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Módulo 13 · Conducta y regulación emocional

Mentiras, secretos y el niño que vive en dos casas

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

4–78–127 min de lectura
Mentiras, secretos y el niño que vive en dos casas

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Mentiras, secretos y el niño que vive en dos casas

Módulo 13 · Conducta y regulación emocional · Artículo 10 · Wave 3 · 4-7, 8-12


Cachas a tu peque en una historia que no cuadra. Te contó una cosa sobre el fin de semana en la otra casa y la verdad resulta ser otra. O empezó a guardarse cosas, a ponerse vago sobre lo que pasa en la otra casa, a cargar secretos entre las dos casas. Y duele, porque la honestidad te importa, y porque la mentira se siente como una grieta en la confianza que tanto te empeñas en cuidar.

Mentir y guardar secretos en un niño que se mueve entre dos casas es de lo más común, y casi nunca es lo que parece. Rara vez es el comienzo de un carácter mentiroso. Mucho más seguido es una conducta para protegerse, un niño que va aprendiendo a manejar dos mundos separados y dos públicos distintos, y que descubre que a veces lo más seguro es controlar qué sabe cada lado. Visto así, la respuesta tiene menos que ver con cachar y castigar, y más con hacer que la honestidad se sienta lo bastante segura como para que tu peque ya no necesite las mentiras.

Mentir suele ser protegerse

Casi todas las mentiras de la infancia, sobre todo cuando hay dos casas, no se tratan de engañar por engañar. Se tratan de evitar algo que el niño teme: un regaño, una decepción, un pleito, meter a alguien en problemas, o quedar atrapado en medio de sus dos papás. La mentira es una herramienta para manejar una situación que se siente insegura de enfrentar con la verdad.

En el niño de dos casas esto toma una forma particular. Se está moviendo entre dos casas que pueden tener reglas distintas, ánimos distintos, sentimientos distintos la una sobre la otra. Aprende rapidito que la información viaja entre las casas y puede provocar reacciones. Así que empieza a administrarla. Le cuenta a cada quien la versión que mantiene la paz, la que evita la cara de decepción, la que no detona una reacción sobre la otra casa. Se pone vago sobre la otra casa porque ha aprendido que los detalles a veces traen problemas. Por debajo, mentir y guardar secretos es un niño tratando de mantenerse a salvo en una situación donde decir la verdad le ha costado caro.

Esto es todavía más cierto cuando el niño intuye que la verdad sobre una casa va a molestar a la otra. Quien ha aprendido que mencionar un buen rato en la otra casa hace que te quedes callado, o que contar algo de tu casa provoca una reacción del otro lado, aprende a administrar la información en lugar de contarla tal cual. El secreto no es un defecto de carácter. Es una adaptación a una situación que crearon los adultos, y el niño está haciendo lo que puede para sobrellevarla.

El niño que maneja dos públicos

Hay una carga mental y emocional muy real en ser un niño de dos casas, y a veces mentir es un síntoma de andarla cargando. El niño tiene que llevar la cuenta de dos juegos de expectativas, dos climas emocionales, dos juegos de sentimientos sobre la otra casa, y decidir, todo el tiempo, qué es seguro decir y dónde. Esto es agotador, y manejarlo con verdades a medias es una de las maneras en que los niños lo sobrellevan.

Entre más tensión hay entre las dos casas, más pesada es esta carga y más administra la información el niño. Quien tiene papás que hablan con cariño el uno del otro y que claramente no reaccionan mal ante las noticias de la otra casa, tiene poca necesidad de mentir al respecto, porque la verdad es segura. Quien tiene papás tensos, que le sacan información, que reaccionan ante las noticias de la otra casa, aprende que la verdad es peligrosa y la administra en consecuencia. La cantidad de mentiras suele ir de la mano con la cantidad de tensión que el niño anda navegando.

Esto le da la vuelta al problema. Si tu peque miente sobre la otra casa o la esconde, parte de la pregunta es qué está haciendo que la honestidad se sienta insegura. A veces la respuesta tiene que ver con mirar de frente si tu peque ha aprendido que la verdad provoca reacciones, y si las dos casas lo están poniendo en una posición donde administrar la información se vuelve necesario.

No interrogues, no uses al niño como fuente

Dos trampas empeoran la mentira de dos casas, y las dos son comunes.

La primera es el interrogatorio. Cuando intuyes que tu peque está escondiendo cosas sobre la otra casa, lo que te jala es preguntar más fuerte, escarbar, tratar de sacarle la verdad. Esto sale al revés. Interrogar a un niño sobre la otra casa aumenta la presión que está provocando el secreto en primer lugar, y lo mete justo en la encrucijada de lealtades de la que está tratando de escapar. Entre más le exiges información sobre la otra casa, más aprende que el tema está cargado y más lo administra.

La segunda trampa, muy ligada a la anterior, es usar al niño como fuente de información sobre la otra casa. Sacarle detalles sobre lo que pasa allá, quién está, qué se hace en la otra casa, lo convierte en informante y lo mete de lleno en medio. Aun cuando se siente inocente, aun cuando nomás tienes curiosidad o estás preocupado, un niño que intuye que lo están usando para juntar información de un lado para el otro queda en una posición imposible, y mentir o ponerse vago es una respuesta de lo más sensata.

La salida de las dos trampas es dejar de hacer de la otra casa un tema de investigación. Deja que tu peque cuente lo que quiera de la otra casa, recíbelo con calidez y sin reaccionar, y no escarbes por más. Quien aprende que puede mencionar la otra casa con libertad, sin que eso provoque una reacción ni un interrogatorio, tiene muchísima menos razón para mentir al respecto.

Hacer que la honestidad sea segura

El trabajo de fondo es hacer que la honestidad se sienta lo bastante segura como para que tu peque ya no necesite las mentiras. Esto funciona mucho mejor que cualquier cantidad de cachar y castigar, porque va a la raíz de por qué existe la mentira.

Hacer que la honestidad sea segura implica unas cuantas cosas. Reaccionar con calma ante la verdad, aunque no sea lo que querías escuchar, para que tu peque aprenda que ser honesto no detona una mala reacción. No castigar duro al niño por las cosas que lo hacen querer esconderse, para que la verdad no se sienta más peligrosa que la mentira. Recibir las noticias de la otra casa de manera neutral o con cariño, para que no haya un costo en ser honesto al respecto. Y separar la mentira de lo que hay debajo, para que cuando sí tengas que hablar de una mentira, hables de por qué la honestidad se sintió insegura, en lugar de solo castigar la falta de verdad.

Cuando sí necesites hablar de una mentira, el enfoque es la curiosidad por el porqué, no la condena de la mentira. Me di cuenta de que lo que me contaste no fue del todo lo que pasó. No estoy enojado. Me pregunto qué hizo que se sintiera más fácil contarlo así. Esto abre la puerta al miedo que hay debajo, que es lo que de verdad hay que atender. Un niño que se siente seguro diciendo la verdad, y al que no meten en medio de las dos casas, casi siempre deja de necesitar mentir.

El artículo del módulo de Hablar con los hijos sobre las mentiras entre casas profundiza en las conversaciones específicas. Lo que aquí importa, en términos de conducta, es que mentir entre dos casas suele ser una señal sobre seguridad y presión de lealtades, no sobre el carácter, y que se calma sobre todo cuando se hace segura la honestidad y se saca al niño de en medio.

La frase que te llevas

Mentir y guardar secretos en un niño de dos casas suele ser protección: un niño que maneja dos mundos y dos públicos separados, y que descubre que controlar la información puede sentirse más seguro que la verdad, sobre todo cuando las casas están tensas. Interrogar al niño y usarlo como fuente de información sobre la otra casa son dos cosas que ahondan el problema, porque aumentan la presión que provoca el secreto. La salida es hacer que la honestidad sea segura: reaccionar con calma ante la verdad, recibir las noticias de la otra casa sin reaccionar, sacar al niño de en medio, y abordar una mentira con curiosidad por qué la honestidad se sintió insegura, no con condena.

Las mentiras de tu peque suelen ser un mapa de dónde la verdad se ha sentido peligrosa. Haz que la verdad sea segura, sácalo de en medio, y la necesidad de mentir casi siempre se va cayendo sola.

Un niño que esconde la verdad casi siempre ha aprendido que la verdad cuesta algo. Haz que la honestidad sea segura y le quitas la razón para mentir.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.