso que no has perdonado tiene acceso gratis a tu sistema nervioso.
Cuando perdonas algo, le retiras ese acceso. La cosa sigue siendo parte de tu historia. Pasó, sí. Pero ya no maneja tu presente. El perdón es un trámite interno, no un gesto emocional ni espiritual.
Esta versión del perdón sí se puede alcanzar. La versión emocional o espiritual a veces está disponible y a veces no. La versión administrativa siempre está disponible, y con esa basta.
Las tres cosas que necesitas perdonar
La mayoría de las personas identifican una sola cosa por perdonar: a la otra persona, por el fin del matrimonio o por cosas concretas que hizo durante él.
En realidad son tres.
Cosa 1: la otra persona
La más obvia. La otra persona hizo cosas, actos, omisiones, patrones, sobre los que tienes reclamos legítimos. Perdonarla significa decidir que esos reclamos ya no son lo que dirige cómo respondes hoy.
Esto no exige que hables con ella del tema. No exige que participe. Ni siquiera exige que se entere de que pasó. El perdón es interno.
Cómo se ve en la práctica: a los dieciocho meses puedes pensar en lo peor que hizo durante el matrimonio y darte cuenta de que ya no sientes el calor en el pecho, la mandíbula tensa, las ganas de volver a litigar todo. No lo has olvidado. Nomás ya no cargas la corriente activa.
Cosa 2: tú mismo
Esta es la que a la mayoría se le pasa por más tiempo.
Hiciste cosas durante el matrimonio que, viéndolas de regreso, lamentas. Te quedaste cuando sabías que debías irte. Te fuiste cuando podías haberte quedado. Dijiste cosas que no debiste decir. No viste las señales. Elegiste mal. Fuiste parte de dinámicas que ahora ves con claridad.
Perdonarte significa decidir que la versión de ti del pasado hacía lo mejor que podía con lo que tenía, y que no vas a seguir castigando a la versión de hoy por decisiones de antes.
Perdonarte suele ser más difícil que perdonar a la otra persona, porque tú te tienes a la mano todo el tiempo. La otra persona ya está a cierta distancia. Tú estás en el mismo cuerpo las veinticuatro horas. La voz que se critica tiene el micrófono abierto sin parar.
Cómo se ve en la práctica: puedes pensar en las decisiones que tomaste durante el matrimonio, incluso las peores, y darte cuenta de que dejaste de enjuiciarte de nuevo. Lo que pasó es parte de tu historia. Aprendiste lo que aprendiste. Seguiste adelante.
Cosa 3: el matrimonio mismo
Esta casi nadie la nombra de manera explícita, pero muchas veces es el trabajo más hondo.
El matrimonio era una cosa, una estructura, un proyecto, una vida compartida. Falló. Fallar no es un veredicto moral; es un hecho. Pero muchas personas cargan resentimiento hacia el matrimonio en sí, como entidad, por no haber sido lo que querían que fuera, por no entregar aquello en lo que invirtieron, por haberse terminado.
Perdonar al matrimonio significa aceptar que el matrimonio fue lo que fue, incluido su final, y que no vas a seguir enjuiciándolo por haber sido eso.
Cómo se ve en la práctica: puedes pensar en el matrimonio, incluidos los años que no funcionaron, y darte cuenta de que ya no estás atrapado en el relato de debió haber sido mejor. El matrimonio fue el matrimonio. Contuvo lo que contuvo. Terminó cuando terminó. Ya no estás tratando de ganarle una discusión.
La secuencia práctica
El perdón casi siempre tiene que ocurrir en cierto orden: la cosa 3, luego la cosa 2, luego la cosa 1. La mayoría lo intenta al revés, y por eso muchas veces no funciona.
Paso 1: perdonar al matrimonio
Empieza por aquí, aunque se sienta raro. El matrimonio es el menos personal de los tres. Es más fácil darle amnistía a una institución que a una persona.
Movimiento práctico: escribe un párrafo corto (que nadie más vaya a ver) resumiendo lo que fue el matrimonio. Lo bueno, lo malo, lo estructural. Termina con: el matrimonio fue lo que fue. Ya se terminó. Ya no necesito que hubiera sido distinto.
Vuelve a leer ese párrafo de vez en cuando. Las primeras veces te vas a resistir. Como a la quinta o sexta vez, la resistencia se afloja.
Paso 2: perdonarte a ti mismo
Una vez que el matrimonio deja de ser el fiscal, tu propio papel dentro de él se vuelve más fácil de mirar sin atacarte.
Movimiento práctico: identifica las tres cosas que más lamentas de tu propio comportamiento durante el matrimonio. Escríbelas. Para cada una, escribe: hice esto porque [las razones que operaban en ese momento]. Hoy lo haría distinto. Perdono a la persona que fui por no tener acceso a lo que la persona que soy hoy sí tiene.
Esto no es disculparte. Es reconocer que la persona que fuiste tenía otra información.
Paso 3: perdonar a la otra persona
Una vez que te perdonaste a ti, la otra persona se vuelve más fácil de perdonar, porque ya no la estás midiendo con una vara que dejaste de usar contigo.
Movimiento práctico: identifica las tres cosas que más le reprochas a la otra persona. No las compartas con nadie (con ella menos que con nadie). Para cada una, escribe: hizo esto porque [sus razones, hasta donde alcanzas a suponer]. No lo justifico. Ya no voy a dejar que controle cómo respondo hoy.
Fíjate: esto no te pide que las razones te gusten. Las razones podrían ser cobardía, egoísmo, inmadurez, una adicción, una depresión, miedo. El perdón no se trata de avalar las razones. Se trata de reconocer que algo movía ese comportamiento, aunque lo que lo movía fueran sus propias heridas.
Lo que el perdón hace, de manera visible
Después de que el perdón funciona, cambian unas cuantas cosas concretas.
1. Los mensajes de la otra casa pesan menos. No porque se hayan vuelto mejores mensajes. Porque dejaste de cargarlos de antemano con todo el pendiente sin perdonar. El mismo texto, leído con el perdón ya en su lugar, se vuelve más corto y más manejable.
2. El monólogo interno se calla. Los ensayos mentales de viejas discusiones dejan de aparecer sin que los llames. Tu cabeza dejó de gastar su ancho de banda en volver a litigarlo todo.
3. Ciertos detonantes pierden carga. Una canción, un lugar, un aniversario, un olor, esas cosas que antes te soltaban una ola de sentimiento, empiezan a soltarte olas más suaves. El detonante sigue funcionando; la carga que tenía encima se fue disipando.
4. Cada nuevo encuentro con la otra persona te cuesta menos recuperarte. Antes, una conversación de veinte minutos te dejaba dos horas de recuperación. Después del perdón, te toma veinte minutos.
5. Dejas de contar la historia del divorcio. Sin darte cuenta, dejas de sacar el matrimonio como tema. Las personas nuevas que conoces quizá ni siquiera sepan los detalles. La historia se volvió pasado, no material activo.
Estos son cambios que se pueden ver. Si están pasando, el perdón está haciendo su trabajo, sin importar si se siente noble o espiritual.
Cuándo el perdón no viene al caso
Una aclaración pequeña pero importante.
Si el comportamiento de la otra persona incluyó abuso, físico, sexual, económico, psicológico sostenido, la cuenta es otra. El lenguaje del perdón se puede usar como arma, tú contra ti mismo o alguien más contra ti, para sugerir que la respuesta correcta al abuso es perdonar y seguir adelante.
Para eso no es este artículo.
Frente al abuso, el trabajo es otro y requiere:
1. Primero, la seguridad. Las conversaciones sobre perdón no aplican mientras el daño sigue o podría volver.
2. Apoyo especializado. Trabajar el abuso requiere terapia con enfoque en trauma, no un artículo general sobre el perdón. Si estás en peligro inmediato, marca al 911. Para crisis psicológica puedes llamar a SAPTEL, 55 5259-8121. Si hay violencia familiar, está Vida sin Violencia, 800 108 4053.
3. Otros tiempos. El trabajo de perdón en contextos de abuso muchas veces toma años más y quizá nunca se resuelva del todo. Y está bien que así sea.
4. Otras metas. La meta en la recuperación del abuso no es exactamente el perdón. Es integrar lo que pasó, recuperar tu capacidad de decidir, y proteger tu seguridad de hoy y la de mañana. El perdón, si llega, es un efecto secundario, no un objetivo.
Si tu situación incluye cualquier patrón de abuso, este artículo no es el recurso indicado. Por favor, busca apoyo especializado.
Referencia rápida
Perdonar es la decisión de dejar de permitir que lo que pasó controle tu presente.
No es:
- Olvidar
- Reconciliarse
- Aprobar
- La ausencia de enojo
- Un solo momento
Tres cosas por perdonar, en orden:
- El matrimonio mismo.
- Tú mismo.
- La otra persona.
Señales de que el perdón está funcionando:
- Los mensajes de la otra casa pesan menos.
- Los ensayos internos se calman.
- Ciertos detonantes pierden carga.
- El contacto con la otra persona cuesta menos recuperarse.
- Dejas de contar la historia del divorcio sin que nadie te lo pida.
Cuándo el lenguaje del perdón no aplica:
- Contextos de abuso. Otro trabajo, otro apoyo.
La frase que te llevas
El perdón es lo que sueltas para poder cargar lo que viene.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.