El cumpleaños del papá o la mamá que está 'de descanso'
By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Versión en inglés · traducción en preparación
Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.
El cumpleaños del papá o la mamá que está 'de descanso'
Módulo 18 · Vacaciones y eventos escolares · Artículo 06 · Wave 3 · todas las edades
Es el cumpleaños de la otra casa y tu peque quiere hacer algo para celebrarlo. Una tarjeta, un regalito, una llamada, marcar el día de alguna manera. Y te toca a ti, porque tu peque está contigo y todavía está muy chiquito para organizarlo solo, y porque la persona que cumple años resulta ser justo de la que tú te separaste. Una cosa pequeña y, aun así, puede sentirse rara: ayudarle a tu peque a festejar el cumpleaños de alguien que ya no es tu persona.
Este es un rincón callado, muy concreto y reflexivo de la crianza compartida, y vale la pena detenerse un momento, porque la forma en que lo manejas le enseña a tu peque algo de verdad. El cumpleaños de la otra casa es una ocasión que tu peque quiere honrar, y la pregunta es si lo ayudas a hacerlo con libertad, aunque el día gire en torno a alguien hacia quien tú quizá tengas sentimientos complicados.
El deseo de tu peque es la parte sencilla
Del lado de tu peque, esto no tiene ninguna complicación. Quiere a su otra mamá o a su otro papá, es su cumpleaños y quiere celebrarlo, así como los niños naturalmente quieren festejar a las personas que aman. Ese deseo es sano y bueno. Un peque que quiere hacer sentir especial a su mamá o a su papá en su cumpleaños está mostrando justo ese cariño cálido e intacto que tú quieres que tenga.
La parte complicada está por completo del lado de los adultos. Tu peque no está en conflicto por querer festejar a la otra casa; solo entra en conflicto si percibe que tú sí lo estás, que ayudarle a celebrar te resulta incómodo, te cuesta algo o no es del todo bienvenido. Así que la tarea es, sobre todo, no dejar que tus propios sentimientos vuelvan complicada una cosa que para tu peque es simple.
Ayúdale, de lleno y con calidez
Lo que hay que hacer es ayudarle a tu peque a celebrar el cumpleaños de la otra casa de lleno y con calidez, como si fuera cualquier otra persona a la que tu peque quiere. Ayúdale a hacer la tarjeta. Llévalo a escoger un regalito si eso es lo que quiere. Asegúrate de que tenga la oportunidad de llamar, mandar un mensaje o ver a su mamá o a su papá ese día. Trata todo esto como lo que es: la expresión normal y bonita del cariño de un niño.
Hacerlo sin la menor resistencia visible es el verdadero regalo. Un peque al que se ayuda, fácil y con cariño, a celebrar a su otra mamá o a su otro papá aprende que su amor por ambos está plenamente a salvo y apoyado en las dos casas. Un peque que percibe un destello de resentimiento, una pizca de frialdad, la sensación de que esto a ti te cuesta, aprende lo contrario: que querer a uno de sus papás frente al otro tiene un pequeño costo, y empieza a administrarlo, a esconderlo, a sentir una culpita por ello. Ese destello es lo que hace el daño, más que cualquier palabra.
Esto te pide hacer a un lado, por el bien de tu peque y fuera de su vista, lo que sea que sientas hacia la otra casa. Esos sentimientos son válidos y tienen su lugar, con tu propio apoyo, en la parte de este trabajo que es para ti. No tienen por qué entrar en la experiencia de tu peque al celebrar a su mamá o a su papá. La separación es entre tú y la otra casa. El amor entre tu peque y su mamá o su papá es otra cosa distinta, y el cumpleaños tiene que ver por completo con esa segunda cosa.
Lo que no tienes que hacer y lo que sí
Para que quede claro dónde están los límites: no tienes que celebrar tú a la otra casa. Esto no se trata de que tú marques ese cumpleaños ni de que finjas un cariño que no sientes. No eres tú quien festeja; estás ayudando a tu peque a festejar. La tarjeta es de tu peque, no tuya. El regalo es el gesto de tu peque, no el tuyo. Tú eres quien facilita el cariño de tu peque, no quien participa en una relación que ya terminó.
Lo que sí haces es hacer que esa ayuda sea fácil y cálida. No la obstaculizas, no la complicas ni dejas que se vuelva un asunto tenso. No interrogas a tu peque sobre el tema ni le haces sentir que está haciendo algo delicado. Nomás ayudas, igual que lo ayudarías a celebrar a un abuelo o a un amigo, y luego dejas que sea el lindo gestito de tu peque hacia alguien a quien quiere.
Donde la parte práctica necesite coordinación, por ejemplo, asegurarte de que tu peque de verdad pueda comunicarse con la otra casa ese día, eso va por el canal de siempre, simple y mirando hacia adelante. Entre más en calma y más natural mantengas todo el asunto, más sigue siendo lo que debe ser: un acto pequeño y común del cariño de un niño, apoyado sin dramas.
Lo que enseña
Este pequeño momento le enseña a tu peque algo más grande que él mismo. Le enseña que el amor sobrevive a una ruptura entre adultos. Que el final de la relación de sus papás no terminó, y no tiene permitido entorpecer, la relación de tu peque con cada uno de ellos. Que puede querer a sus dos papás abiertamente, incluso frente al otro, sin que eso sea un problema. Esa es una lección profunda, y no se entrega con ningún discurso, sino con la sencillez con la que le pasas el material para hacer la tarjeta y lo ayudas a escoger un regalo para la otra casa.
Un peque que aprende esto crece con su amor por ambos papás intacto y sin cargas. Un peque que no lo aprende aprende a separar su cariño en compartimentos, a administrar los sentimientos de los adultos, a sentir la separación como algo que limita sus propios afectos. El cumpleaños de la otra casa es una pequeña oportunidad que se repite para enseñar la mejor lección, una tarjeta a la vez.
La frase que te llevas
Cuando es el cumpleaños de la otra casa y tu peque quiere marcar el día, su deseo es simple y sano; cualquier complicación está del lado de los adultos. Ayúdale a celebrar de lleno y con calidez, sin ese destello de resistencia que le enseña a un niño que su cariño tiene un costo, haciendo tus propios sentimientos a un lado y fuera de la vista. No tienes que celebrar tú a la otra casa, solo facilitar el gesto de tu peque con sencillez, como lo harías por cualquier persona a la que tu peque quiere. Y ten presente que este pequeño acto enseña la gran lección: que el amor sobrevive a la ruptura entre adultos y que tu peque puede querer a sus dos papás abiertamente.
Ayúdale a hacer la tarjeta sin pensarlo dos veces, y le enseñas a tu peque que su amor por sus dos papás está a salvo, entero y es suyo para darlo con libertad.
La tarjeta es de tu peque, no tuya. Ayúdale a hacerla con cariño, y le enseñas que el amor entre tu peque y su otra mamá o su otro papá nunca fue tuyo para complicarlo.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.