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Módulo 04 · Adolescentes, conducta y autonomía

Cuando tu adolescente solo se confía con uno de los dos

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

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Cuando tu adolescente solo se confía con uno de los dos

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Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Cuando tu adolescente solo se confía con uno de los dos

Módulo 04 · Conducta adolescente y autonomía · Artículo 04 · Wave 2 · 13+


Te llaman de la otra casa un martes en la noche.

Oye. Nada más para que estés al tanto. Lila me contó anoche que la ha estado pasando muy mal en la escuela. Hay un problema con una amistad. Por lo visto lleva semanas llorando por eso. Le dije que yo te avisaba.

Estás sentado en tu cocina. Haces un ruidito sin comprometerte a nada. Ah. Órale. Gracias.

Cuelgas. Te quedas parado en la cocina un minuto. Luego te sientas.

Lleva semanas llorando. Por la escuela. A ti no te dijo. Se lo contó a la otra casa.

Este artículo trata de ese momento. La adolescente que eligió a uno de sus papás para las cosas difíciles, y el papá o la mamá que quedó del otro lado de esa elección.

Pasa seguido. A veces por una temporada; a veces por años. Duele de una forma muy particular que cuesta trabajo platicar, en parte porque suena mezquino (están hablando con la otra casa, debería alegrarme de que estén hablando con alguien) y en parte porque va de la mano con un duelo real por tu relación con tu propia hija.

Este artículo es para los dos lados. Para quien es el confidente. Y para quien no lo es, esta temporada.

Por qué los adolescentes eligen a uno

No hay una sola razón. Hay varios patrones. Muchas veces hay más de uno en juego.

El parecido de temperamentos. Tu hija y la otra casa se parecen en algo. Las dos procesan las cosas calladito, las dos cuentan historias, las dos se levantan temprano. Ese parecido las hace sentirse más a gusto entre ellas para ciertas conversaciones. Tú no estás menos cerca; estás cerca de otra manera.

La forma del tiempo. En la otra casa están las tardes largas del domingo. A ti te tocan las mañanas con las prisas de la escuela. Las confidencias pasan en las tardes largas, no en las mañanas apuradas. El calendario fue moldeando qué tipo de conversación le toca a cada quien. Esto es estructural, no personal.

El tema que se confía. Algunos temas encajan más con uno que con otro. Lo de la amistad quizá es algo que ya se había platicado en la otra casa. Lo de los cambios del cuerpo quizá encaja mejor con el papá o la mamá del mismo sexo. Lo de la nueva pareja en la otra casa, claro, encaja con quien no es esa casa. El tema marca el destino.

Tu propio patrón. A lo mejor, sin darte cuenta, eres de quienes resuelven problemas. Tu hija empieza a contarte algo y de inmediato te lanzas al vamos a arreglar esto. En la otra casa quizá nada más escuchan más tiempo. Tu hija lo notó, aunque tú no.

Algo específico de ti. A veces tu adolescente dejó de confiarse contigo por una razón concreta. Reaccionaste mal a algo que te contó hace meses. Compartiste lo que te confió con alguien. Te reíste cuando no debías. Le dijiste que estaba exagerando. Tu adolescente se acuerda. Ahora va con cuidado.

Una etapa. A veces nada más es una etapa. A los 14 está más cerca de uno, a los 16 del otro. Las confidencias se mueven. El patrón no es para siempre.

Vale la pena ser honesto sobre cuál de estas cosas te puede estar pasando. La mayoría de los papás y las mamás que se sienten fuera de la jugada lo están, en parte, por algo que su adolescente fue acumulando sobre ellos. Saber qué es ese algo te da un lugar por donde empezar.

Cómo se siente de verdad

Duele más de lo que la gente admite.

A lo mejor tú eres quien se encarga de la rutina de la mañana, quien organiza las citas médicas, quien va a las juntas de la escuela, quien la lleva con sus amigas. Eres capaz. Estás presente. Das la cara.

Y de repente lleva semanas llorando por algo de la escuela, y tú no sabías, y en la otra casa sí.

El dolor tiene varias capas. La de que tu hija esté sufriendo. La de no haberte enterado. La de que la otra casa fue quien lo sostuvo. La de preguntarte si siempre vas a ser quien se entera de segundo.

Esto es un duelo real. No lo hagas a un lado. Quédate con él un rato.

Lo que no significa

Unas cuantas cosas que esto no significa.

No significa que seas mal padre o mala madre. El patrón de las confidencias en la adolescencia es en parte al azar. Algunos niños hablan con uno, otros con el otro, algunos con los dos, algunos con ninguno. El que te toque no es un veredicto.

No significa que su relación esté rota. Significa que tiene una forma particular esta temporada. Las formas cambian.

No significa que la otra casa haya ganado algo. La eligieron para esta conversación, en esta temporada. Seguramente sienten el peso de eso. Ser el confidente trae su propia carga.

No significa que tu adolescente no te quiera. Tu adolescente te quiere a su modo adolescente, que suele ser más callado, a veces invisible, y que no se mide por cuál de los dos se queda con las conversaciones largas de la tarde.

Qué debe hacer el papá o la mamá que recibe la confianza

Si eres a quien tu adolescente le confía las cosas, tienes un trabajo específico.

No lo conviertas en tu secreto. Cuando tu adolescente te cuente algo importante, lo de fondo es: ¿Ya le dijiste a tu mamá o a tu papá? Si dice que no, dale seguimiento. No voy a compartir esto sin avisarte. Pero creo que en la otra casa querrían saber. ¿Vemos juntos cómo hacérselo llegar?

Hay excepciones. A veces tu adolescente te está confiando algo que es específicamente sobre la otra casa (una queja, una preocupación por la nueva pareja, un comentario que cayó mal). Eso no lo pases tal cual. Tu adolescente vino contigo por algo. (Ve la sección de más abajo sobre las confidencias entre las dos casas.)

No te regodees en ser el elegido. Tu adolescente quizá vino contigo porque confía en ti. No vino contigo porque te prefiera por encima de la otra casa. No lo leas como un concurso de popularidad. No se lo cuentes a la otra casa con un tono que sugiera que tú eres mejor padre o mejor madre.

No transmitas todo. Algo de lo que te cuenta tu adolescente no es para la otra casa. Tu adolescente necesita un confidente. Si todo pasa de forma automática a la otra casa, el papel de confidente se cae. Usa el criterio para ver qué es lo bastante importante como para compartirlo.

Cuéntale a la otra casa lo de fondo, no los detalles. Lila tuvo una semana difícil. Está resolviendo unas cosas. Nada más para que estés al tanto. Con eso basta. En la otra casa pueden estar atentos sin necesidad de conocer cada detalle.

No lleves la cuenta. Yo siempre me entero de todo primero no es un buen lugar donde estar. La información que tienes está al servicio de tu adolescente, no al tuyo. Sostenla sin apretarla.

Qué debe hacer el papá o la mamá que no recibe la confianza

Si eres quien quedó del otro lado de la llamada, el trabajo es más difícil.

No vayas de inmediato con tu adolescente a preguntarle. ¿Por qué no me dijiste? Eso la presiona. Además le manda la señal de que la próxima vez que le cuente algo a la otra casa, le va a llegar una llamada tuya. El patrón se refuerza. Le cuenta más a la otra casa, no menos.

No seas frío con ella. Aunque estés dolido, tu adolescente no necesita sentir tu dolor. El dolor es tuyo, tú lo manejas. Tu adolescente necesita al padre o a la madre que tiene. Supe que tuviste una semana difícil en la escuela. Aquí estoy si quieres platicarlo. Sin presión. Puerta abierta, sin exigencia.

No te desquites con la otra casa. Te avisaron. De su parte, eso estuvo bien. Agradecerlo es la respuesta correcta, aunque te arda. Gracias por avisarme. Voy a estar pendiente.

Reflexiona sobre qué podrías hacer distinto. No como castigo. Como pregunta. ¿Eres más seguido el que resuelve problemas que el que escucha? ¿Te acercas con curiosidad, o con una lista de preguntas de seguimiento? ¿Respondes a las malas noticias con frases para tranquilizar o con atención callada? Pequeños ajustes en tu modo de siempre pueden cambiar, con los meses, qué tan seguido se confían contigo.

Haz espacio, sin exigir contenido. El trayecto en el carro. La cena sin celulares. El pequeño ritual de llegar juntos a casa. Eso crea las condiciones para las confidencias sin forzarlas. La mayoría de las confidencias adolescentes pasan en el carro, en una caminata, o mientras hacen otra cosa y casi no se ven a los ojos. Está disponible en esos espacios.

No apuestes de más a la próxima confidencia. Cuando tu adolescente sí te cuente algo, no hagas un gran escándalo. No digas qué bueno que me contaste, ya me preocupaba que nunca volvieras a abrirte conmigo. Eso le carga demasiado peso a algo pequeño que compartió. La próxima vez va a tener cuidado. Nada más recíbelo. Sigue adelante.

Ten paciencia. El patrón del confidente muchas veces se mueve con el tiempo. La de 14 años que solo le cuenta a la otra casa quizá, a los 16, te esté contando a ti. O les esté contando a los dos, o a ninguno. No trates de arreglarlo a las prisas.

La confidencia entre las dos casas

Un subconjunto específico que necesita un manejo aparte.

A veces tu adolescente se confía con uno de los dos justo sobre el otro. Mamá ha estado rara conmigo últimamente. La nueva pareja de papá dijo algo que me incomodó. Mamá y su novio andaban peleando el fin de semana.

Cuando esto pasa, quien recibe la confianza tiene un papel delicado. Tu adolescente vino contigo porque siente que no puede llevarlo a la otra casa. La otra casa es el tema, no el público. Pasarlo tal cual puede dañar la confianza que tu adolescente depositó en ti.

Pero tampoco puedes quedarte con eso para siempre. A lo mejor en la otra casa necesitan saber.

Ayudan unos cuantos movimientos.

Escucha primero, no decidas primero. Averigua qué te está diciendo en realidad tu adolescente. A veces pasó algo concreto (el comentario de la nueva pareja) y una respuesta concreta es lo apropiado. A veces la queja es más difusa (mamá ha estado rara) y quizá se resuelva sola.

Pregúntale a tu adolescente qué quiere. ¿Quieres que hable con tu mamá de esto? ¿O lo estás resolviendo tú sola? Algunos adolescentes quieren que un adulto intervenga; otros solo quieren desahogarse. La respuesta cambia lo que haces después.

Si decides contarle a la otra casa, ve con cuidado. No entregues las palabras de tu adolescente tal cual. No digas Lila dijo que has estado rara con ella. Pasa el fondo del asunto a una conversación que proteja el hecho de que tu adolescente lo sacó. Noté a Lila un poco inquieta esta semana. Nada más quería ver cómo va contigo. ¿Está pasando algo por allá?

Si el asunto es serio, súbelo con cuidado. Una adolescente que reporta algo inapropiado de una nueva pareja necesita que un adulto intervenga. Tu adolescente debe saberlo. Esto es algo que necesito atender yo. Voy a tener cuidado con cómo se lo cuento a tu mamá o a tu papá. No lo voy a hacer sobre ti.

Si es algo que los dos no pueden resolver entre ustedes, busquen ayuda. Una terapeuta familiar o una persona mediadora a veces puede sostener la conversación que ustedes no pueden.

Cuando el papel de confidente está rebasando al papá o a la mamá

Otro patrón distinto. La otra casa se volvió a quien tu adolescente le confía todo, y en la otra casa ya empiezan a sentir el peso.

La confianza no es gratis. Quien sostiene todas las cosas difíciles de tu adolescente carga algo real. A lo mejor pierde el sueño, le preocupan ciertas amistades, sostiene cosas que no está preparado para sostener. La salud emocional de tu adolescente, su mundo social, las preguntas sobre relaciones, todo fluyendo hacia una sola casa.

Si tú eres quien recibe la confianza y te sientes rebasado, busca ayuda. Una terapeuta familiar. Tu propia terapia. Alguien que asesore en crianza. La orientadora de la escuela para parte de lo que tiene que ver con la escuela. No tienes que ser el único adulto que lo sostiene.

Si tú eres quien no recibe la confianza y ves que en la otra casa están cargando mucho, apóyalos. Eso suena pesado. ¿Qué puedo hacer? A veces la respuesta es nada más sigue disponible, por si la carga se mueve. A veces es ¿la puedes llevar a cenar esta semana, para que yo descanse una noche?

Cuando el confidente no es ninguno de los dos

Una nota corta. A veces el confidente principal de tu adolescente no es ninguno de los dos. Es una amiga, un hermano, una tía, una maestra, un entrenador, una terapeuta, el internet.

Esto, casi siempre, está bien y es normal para su edad. Los adolescentes seguido encuentran adultos fuera de la familia en quienes confían distinto a como confían en sus papás. Una buena tía, un entrenador constante, una orientadora de la escuela, todo eso puede servir muchísimo.

Se vuelve preocupante cuando el confidente es alguien de criterio poco confiable, o cuando es alguien en línea y al que no se le puede seguir el rastro. (El Módulo 03, en su artículo 16, trata parte de esto.)

Tu papel, en cualquiera de los casos, es ser la puerta firme que se queda abierta, aunque nadie esté pasando por ella. La adolescente que tiene una buena tía y a ti de fondo está sostenida. La adolescente que tiene el internet y a ti de fondo a lo mejor no. Saber la diferencia es parte del trabajo.

El arco más largo

El patrón del confidente casi siempre es una temporada, no un estado permanente.

La de 13 años que le cuenta a la otra casa sobre un problema de amistad quizá, a los 17, te esté contando a ti sobre una relación. El patrón se mueve conforme los temas cambian, conforme cambian las edades, conforme cambia tu propia disponibilidad.

No escribas la temporada como si fuera toda la historia. La adolescente que ahora no se confía contigo quizá, a los 22, sea la hija adulta que te llama cada semana para platicarte de su trabajo, de su relación, de su vida. La relación se juega a lo largo de décadas, no solo en los años de la adolescencia.

Lo que más importa en los años de la adolescencia es que la puerta se quede abierta de tu lado. No abierta a la fuerza. No trabada con exigencias. Abierta y sostenida. Tu adolescente va a pasar por ella, a veces, cuando esté lista, a su tiempo.

Para cerrar

Miércoles en la noche, el día después de la llamada de la otra casa.

Lila llega de la escuela. Estás cocinando. Suelta la mochila y se acerca a la cocina.

No le preguntas por lo de la escuela. Le preguntas cómo le fue. Te cuenta algo chiquito (una maestra dijo algo gracioso, un examen estuvo más fácil de lo que esperaba). Te ríes en los momentos justos.

Después de la cena, en el sillón, ella está en su celular. Tú en el tuyo. La tele está pasando algo que ninguno de los dos está viendo de verdad.

Sin levantar la vista, dice: Mamá seguro ya te contó lo de la escuela.

La volteas a ver. Sí me contó. No quise presionarte.

Asiente. Está bien. Ya va mejorando.

Qué bueno. Cuéntame algún día.

A lo mejor.

Vuelven a sus celulares. No se dice nada más.

Ese fue el momento. Sostuviste la puerta abierta. Ella sabe que tú sabes. Sabe que no la estás presionando. Sabe que la otra casa te contó. Sabe que la familia funciona como una sola cosa, no como una competencia.

Quizá te cuente lo siguiente. Quizá se lo cuente a la otra casa. Quizá se lo cuente a la orientadora de la escuela. Quizá lo procese ella sola. Todo esto es posible. Tu tarea es ser un papá o una mamá que está disponible cuando ella elija, sea cual sea el caso.

El patrón de la confianza duele. También se pasa. La relación permanece.

Esto es lo que implica criar a un adolescente entre dos casas. No que te elijan cada vez para la conversación larga de la tarde. Ser una de las dos personas que, entre las dos, sostienen a su hija durante los años en que menos segura se siente de su propia vida. Tu adolescente va a tomar lo que necesita de cada quien. Va a regresar, tarde o temprano, y va a encontrar que los dos estuvieron ahí. Que los dos siguen ahí. De eso se trata todo.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.